16/10/2021

Berni puso plazo fijo a su salida del gobierno

Kicillof pierde a su “Patricio Bullrich” de la Bonaerense  

Sergio Berni insinuó su pronta salida del gobierno. A esta altura, y después de la derrota electoral del 12 de setiembre, la única duda que persiste, es si el ministro de “Seguridad” será eyectado del gabinete, o si da el portazo y rompe públicamente como viene amenazando (y preparando) desde que fuera desplazado de las principales candidaturas en la provincia de Buenos Aires. En distintos reportajes, Berni se esmeró por dejar en claro que sus “grandes diferencias políticas” con Alberto Fernández vienen desde el 2020. Otro tanto sucede con el jefe de la Cámpora, Máximo Kirchner, a quien Berni le achaca haber suprimido las internas en el Frente de Todos en acuerdo con los intendentes.

Si bien el ministro de Kicillof aseguró que esperaría hasta después de las elecciones legislativas para tomar una decisión sobre una ruptura, el raid mediático ya lo ha colocado por fuera del Frente de Todos. Berni no le perdona a Máximo Kirchner haber dado la orden para que bajaran su lista en la segunda sección electoral en nombre de la “unidad” del peronismo y del acuerdo de la Cámpora con la burocracia sindical metalúrgica de Naldo Brunelli. La ofensiva contra Berni suma a Alberto Fernández, Manzur, y al pejotismo bonaerense que “intervino” al gobierno de Kicillof con el desembarco de Insaurralde y los intendentes. Los jefes comunales tienen mayor preocupación en salvar la ropa en sus territorios que en apuntalar una campaña provincial del Frente de Todos, que consideran perdida de antemano.

Kicillof al horno

La arremetida de los “barones” y el PJ es un golpe a Kicillof cuya última reserva es el caído en desgracia, Sergio Berni. Desplazado de la campaña, y cargando con el resultado electoral adverso, el “Patricio Bullrich” de los “nacionales y populares” es uno de los grandes derrotados en las Paso y ve peligrar sus aspiraciones para el 2023. Berni, fue de gran utilidad para el kirchnerismo mientras el foco estuvo puesto en la “falta de peronismo” de Alberto Fernández responsabilizándolo por la catástrofe electoral, y dejó de serlo cuando el ministro derechista se convirtió en una piedra en el zapato para el acuerdo de Cristina, Máximo y la Cámpora con los intendentes y el PJ que ven en el cuartelero un competidor y aventurero.

El ultimátum para que Berni se vaya sí o sí antes o después de las elecciones generales es un tiro por elevación contra el gobernador quien ratificó sin éxito al ministro derechista horas después del fracaso electoral. Kicillof intentó reinstalar a Berni con las giras de entrega de patrulleros e insumos policiales en los municipios para apropiarse de la agenda de “seguridad” en competencia con la derecha. La muerte de Lucas Cancino en Quilmes, el joven de 17 años asesinado cuando iba a la escuela, y la sucesión de crímenes de alto impacto mediático liquidaron estas pretensiones electoreras. Berni está en el ojo de la tormenta porque se la pasa recorriendo los canales de televisión y es acusado por “Juntos” de ineficiencia y displicencia ante la “ola de inseguridad”.

Del jefe de Gabinete Martín Insaurralde para abajo, todos los intendentes tienen cuentas y facturas pendientes con Berni, incluida la tenida por las policías municipales. Los jefes comunales vienen pidiendo la cabeza de Sergio Berni para “blindar” sus municipios e imponer la posibilidad de reelección que les niega la ley electoral en vigencia. La incorporación de Insaurralde al gabinete terminó de sellar la suerte del ministro “estrella” de Kicillof.

Berni en tránsito

Berni oficializó el lanzamiento de su corriente, “Orden y Trabajo” y abrió locales en la provincia de Buenos Aires para competir por la gobernación provincial o la propia presidencia en el 2023. De “campeón a canillita”, Sergio Berni llega a la antesala del despido después de haberse peleado públicamente con Máximo Kirchner, a quien habría agredido físicamente. Un camino de no retorno con la vicepresidenta que precipitó la filtración -¿desde adentro?- de las denuncias sobre espionaje y patrulla de trolls en las redes sociales organizado por Berni y su protector Axel Kicillof. Provisoriamente, Sergi Berni habría postergado su ruptura especulando con el resultado de las generales de setiembre, mientras funge como un outsider del Frente de Todos.

Berni es tan piantavotos como el verso de la “vida que queremos”. Viendo los resultados de las primarias y la sucesión de crisis posteriores, el Frente de Todos es un arco sin red por donde entra la derecha y prenden los Berni, émulos de Bolsonaro en la provincia de Buenos Aires. Los elogios de Patricia Bullrich al ministro de Seguridad dice mucho del rejunte bolsonarista que pretende armar Sergio Berni. Sugestivamente, y mientras suenan los nombres de Alejandro Granados o Mariano Cascallares como posibles reemplazantes, “sectores anónimos” de la Bonaerense anunciaron un paro policial por aumento de salarios que recuerda la asonada pasada. Otra vez, Kicillof apuró el aumento bajo presión de la huelga policial que lleva el salario de los uniformados al valor de la canasta básica; el reclamo que el gobierno niega a los médicos, profesionales de la salud, estatales y docentes.

Kicillof va de mal en peor y anda como bola sin manija en las vísperas de un segundo derrumbe electoral. Tanto Cascallares como Alejandro Granados son pesos pesados del del PJ. Granados, intendente de Ezeiza, fue ministro de Seguridad de Scioli en épocas del comisario Hugo Matzkin como responsable de la Bonaerense. Una eventual asunción de Granados reavivaría la interna policial y la lucha de buitres por la caja recaudadora.

Crisis política

Sin Berni, Kicillof pierde un aliado y queda pagando con la Bonaerense metida hasta el cuello en todos los ilícitos del delito organizado, la trata y el narcotráfico. La tesis de las direcciones kirchneristas, incluida la burocracia sindical, sobre el “hombre fuerte” capaz de domar a la maldita policía volvió como un boomerang, y pone de relieve hasta qué punto el “gobernador amigo” es rehén del “soldado Berni”, como gusta autodefinirse el cuartelero. Como sea, aún cuando Berni es garantía de encubrimiento del gatillo fácil como ocurriera con el crimen de Facundo Astudillo Castro, Lito Costilla o el secuestro de Tehuel, las cúpulas policiales reorganizan sus vínculos y negociados a la sombra del Estado.

La amenaza de paro por el retraso de los salarios de la “familia policial” son parte del juego de presiones que no pinta que cese con el aumento del 11% a la Bonaerense. El “sheriff” Berni termina contra las cuerdas golpeado por los hechos de inseguridad que ocuparon las primeras páginas de los diarios. Kicillof y Berni salieron conjuntamente a quejarse por la “puerta giratoria” de la Justicia, subiéndose al caballo del endurecimiento de penas. Una campaña funcional al gatillo fácil y a la represión de la juventud en los barrios, en una provincia de Buenos Aires que tiene un 50% de pobreza en los centros urbanos más importantes, el 15% de indigencia y un déficit habitacional de un millón y medio de viviendas.

La ola expansiva de esta crisis va a teñir la campaña electoral y confirma la justeza del planteo que defiende el Partido Obrero en el Frente de Izquierda: Berni debe irse y ser echado por la movilización popular, juvenil y democrática. Un cambio de figurita no mueve el amperímetro ni la tendencia derechista que domina en todo el peronismo. Si se confirma la asunción de Granados como ministro del “nacional y popular” Kicillof “otro Manzur es posible”.

Fuera Berni

El Frente de Izquierda Unidad ratifica su lucha por “Fuera Berni”. Tienen que irse todas las cúpulas policiales responsables de la represión y los efectivos comprometidos con el gatillo fácil. La maldita Bonaerense no tiene reforma posible porque es un aparato corrupto y podrido hasta los tuétanos. La seguridad ciudadana es incompatible con los represores del pueblo y solo puede ser garantizada por un gobierno de los trabajadores que ponga fin al monopolio político, económico y represivo de los capitalistas.

El próximo “destino” del derechista Berni será otro gran sapo que indigestará a los “nacionales y populares”, y por lo tanto una razón de mayor peso para votar al FIT Unidad contra todos los ajustadores, precarizadores seriales y pagadores de deuda.