Recalculan el producto nacional
Beneficios reales de una riqueza ficticia
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Un estudio que el gobierno realizó ¡unto con funcionarios de la CEPAL para actualizar el cálculo del Producto Bruto Interno indicaría que este alcanza 225.000 millones de dólares, es decir una cifra muy superior a los 70.000 millones que estimó el Banco Mundial en 1990. Si el nuevo PBI fuera cierto la Argentina se habría colocado súbitamente entre las 14 economías más poderosas del mundo, y entre los 30 países de mayor ingreso por habitante. Es evidente a simple vista que la nueva estimación contiene fuertes distorsiones.
En realidad, el anuncio de que el PBI se cuadruplicó en dos años estaría muy átono con la adulteración general de estadísticas que caracteriza a Cavallo. Un gobierno que habla del 82% para los jubilados cuando otorga el 25%, que anuncia una rebaja de la deuda externa de 35% que después resulta inferior al 7%, que presenta el monumental desequilibrio de las finanzas públicas como un “superávit fiscal operativo”, y que oculta la magnitud de la emisión monetaria, del déficit comercial y de la deuda pública; bien puede también manipular el volumen del PBI, que es la referencia central de todos los cálculos en la economía.
Es tan obvio que la cifra de 225.000 millones de dólares infla la magnitud real de la producción generada anualmente en el país, que el propio Cavallo ha utilizado estimaciones inferiores para negociar con el FMI (153.000 millones), o para elaborar el proyecto de ley de presupuesto para 1993 (125.000 millones). Las cuatro estimaciones revelan que nadie sabe cuál es realmente el PBI. Ningún gobierno ha querido calcularlo seriamente porque manteniendo eh la neblina este dato se pueden digitar con facilidad todos los porcentajes que toman al producto bruto, como base, desde el gasto social hasta el endeudamiento público o la presión tributaria. Este propósito manipulador explica, que a pesar de existir un impuesto especial para financiar las estadísticas, durante los últimos 22 años el cálculo del PBI se fue actualizando “a ojo”, sin* tomar en cuenta los cambios en la estructura productiva y en los precios relativos de cada sector.
Como la economía capitalista funciona en base al secreto comercial y al ocultamiento de los beneficios, es lógico que el PBI también sea un misterio, ya que se elabora a partir de los datos que brindan los propios capitalistas. Oe acuerdo a los intereses del sector de la burguesía que maneje el poder del Estado, el PBI se manipulará en uno u otro sentido, inflando o subestimando tal o cual rubro. Actualmente son los bancos acreedores los interesados en que la Argentina oficialice la cifra de 225.000 millones/ya que el volumen de intereses de la deuda girados anualmente al exterior se estima como una porcentual del PBI. Además, si el ingreso per cápita es superior, las condiciones de renegociación de la deuda se vuelven más duras. Los funcionarios de Cavallo que negociaron el “Plan Brady" ya Han utilizado el PBI inflado para declarar que de ahora en más se pagará a los usureros “sólo un 3% del PBÍ” ocultando que este porcentaje —con el nuevo PBI—cuadruplicaría el monto absoluto de los giros anteriores.
Se desmoronan varios mitos
La reestimación del PBI refuta un argumento clásico de la burguesía para justificar el congelamiento salarial. Si cuando éramos un “país pobre" con un PBI de sólo 70.000 millones de dólares había que “aumentarla torta” para recién luego incrementar los salarios, ¿por qué se mantienen sueldos de hambre cuando la nueva cifra del producto es por lo menos el doble de la estimada anteriormente?
Ahora, los capitalistas dirán que es “necesario incrementar la productividad” para que el aumento salarial sea “genuino”. Pero este aumento ya se registró a través de la superexplotación de los trabajadores, puesto que en el PBI recalculado la participación del sector industrial ha crecido del 22,5% al 25% del total con un nivel de inversión estancado.
Es innegable por otra parte que si el PBI, es superior a lo estimado en un país donde el nivel de pobreza se triplicó de 3 a 10 millones de personas, es porque se ha registrado una fuerte transferencia de ingresos de los trabajadores hacia los capitalistas. Frente a un producto de 225.000 millones de dólares la participación de los asalariados en el ingreso (suma total de sueldos) es muy inferior al 30% que calculaba la CEPAL en 1987.
En relación al nuevo PBI todas las afirmaciones del gobierno sobre el gasto social hay que desinflarlas a la mitad. Cuando declaran por ejemplo que gastan 4,17% en educación sólo invierten menos del 3%. Este cinismo es compartido también por los diputados apoyados por Mary Sánchez y el “Chacho” Álvarez— que votaron destinar a la educación el 6% de un PBI que se estira o se achica como un chicle.
También la presión impositiva actual que Cavallo presenta como un “gran logro", resulta un 49% inferior si se la mide en relación al PBI re-estimado. Sigue siendo irrisoria en comparación al espectacular nivel de evasión. Captar justamente cual es la magnitud de la “economía negra" ha sido uno de los principales objetivos del FMI. Los banqueros impulsaron decididamente el recalculo general del PBI porque aumentarían sus cobros de la deuda externa con el incremento de la recaudación. Por el contrario, los capitalistas evasores prefieren que el PBI aparezca subestimado, siguiendo con una larga tradición de trampear su riqueza, ocultando fortunas personales, cabezas de ganado o capitales fugados al exterior.
Valorización ficticia y descontrol capitalista
El PBI de 225.000 millones de dólares no corresponde a la realidad porque se lo midió con el peso sobrevaluado y el dólar “recontra bajo" que rige desde la convertibilidad. No registra, por lo tanto, la variación en la generación de riqueza, sino la distorsión cambiaria que predomina en la actualidad. Este criterio —atado a las fluctuaciones cambiarias— conduce a conclusiones absurdas, como estimar que el PBI ya era de millones en la época de Martínez de Hoz, se derrumbó a 88.000 durante el gobierno de Alfonsín y volvió a resurgir con Menem.
La ficción de un PBI de 225.000 millones de dólares corresponde plenamente, sin embargo, a la impresionante valorización de activos que produjo el plan Cavallo. Refleja al nivel del conjunto de la economía los efectos del tipo de cambio fijo y garantizado por el gobierno, que le permitió a los especuladores inmobiliarios aumentar en un 100% en dólares los precios de las propiedades, y a los especuladores bursátiles lucrar con la suba del 400% de las acciones. Esta inflación bursátil, inmobiliaria y de activos carece de contrapartida en la producción real, y se ha sostenido exclusivamente en el endeudamiento del Estado, a través de un “festival de bonos" impagable e insostenible.
El PBI revalorizado se va a derrumbar por lo tanto como un castillo de naipes, -cuando la devaluación sepulte al plan Cavallo, y se produzca la reacción desvaloriza dora ya iniciada en la Bolsa desde junio, pero también visible en los nuevos “títulos Brady” (que caen antes de ser emitidos). Existe también un principio de fuga de capital en todos los mercados. Cuando este proceso concluya estrepitosamente, la Argentina retrocederá nuevamente en el ranking mundial del PBI, con la misma velocidad con que trepó posiciones sin haber incrementado la producción de riqueza.
La enorme montaña de deudas que sostiene la convertibilidad (y la consiguiente revalorización del PBI) aparece también confirmada en la duplicación del peso del sector financiero (de 8,1 % al 15,5% del total) que registra la re-estimación del producto bruto. Este incremento puede ser interpretado como una confirmación del peso creciente de la “Patria financiera”, o el predominio de una “economía de especulación". Aunque él |PBI financiero" es un contrasentido, porque al igual que el sector comercial no genera ninguna riqueza y opera con valores creados y transferidos desde (a industria o el agro, su expansión indicaría que la masa de créditos se ha ampliado entre capitalistas que no aumentan sensiblemente ni la producción ni las ventas, v que por lo tanto son candidatos al quebranto en la próxima devaluación.
Los bruscos cambios de estimación hacia arriba y hacia abajo del PBI retratan una crisis capitalista, ya que reflejan directamente los procesos de valorización y desvalorización especulativa que prevalecen en una economía estancada desde hace más de una década. Se trata de un fenómeno mundial y no sólo argentino, puesto que las oscilaciones cambiarías golpean brutalmente a todos los países capitalistas sin excepción. Los gobiernos no sólo manipulan las estadísticas, sino que además tampoco pueden manejarlas dado que la anarquía en la producción y especialmente en la circulación torna prácticamente imposible el cálculo. Los bancos centrales por ejemplo no ejercen ningún control, ni tienen el menor registro efectivo de los 800.000 millones de dólares que se negocian por día en los mercados cambiarios.
El gobierno de los trabajadores y la planificación democrática se ha vuelto una necesidad no sólo para poner fin a este caos, sino incluso para permitir que los hombres puedan conocer y contabilizar sus actividades económicas.

