Políticas

5/7/2007|999

Cambian de caballo en medio del río

Hasta hace unos meses, el gobierno presentaba a la candidatura de Cristina Kirchner como un acto de suficiencia política. El relevo presidencial preparaba, decían los oficialistas, el retorno de Néstor Kirchner para las elecciones de 2011.


Pero después de Skanska, de las rebeliones populares en el sur, de las derrotas electorales en Capital y Tierra del Fuego, y en medio de la crisis energética; la candidatura de Cristina es la expresión de un viraje político, impuesto por una crisis de conjunto. En definitiva, la camarilla kirchnerista ha tenido que cambiar de caballo en mitad del río. Lo cual, según el dicho popular, es algo muy peligroso.


Por qué Cristina


El colapso energético demuestra que la política de los subsidios y congelamientos tarifarios parciales se ha derrumbado. La semiparalización industrial e incluso agropecuaria, y la caída internacional de los títulos públicos, revelan que lo que se ha agotado no es sólo el gas, sino otra tentativa de “reconstrucción de la burguesía nacional”.


Las derrotas electorales del gobierno son la expresión política de esta quiebra. La candidatura de Cristina, en ese cuadro, es sólo el puntapié inicial de un giro, cuya primera “evaluación” se produjo entre los operadores de la bolsa neoyorquina: “Cristina está de moda en Wall Street”, le afirmó a Clarín (28/6) un operador del grupo de inversión Goldman Sachs, que aseguro que la dama llevará “más pragmatismo y flexibilidad al gobierno”. La candidatura de Cristina es la promesa de que el régimen asumirá los reclamos del gran capital en materia de liberación de tarifas y de precios, la satisfacción integral de los acreedores de la deuda y —de conjunto—, un alineamiento incondicional con el imperialismo. No hay que olvidar que la campaña de “Cristina” tuvo su inicio en Nueva York, en una reunión con los popes mundiales del sionismo. Allí, la candidata se comprometió a desviar la causa Amia contra Irán y la insurgencia palestina al servicio de la política de Bush. El “cambio de caballo” pretende cambiar toda la coalición de gobierno. “Más allá de un par de funcionarios, lo demás habrá que revisarlo todo”, dijo la candidata, “parca pero categórica” (Clarín, 1/7).


Crisis política


A partir de este giro, y en función de su propia supervivencia, la camarilla “K” está obligada a revisar su “política de alianzas”. Mientras que Kirchner insistía en polarizar contra la oposición de centro derecha, Cristina podría inclinarse por una alianza con ésta, en función del viraje planteado en su orientación social general. La “reorganización” del partido justicialista, fogoneada por los viejos “referentes” del menemo-duhaldismo, apunta en el mismo sentido, o sea, a obligar a los Kirchner a re-juntarse con los Romero y De la Sota. El eje de esta operación es el mismísmo Scioli, quien, como condición para permanecer como candidato, le ha exigido al gobierno el apoyo a los intendentes duhaldistas del conurbano, y la consiguiente desautorización de las listas “colectoras” que presenta la “izquierda” del oficialismo. Está planteado, por lo tanto, el estallido del amontonamiento de camarillas armado por el kirchnerismo.


La “flexibilidad” de Cristina, saludada por los operadores de Wall Street, no es más que su disposición a trasladarle a las masas el fracaso de la política oficial. La nueva etapa del oficialismo augura mayores choques con las masas y, por lo tanto, mayores luchas.


La crisis actual coloca, con más fuerza que nunca, la necesidad de una oposición obrera y socialista al gobierno agotado. El reingreso a la lucha de los obreros petroleros de Santa Cruz, la huelga masiva de los telefónicos, el estado de asamblea que está ganando a todas las reparticiones porteñas contra el “ajuste” antiobrero pactado por los Telerman, Macri y Kirchner, y, en Buenos Aires, contra las exigencias de Scioli para congelar salarios y aumentar impuestos, dan cuenta de que la tendencia abierta con las rebeliones docentes y populares no se ha cerrado.


Como alternativa política al derrumbe del kirchnerismo y a los ataques que se vienen, le planteamos a las organizaciones obreras y de izquierda formar un frente o coalición de contenido obrero y socialista.