06/01/2011 | 1162

«Carta Abierta», la versión literaria de la ‘calentura’ de Boudou

Los intelectuales kirchneristas agrupados en «Carta Abierta» han cerrado el año con un nuevo texto. Esta vez dedicado a explicar «el despliegue de brutalidad que se llevó la vida de Mariano Ferreyra», junto a los asesinados en Formosa y en Soldati. Los escritores atribuyen estos hechos a las «fuerzas de la destitución y la regresión conservadora». Pero los intelectuales no dicen que estos «destituyentes» están en el gobierno, en la gestión de los ferrocarriles, en la Secretaría de Transporte y en las oficinas de los sindicatos oficialistas. Tampoco dicen que esos crímenes hayan alterado en lo más mínimo esos pactos que parecen inoxidables. Los responsables son, antes que nada, fuerzas ‘constituyentes’, o sea que lo ‘destituyente’ viene desde adentro. En el caso de José Pedraza, sus hombres continúan al frente de la Subsecretaría de Transporte Ferroviario; desde el 20 de octubre hasta hoy, la Presidenta nunca condenó a la patota sindical por el crimen de Mariano, algo que estos intelectuales ocultan. «Un sindicalismo que construye» (constituyente) fue la expresión que utilizó CFK para caracterizar a Pedraza, cuando inauguró un sanatorio a fines de 2009. Otro ‘constituyente’, Gildo Insfrán, el gobernador formoseño, fue agasajado por la Presidenta al día siguiente del asesinato de los qom. El tercer conspirador, el comisario Vallecas, jefe de la Federal, fue colocado en ese puesto por Néstor Kirchner. Como se ve, la «regresión conservadora» está afincada en el propio gobierno. A esa convivencia se suma, naturalmente, «Carta Abierta», con su propia operación de encubrimiento.

Movilización popular

La nueva «carta abierta» saluda la «marea de pasión política y toma de conciencia que anima a multitudes», en un giro retórico que pretende meter en una misma bolsa a las demostraciones oficialistas junto a las movilizaciones que reclaman contra la tercerización laboral, por la tierra o la vivienda. Pero lo que caracteriza a las marchas oficiales es, precisamente, que esas reivindicaciones están ausentes por completo. En cambio, las luchas que «se han cobrado vidas» son interpelaciones, demandas o enfrentamientos al poder político. «Carta Abierta» pretende el despropósito de desnaturalizar las unas en las otras. El oficialismo manifiesta su apoyo al poder, y el poder su apoyo al orden constituido. Las nebulosas literarias no le permiten a «Carta Abierta» tomar nota de que el capital mundial compra deuda pública de Argentina, no la vende, o sea que financia los menesteres del gobierno CFK. Ni los kirchneristas porteños pueden aducir como excepción a su distrito, después de que los ministros kirchneristas firmaran un pacto con el «xenófobo» Macri contra las ocupaciones de tierras, a cambio de que no adelante las elecciones en la Ciudad.

El texto findeañero dedica un largo párrafo a los pueblos originarios y censura a la policía que «cumple órdenes de los Estados provinciales y las jefaturas incapaces». El solo hecho de que eviten nombrar a Insfrán, retrata la inmoralidad política de los firmantes.

«Lo que falta»

«Carta Abierta» atribuye las cinco muertes del fin de este año a «lo que falta». Se lamenta, enseguida, por la persistencia «del latifundio» o de las «formas de burocracia sindical incompatibles con cualquier proyecto democrático y popular». Pero el gobierno K no ha pecado aquí por omisión; no solamente ha encumbrado a la burocracia sindical como socia empresarial del Estado, sino que ha ido por la destrucción de la CTA. Los firmantes hacen gala, cada vez que pueden, de un realismo ‘saludable’ frente a las utopías, pero se empeñan en vender buzones cuando se trata de la defensa de esta mediocre experiencia de gobierno. «Carta Abierta» celebra la asunción de Garré, pero ¿por qué? ¿por las tropas en Haití? ¿por su alianza con la inteligencia militar? ¿por los ejercicios conjuntos con el Comando Sur del Pentágono? Unos días después de esta «Carta», Garré debutaba con una difamación contra el Partido Obrero en una tentativa de criminalización de la protesta social.

Al final, «Carta Abierta» celebra «un país a la medida de los sueños de quienes lo habitan». Los constructores de metáforas desbarrancan en lo que más desprecian: la simplificación. Los argentinos tienen sueños muy diferentes, según sean explotadores o explotados, burócratas o luchadores, aduladores del orden existente o críticos implacables de la opresión y de la hipocresía.

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