16/11/2000 | 688

Caracterización de la crisis

Que la Alianza marcha derechito a una declaración internacional de quiebra sobre la deuda externa, lo acaba de admitir el mismísimo presidente del Banco Cen­tral, Pedro Pon, en un artículo en el Financial Times donde pronostica “un aterrizaje forzoso para los países emergentes”, Pon desnuda, al mismo tiempo, la inutilidad de toda la ‘tera­pia’ fiscal con la que la Alianza quiere resolver la cesación de pagos de la Ar­gentina, al señalar que una sobretasa de 800 puntos en los intereses de la deuda, como se venía pagando antes de los últimos acontecimientos, equi­valía al 1,5% del FBI, o sea unos 4.500 millones de dólares, lo cual duplica el déficit previsto en el presupuesto del 2001. Pero desde hace tres semanas esa sobretasa subió a un rango de 800 a 1.000 puntos, con un aumento poten­cial de la carga financiera por intere­ses de alrededor de nueve mil millones de dólares. Esto no lo arregla una ele­vación de la edad de jubilación para la mujer, ni mucho menos el cierre de la jubilación estatal para los que ingre­sen de aquí en más al mercado laboral, lo que incluso redundará en menos in­gresos para las arcas públicas. Esa sobretasa es en sí misma una declara­ción de bancarrota y convierte a los que han defendido a ultranza el pago de la deuda en los responsables de su repudio.


Pero que la Argentina venga desde hace mucho tiempo reciclando una deuda externa que no puede pagar, no es la causa más importante del estalli­do financiero de estos días, ni tampoco lo es el hecho de que el incremento de la deuda externa se haya acelerado en los últimos tres años, y que esto haya ocurrido cuando la producción y las in­versiones han estado cayendo. Aunque todo esto sería harto suficiente para declarar la bancarrota de un país, la causa precipitante de la crisis es la ge­neralizada situación de bancarrota de importantes pulpos de nivel interna­cional, que hoy están pagando por sus propias deudas una sobretasa de inte­rés del mismo rango que los llamados ‘países emergentes’. De acuerdo al últi­mo informe del FMI, la sobretasa de los “bonos de riesgo” de las grandes empresas internacionales, como por ejemplo el pulpo Telekom de Alema­nia, pasó de 435 puntos a fines del ‘99 a 793 puntos en octubre último (Gazeta Mercantil, 13/11).


“Es la economía norteamericana, estúpido”


Al igual que la Argentina, el creci­miento de la deuda internacional de riesgo tampoco obedeció a un aumen­to de las inversiones productivas. Se­gún el FMI, una parte importante del mayor endeudamiento capitalista fue usado para adquirir empresas rivales o recomprar todos los casos, de elevar los beneficios de los poseedores de ac­ciones. Ahora, con la desaceleración económica en Estados Unidos, el au­mento del precio del petróleo, el retro­ceso del euro y las caídas en Asia (quiebra de Daewoo y Hyundai), los prestamistas son renuentes a refinanciar a los grupos altamente en­deudados. “El informe del FMI -co­menta la Gazeta- confirma un esce­nario en que el factor fundamental no es la Argentina sino la economía nor­teamericana”.


Uno de los sectores más comprome­tidos con la crisis financiera es el de los bancos norteamericanos, que tomó una enorme deuda para especular con la suba de Wall Street y se encuentra ahora con una caída en picada de las acciones que cotizan en Bolsa (el lunes pasado, la Bolsa de valores tecnológi­cos de Estados Unidos cayó por debajo de los 3.000 puntos, un 40% de desvalorización sobre los 5.000 de principios de año). En los últimos días, ha tras­cendido la posibilidad de la quiebra de la financiera norteamericana Finova, que tiene una cartera de activos de 13 mil millones dólares y que amenaza con dejar impagos unos 7 mil millones de deuda, en lo que sería “el mayor in­cumplimiento de pagos desde la De­presión de los años ‘30” (The New York Times, 2/11). La deuda de Finova se es­tá cotizando al 55% de su valor, por de­bajo incluso de la deuda argentina. Es­ta situación ha creado una amenaza de crac financiero para el conjunto de la Unión Europea, que ha sido la prin­cipal fuente de financiamiento de la deuda norteamericana en los últimos dos años y la razón de la devaluación de su moneda, el euro.


A la luz de esto se explica que el Fi­nancial Times opine que “un incumpli­miento de pagos (de la Argentina) se­ría desastroso para la región” (10/11). En Brasil se siente ya el cierre del mercado internacional de crédito, aun­que un director de banco opina que la principal amenaza no viene de la Ar­gentina sino de “las empresas nortea­mericanas de segunda línea que están pagando sobretasas de 600 puntos” (Gazeta Mercantil, 6/11). La moneda brasileña, el real, ha vuelto a cotizar a dos dólares, una devaluación del 10%. “Pero si los problemas se intensifican -dice el Financial Times (10/11)- los países del este de Europa y de Asia po­drían también verse afectados por una reducción de la demanda de los inver­sores”. De acuerdo al diario británico, ha comenzado una especulación contra el peso, el cual, en contratos a un año, pasó de 1,02 por dólar hace dos sema­nas a 1,10 por dólar la semana pasada. Del otro lado del hemisferio, en Sudáfrica, ha comenzado también una ace­lerada devaluación de la moneda por las mismas razones que se alegan pa­ra la Argentina -falta de crecimiento económico (The New York Times, 13/11).


Primero la quiebra, después el rescate


“La deuda argentina representa entre un cuarto y un quinto de toda la deuda comercializable de los países emergentes (…). Si Argentina no cum­pliera con sus obligaciones, el efecto resultante puede eclipsar incluso el pánico financiero producido por la ce­sación de pagos de Rusia hace dos años”. Esto es lo que opinan dos espe­cialistas que escriben en el Financial Times (10/11), agregando que una ban­carrota argentina “pondría fin a los mercados emergentes tal como los conocemos ahora”. Un economista del ABN Amro apunta que “la vulnerabili­dad de la Argentina en mercado de renta fija es enorme relativamente a lo que era en Rusia”.


El carácter internacional de la ban­carrota argentina está diciendo clara­mente que no puede ser superada por un rescate financiero preventivo, por­que incluso en el mejor de los casos de­jaría en pie todos los factores funda­mentales de la crisis, en especial la tendencia a la cesación de pagos de nu­merosos pulpos capitalistas y de otras naciones altamente endeudadas. Esto explica que el nuevo paquete de ‘ayu­da’ que se anuncia desde el FMI no termine de definirse. “Una fuente del FMI” le dijo a la corresponsal de Cla­rín en Washington que “la misión del FMI no iría a la Argentina antes… del 23 de diciembre… la cifra final tampo­co se definiría… Esto no está suficien­temente maduro”. El ministro de Eco­nomía de España, por su lado, opinó que el rescate tendría que ser “contin­gente”, o sea que se usaría en caso de un estallido, como lo sería una fuga de capitales, y de ningún modo para pre­venirlo (Clarín, 12/11). Para Juan Alemann, por otro lado, “falta aclarar en qué condiciones el Estado argentino tendrá acceso a dichos fondos… y cuál es la tasa límite para la colocación de títulos” antes de poder recurrir al FMI (La Razón, 13/11). Pero el solo hecho de que se espere que el FMI salga a po­ner un techo a las tasas de interés que reclaman los especuladores, es decir que compita con sus mandantes, reve­la la completa inconsistencia del llamado ‘rescate preventivo’. Los que abo­gan por la acción preventiva preten­den suspender la vigencia de la ley del valor, o sea lograr que la Argentina ca­pitalista se cotice indefinidamente más allá de lo que vale relativamente a todos los otros capitalistas y a las otras naciones capitalistas. La Argen­tina, por otra parte, ya tiene ‘blinda­jes’ de todo tipo, como reservas de li­quidez y un crédito abierto del propio FMI, que no han servido para evitar la quiebra. Por último, parece haberse olvidado muy rápidamente que el ‘pa­quete preventivo’ con el que el FMI in­tentó ‘rescatar’ a Brasil a fines de 1998 concluyó en la devaluación brasileña de principios del ‘99, y que el crédito a Rusia, a fines de julio del ‘98, terminó en la debacle de agosto de ese año. Por eso, el ‘rescate preventivo’ para la Ar­gentina, de parte del FMI, es según el Financial Times “un asunto espinoso” (10/11).


“Golpe de Estado”


La Nación (12/11) le sacó a Felipe Solá, el vicegobernador de Buenos Ai­res, una declaración imperdible. “Hay una voracidad de los acreedores exter­nos y de la banca -dijo- que no se sa­tisface con los enunciados… Si los de­jaran, también pondrían al presiden­te”. Según otro entrevistado, el presi­dente de la Transportadora de Gas del Norte, “hace veinte años, con un cuar­tel cerca, esto habría sido un golpe de Estado”. No son meras palabras, pues según Joaquín Morales Solá, el perio­dista que detonó el ‘Senado-gate’, Ruckauf le habría dicho que el presidente del Citibank, William Rhodes, vino a la Argentina para “pedir una oportuni­dad para De la Rúa” (La Nación, 12/11). Fue lo que Ruckauf también le dijo a Página/12: “De la Rúa está al borde del precipicio” (12/11).


Las tendencias al golpe y a la cesa­ción de pagos están vinculadas como hermanos siameses. Es que la crisis ha abierto una lucha a muerte entre los principales grupos capitalistas. Mientras que el llamado “grupo pro­ductivo” encabezado por Techint creía haber impuesto su posición de que la plata de las AFJP y de préstamos in­ternacionales fueran a financiar su llamado “plan de infraestructura”, “algunos bancos extranjeros quieren que los préstamos…  sean sólo para respaldar el pago de la deuda” {Ambito Fi­nanciero, 10/11). De aquí resulta que el ‘rescate preventivo’, que incluye di­nero de las AFJP, no es más que una maniobra para matar en la raíz el planteo fundamental que había hecho ‘la patria contratista’ de la Unión In­dustrial. En efecto, el nuevo planteo del gobierno de autorizar a las AFJP a comprar más títulos del Estado para respaldar el pago de la deuda externa, liquida desde el nacimiento el planteo de reactivación de los grupos indus­triales. Los buitres ya se han visto gas­tando dos veces la plata de los aportes jubilatorios privatizados aun antes de haber sido autorizados a ello. Ámbito Financiero da cuenta de una reunión de los buitres de ambos campos en el Hilton, en donde no habían logrado po­nerse de acuerdo. Varios empresarios calificaron de fracaso la reunión patro­nal de Mar del Plata. Es decir que cuando los diarios dicen que la crisis es “política” antes que económica, es­tán aludiendo a una división dentro del gobierno y del justicialismo que re­fleja la división del conjunto de la pa­tronal local, tanto nacional como ex­tranjera.


A la luz de esto se entiende que el paquete lanzado por De la Rúa-Colombo-Machinea no tenga nada que ver con bajar el déficit fiscal -incluso pre­vé violar la ley de solvencia fiscal y lle­var la previsión del déficit de 4.500 a 6.300 millones de pesos-. A lo que apunta es a entregar el gerenciamiento del Pami a los bancos; a privatizar la recaudación, también en beneficio de los bancos; a reemplazar a la ANSeS por las AFJP en el control de inscripción de aportistas -es decir que son medidas que entregan nuevos re­sortes de control político-económico a los agentes de los acreedores interna­cionales-. Esto, lejos de atenuar la cri­sis, habrá de agravarla.


“Las condiciones políticas”


Pero el problema más serio que tie­nen por delante los explotadores capi­talistas va más allá de una crisis fi­nanciera terminal y de la fractura mortal que los divide entre sí. En cual­quiera de los casos, están forzados a golpear nuevamente a los trabajadores en momentos en que emerge como nunca la “Argentina piquetera” -califi­cativo que no sólo hace referencia a los cortes de ruta sino a que el piquete se ha transformado en el protagonista fundamental de toda lucha popular-. “Nuestro problema -le habría dicho hace poco Santibañes a su compinche De la Rúa- es que las políticas econó­micas necesarias son contrarias a las condiciones políticas actuales”. Co­mentando esta opinión, La Nación (12/11) agrega que “Santibañes propi­cia un cambio de las condiciones políti­cas”.


El cambio que propicia el ex servi­cio apunta en definitiva a liquidar la resistencia popular, pero para ello ne­cesita producir un cambio de gobierno e incluso un cambio de régimen políti­co. Ya para imponer los nuevos ataques previsionales, la Alianza ha dicho que se salteará el Congreso y lo hará por decreto. La salida de los Santibañes es despedir a 600.000 empleados públicos (el 5% de la población económicamente activa, acaba de proponer en Mar del Plata el archirreaccionario Manuel Solanet) y fijar el mínimo salarial en el nivel de los planes Trabajar, o sea de 120 a 160 pesos -esto para estimular la ‘competitividad’ argentina.


No está a la vista, sin embargo, ninguna combinación política que ha­ga viable un nuevo gabinete. El gobier­no de camarilla fracasó con la renun­cia de Santibañes; el gobierno de la Alianza está reducido a su mínima ex­presión; ninguna fracción peronista está en condiciones de pactar un co-go- biemo; los militares ni figuran. El cambio de las condiciones políticas, por lo tanto, requiere aún de un mayor agudizamiento de la crisis, en especial de que se produzca la bancarrota que permita que emerja la ‘salida salvado­ra’. Lo que sí está claro es que la Alian­za es ya una cosa del pasado y que el propio peronismo acabará de ser con­sumido por la crisis. La alternativa que plantea esta crisis es un régimen de emergencia que gobierne por decre­to o la convocatoria de una Asamblea Constituyente libre y soberana.


De los cortes de ruta a la huelga indefinida


Esta caracterización de la situación hace saltar de inmediato las limitacio­nes que deben superar las masas tra­bajadoras. Moyano y De Gennaro, por ejemplo, han decidido lanzar una huel­ga de 36 horas que coincide con el re­troceso que sus aliados del ‘grupo pro­ductivo’ que dirige Techint han sufrido en las últimas horas. Pero más impor­tante que esto es que el llamado a pa­rar está apoyado en el planteo vago de “cambiar el modelo” y no en una estra­tegia política independiente de la clase obrera y las masas. Los trabajadores son convidados a hacer de furgón de cola de un supuesto nuevo ‘modelo’, cu­yo contenido lo acabará fijando un sec­tor de la gran patronal, y no a estable­cer un programa propio y una organi­zación alternativa capaz de asegurar la unidad en la lucha y de ser, como consecuencia de esa lucha organizada sobre nuevas bases, una alternativa de poder. Las luchas de las últimas se­manas han puesto de manifiesto la ne­cesidad de una política de conjunto; el levantamiento del corte de la Ruta 3, desconociendo el impulso que había dado a otros numerosos cortes de ruta, dejó aislados a todos los demás y con­tribuyó para que el gobierno zafara de la emergencia. No se trata de proponer una escalada de cortes de ruta, unos aislados de los otros, con la sola reivin­dicación de planes ‘Trabajar’ (“por diez, mil Matanzas”, propone el Pcr- Ptp), sino de una política de conjunto: por un congreso nacional de desocupa­dos y por un congreso obrero de bases, para impulsar la huelga general inde­finida, un plan económico de conjunto de la clase obrera y el pasaje del go­bierno a una Asamblea Constituyente libre y soberana.


El método que pone al desnudo la conexión de la bancarrota argentina con la tendencia a la bancarrota gene­ralizada del capitalismo ‘global’ -en primer lugar del más desarrollado y parasitario, el norteamericano-, y de la actual etapa con aquellas que la precedieron, pone también de mani­fiesto el carácter histórico de la pre­sente crisis, o sea que ella no responde a las limitaciones de una u otra moda­lidad del capital, que no se restringe a las particularidades de este o aquel país o de este o aquel régimen político, sino que es el resultado de la madura­ción del conjunto de las relaciones so­ciales, una maduración que toma ya la forma concreta de bancarrotas genera­lizadas, crisis políticas, luchas de ma­sas e incluso guerras de alcance inter­nacional.

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