03/05/2007 | 990

Caso Skanska: Ya es una crisis política de fondo

¿Se rompió el idilio entre el kirchnerismo y Techint, el grupo económico sobre el que giró la “política de reconstrucción de la burguesía nacional”? ¿La confrontación entre dos camarillas kirchneristas —De Vido por un lado y Cristina-Alberto Fernández por el otro— ha escapado de control, al punto de comprometer el vínculo del gobierno con el holding industrial más poderoso del país?


El duelo cotidiano sobre el caso Skanska parece enfrentar al gobierno con el que hasta ayer nomás era el grupo económico más próximo a Néstor Kirchner, ejemplo de esa “burguesía nacional” y principal beneficiario de los subsidios estatales, al punto que, en 2004, la ley que dispuso exenciones impositivas para la realización de obras de infraestructura fue llamada “ley Techint”, por calzar como un guante a los negocios de Paolo Rocca.


El caso Skanska llevó al ridículo una vez más a Alberto Fernández, que en su largo monólogo en el Congreso tuvo que reconocer que autorizaron el pago de sobreprecios en los gasoductos y apelar a un anónimo para demostrar que Telerman es por lo menos tan corrupto como ellos. En la volteada cayó hasta el ingrato de Tinelli, a quien Fernández le había adelantado cinco años de publicidad oficial para que obtuviera la licitación de Radio del Plata.


El 28/4, la nota principal de La Nación “Un organismo del gobierno ordenó contratar a Skanska”, comenzaba así: “A diferencia de lo que sostiene el Gobierno, su papel en el caso Skanska no sólo fue activo, sino que resultó decisivo para que fuera elegida para intervenir, junto con otras firmas, en la ampliación del Gasoducto del Norte”. La denuncia se acompaña con documentos que prueban que “Transportadora Gas del Norte (TGN), una sociedad anónima cuyo socio local más importante es el grupo Techint, tuvo que acatar la orden del Gobierno, pese a que hacía meses que se quejaba ante el Enargas y el secretario de Energía, Daniel Cameron (también del Ministerio de Planificación), por lo que consideraba como abultados sobreprecios en los presupuestos presentados por Skanska y las demás firmas” (La Nación, 28/4).


Un día después, una solicitada publicada en los diarios de circulación nacional, firmada por el Enargas (o sea De Vido), devolvió la estocada: acusa a Techint de haber dilatado la construcción de los gasoductos, de dibujar un presupuesto incumplible, y de que a pesar de todas sus quejas sobre sobreprecios continúa trabajando con Skanska en nuevos proyectos, además de haber contratado al gerente que los suecos echaron por haber pagado coimas.


En la línea ya descripta por Prensa Obrera de “prender el ventilador”, el Enargas acusó a Clarín y La Nación de difundir informaciones “falsas que además evidencian una manifiesta tendencia” de ocultar las responsabilidades de Techint. Y explica esto por los vínculos de esos medios con otras empresas investigadas en la causa que lleva López Biscayart. (Kirchner, Telerman y las empresas de comunicación: cuando de coimas y evasión se trata, acá no se exime nadie.)


La oposición, feliz de encontrar finalmente una grieta entre el gobierno y el frente burgués que le permita ser, se ha transformado en inflamada vocera del holding. Aunque no avanzaron en el prometido juicio político a Aníbal Fernández, diputados del ARI y de PRO denunciaron en el fuero penal a tres funcionarios de De Vido: el titular del Enargas, el secretario de Obras Públicas y el secretario de Energía. Aportaron documentación que sólo puede haber salido de las oficinas de Paolo Rocca.


Da la impresión de que si de algo ya no se discute aquí es de coimas, un ingrediente permanente en cualquier negocio relacionado con subsidios estatales y fondos fiduciarios. Techint fue principal impulsora y beneficiaria de la devaluación de 2002. El kirchnerismo intercedió cuando Chávez amenazó con reestatizar una gigantesca acería del grupo, Sidor, porque vendía el mineral de hierro venezolano a su casa matriz, Techint, hasta un 44% por debajo del valor del mercado. Un conflicto que reflotó en la reciente Cumbre, cuando el viceministro de Minas de Venezuela dijo que podía retomar el control accionario de Sidor. “La noticia llegó a Wall Street, donde la acción de una controlada de Techint se derrumbó 11%” (Clarín, 18/4).


Pero, aunque Rocca sigue defendiendo “las políticas monetarista, cambiaria y fiscal como nunca dejó de hacerlo desde la convertibilidad” (El Cronista, 11/4), también forma parte de la burguesía industrial que está perdiendo parte de su extraordinaria rentabilidad por las contradicciones insalvables de las políticas que defiende. A mediados de agosto, Cristina Kirchner acusó a la UCR de aceptar la ratificación del contrato de Ferroexpreso Pampeano por las presiones de Techint. Y Rocca recientemente “le reprochó al gobierno” el avance de las importaciones chinas y brasileñas. La importación de productos que contienen acero —y podrían construirse en el país— lo priva de vender el acero de Siderar a precio monopólico (Clarín, 11/4). Pero el gobierno no puede frenar las importaciones chinas o brasileñas: no sólo abriría un frente de conflicto con los sectores de la burguesía que exportan a esos países sino que los chinos y los brasileños no aceptarían sin represalias que les frenen sus ventas. Esto desequilibraría aún más el Mercosur y comprometería el desarrollo de la burguesía sojera, que exporta casi toda su producción a China.


El voltaje del conflicto hace pensar en una fractura de las relaciones entre Kirchner y un sector fundamental de la burguesía. Sin embargo, en plena guerra de carpetazos, Cristina y Rocca se encontraron en México y en “una muy buena reunión analizaron proyectos de inversión del grupo en México y la Argentina”. Tras la reunión, “Luis Betnaza, directivo del holding, aseveró que la primera dama tiene ‘condiciones y cualidades para ser presidente’” y que “entendió muy bien la agenda binacional y se comprometió a transmitirla al presidente Felipe Calderón”. Para no dejar dudas, Betnaza agregó: “Nosotros tenemos una visión de país en crecimiento y desarrollo, y vemos al gobierno en esa misma dirección” (Télam, 25/4). Tal vez el frente contra De Vido —nexo de los negocios del gobierno con Chávez— que encarnan la agente sionista y el jefe de Gabinete, hayan sumado un peso pesado que hace su propio juego.

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