Políticas
4/9/2026
Cinco desmentidas a la soberana farsa de Milei sobre las Malvinas
El presidente se arrodilla ante Washington mientras entrega recursos al capital extranjero.

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La cadena nacional de Javier Milei sobre Malvinas fue una operación política, con un gobierno en retroceso que quiso apropiarse de una causa nacional, mientras presenta a Donald Trump como supuesto aliado para recuperar las islas. Detrás de la impostura no hay una política de soberanía, sino de intereses cruzados por el petróleo, el reforzamiento militar británico, intereses estratégicos de Estados Unidos y negocios para el capital extranjero.
Milei necesitó apenas quince minutos para presentarse como defensor de una causa que su propio gobierno ha tratado con una orientación completamente reaccionaria. Hasta hace poco, Milei había reivindicado a Margaret Thatcher y sostenido la necesidad de contemplar la voluntad de los kelpers (habitantes de las islas). Ahora descubrió una “causa sagrada” justo cuando Trump introdujo una presión sobre Londres y cuando el gobierno argentino atraviesa un marcado desgaste político y un empantanamiento económico.
El petróleo que Milei descubrió ayer
El presidente presentó el proyecto Sea Lion como una amenaza inminente frente a la cual Argentina debe actuar con “firmeza y celeridad”. Pero la explotación petrolera no apareció ayer: el proyecto viene avanzando desde hace años y está encabezado por Navitas Petroleum (de capitales israelíes) y Rockhopper Exploration. El gobierno ahora anuncia sanciones cuando los operadores sostienen que sus licencias continúan vigentes y que el proyecto mantiene su horizonte de desarrollo.
La impostura es todavía mayor porque el propio Estado argentino ya contaba con herramientas legales para actuar. La Ley 26.659, sancionada en 2011, prohíbe actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina en la plataforma continental y contempla inhabilitaciones y otras sanciones. Milei presenta como novedad una legislación que busca acelerar o ampliar mecanismos que ya existen.
Una base naval bajo la tutela norteamericana
La segunda mentira es presentar la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego como una respuesta novedosa a la amenaza sobre Malvinas. La obra comenzó en 2022, y en 2023 el Ministerio de Defensa informaba que sus trabajos ya estaban en marcha. Su objetivo declarado era fortalecer la presencia argentina en el Atlántico Sur y la Antártida, pero no se trata más que del reforzamiento de la injerencia norteamericana en la región, en particular contra el avance chino.
Milei envuelve la existencia de la base, y su subordinación al imperialismo, en una retórica de confrontación soberana. Pero una política de defensa debe medirse por la orientación estratégica del Estado. Un gobierno que entrega recursos naturales, facilita la extranjerización y subordina su política exterior a Washington -que viene repitiendo reiterados viajes al sur argentino con fines militares y ejercicios en el Mar Argentino- no ofrece ninguna garantía de defensa de la soberanía.
Trump no es el aliado de Argentina
La tercera mentira es que Estados Unidos constituye un aliado para recuperar las islas Malvinas. Trump no ha prometido la soberanía argentina sobre Malvinas, sino que introdujo la posibilidad de revisar la posición histórica de Washington en el marco de una presión sobre el Reino Unido para aumentar su gasto militar y reforzar militarmente a la Otan presionando a sus integrantes para que colaboren en las cruzadas guerreristas de los Estados Unidos. Milei convirtió esa maniobra en un supuesto triunfo argentino.
El resultado puede ser exactamente el contrario al que proclama la Casa Rosada. Si la presión estadounidense sirve para que Londres incremente su gasto militar, el desenlace será un Reino Unido más armado y una ocupación británica fortalecida. Milei se ofrece como peón de una disputa imperialista que tiene como escenario al Atlántico Sur y como telón de fondo la competencia de Estados Unidos con China.
Anuncios reciclados
El gobierno también presentó como una ofensiva extraordinaria la creación de nuevas sanciones, declaraciones juradas, mecanismos de información y un Consejo de Seguridad Nacional. Pero la propia Ley 26.659 ya establece prohibiciones, inhabilitaciones y sanciones contra empresas vinculadas con la explotación hidrocarburífera no autorizada.
El problema no es la falta de instrumentos jurídicos, sino la política de fondo. No se defiende la soberanía con decretos publicitarios mientras se ofrece el Rigi como garantía para grandes inversores extranjeros. Este gobierno es completamente impotente para impedir el saqueo petrolero de Malvinas, en la medida que entrega el petróleo, los minerales y los recursos del país al mismo capital internacional.
La unidad nacional de los entreguistas
La quinta mentira es la supuesta unidad nacional ante el reclamo por las Malvinas. El mismo presidente que ahora denuncia una ocupación colonial construyó su política exterior alrededor de Estados Unidos e Israel, reivindicó a Thatcher y durante su gobierno profundizó una orientación favorable al capital extranjero. La reivindicación de Malvinas aparece así como una farsa total, en los marcos de una política general de entrega. La unidad con ellos sería un boicot a la lucha anticolonial.
La recuperación de las islas exige recuperar el control sobre los recursos estratégicos, el territorio, el Atlántico Sur y la Antártida. Es incompatible con un gobierno que convierte la Argentina en una plataforma de negocios para corporaciones extranjeras y que entiende la soberanía como una consigna para una cadena nacional. Por lo que la tarea principal en esta materia es echar a Milei.
La maniobra de Milei tiene patas cortas. Milei presenta su discurso como si en esta causa estuviéramos todos juntos, pero él siempre se ha ubicado enfrente de la vereda del reclamo nacional de Malvinas, junto al imperialismo. Cuando pase el efecto de la cadena nacional volverá a aparecer el gobierno que conocemos: el de los Rigi, la extranjerización de las tierras, la subordinación a Washington y el saqueo de los recursos nacionales. La defensa consecuente de Malvinas no pasa por confiar en Trump ni por fortalecer los intereses militares de las potencias, sino por romper con ellas y recuperar la soberanía efectiva sobre el conjunto del territorio nacional desenvolviendo la movilización y lucha de los trabajadores para imponer una salida propia.




