Políticas
3/4/2025
¿Cómo afecta a Argentina la suba de aranceles de Trump?
Un factor que se suma a la crisis de la política económica de Milei.

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Con el giro proteccionista de Trump se agrava la guerra comercial.
Donald Trump definió un piso de aranceles del 10%, a partir del 5 de abril, para los productos que ingresen a Estados Unidos. La noticia convulsionó a los mercados, desatando una caída de las acciones globales, incluidas las de empresas argentinas que cotizan en la bolsa de Nueva York, ante la amenaza de una mayor recesión mundial. También cayeron los bonos argentinos y saltó el riesgo país, en el contexto de fuertes expectativas de devaluación que ocasionaron la corrida de los últimos días. Esta medida atenta contra el ingreso de divisas a las arcas del Banco Central, y perjudica particularmente a ciertas industrias como la del aluminio -que intentarán descargar la crisis sobre sus trabajadores-; a la vez que refuerza la desinversión y el saqueo por parte del capital imperialista. Desafiando toda lógica, Milei y sus seguidores salieron a festejar la decisión del presidente norteamericano, mientras someten la economía nacional a la supervisión de un organismo financiero con sede en Washington.
Desde el gobierno justificaron su euforia ante los anuncios de la Casa Blanca alegando que la suba de aranceles impuesta a los bienes locales no fue tan alta como la que les tocó a otros países como China. Sin embargo, la tarifa arancelaria del 10% supera ampliamente a las que venía cobrando Estados Unidos sobre las importaciones provenientes de nuestro país. Las mismas eran del orden del 4,6% para los alimentos, del 0,3% en el caso de los químicos y productos industriales, del 1,4% a los plásticos, del 6,1% a los textiles y del 0,2% a los metales. Como vemos, el "trato preferencial de Trump a la Argentina" está solo en la imaginación de Milei. Sin ir más lejos, luego de las declaraciones de Trump saltó el riesgo país, cayeron los bonos argentinos y subieron los dólares financieros.
Esta ofensiva proteccionista del imperialismo yanqui profundizará el resultado deficitario del intercambio comercial con Estados Unidos, que ya mostró niveles negativos en febrero de este año (por U$S 89 millones) según el Indec. A su vez, se trata de un salto en la guerra comercial que apunta a debilitar económicamente a China, lo cual afectará indirectamente a las exportaciones argentinas al ser el país asiático su principal receptor. Lo anterior avizora un panorama de menor ingreso de divisas, agravando la crisis de reservas del Banco Central que es fuente de la tensión cambiaria a la que asistimos.
Una caída en las exportaciones sería fatídico para el gobierno de Milei, en momentos donde crece la demanda de dólares por importaciones y viajes al exterior -como resultado de haber mantenido pisado el tipo de cambio- y tiene cuantiosos vencimientos de deuda externa en el horizonte y una corrida en curso que lo lleva a vender reservas para contener la brecha.
Por otra parte, lo más probable es que la Reserva Federal de Estados Unidos responda con una suba de tasas frente a los efectos inflacionarios que acarreará el incremento de los aranceles a los bienes importados. Si eso ocurre, habrá un repliegue de capitales de los países semicoloniales como Argentina hacia las potencias, poniendo fin a la bicicleta financiera sobre la cual se sostiene el gobierno criollo. Incluso, esa tendencia se da de bruces con las expectativas de mileismo de reingresar al mercado de crédito internacional y de recibir una lluvia de inversiones extranjeras a través del Rigi.
Que se inaugure un proceso de repatriación de los capitales estadounidenses sería particularmente devastador, teniendo en cuenta que el país norteamericano concentra el 18% de las inversiones extranjeras en Argentina, según la consultora Abeceb, distribuidas principalmente en el rubro hidrocarburífero, en la industria manufacturera, en las telecomunicaciones y en el comercio automotor. A todas luces, el optimismo de Milei, que felicitó a Trump tuiteando "Friends will be Friends", no tiene asidero en la realidad; es solo un gesto de sumisión por parte del mandatario que ahora se dirige a Washington para rogar por la concreción del nuevo préstamo del FMI y someterse a la tutela del organismo.
Uno de los sectores locales más golpeados por la medida de Trump será la industria del aluminio, monopolizada por Aluar, que el año pasado realizó exportaciones a Estados Unidos por U$S 527,5 millones. La patronal de Madanes Quintanilla no dudará en cargar esas dificultades a la cuenta de sus trabajadores, procediendo a despidos y suspensiones, sin importarle las enormes ganancias obtenidas durante todos estos años debido a su posición dominante en el mercado. A su vez, bregará por una devaluación para recuperar la competitividad perdida, lo cual implicaría un derrumbe salarial.
Así las cosas, el rumbo económico de Milei choca con el "viento de frente" del escenario mundial, lo cual lo vuelve más endeble todavía. Lo anterior pone de relieve el fracaso de la burguesía nacional, incapaz de sacar al país de la dependencia y el atraso por su papel de socia menor subordinada al imperialismo. Más que nunca es necesario luchar por un gobierno de trabajadores, la única clase social dispuesta a emprender un sendero de desarrollo autónomo en beneficio de las mayorías.

