Políticas

7/11/1996|518

Cómo los pulpos automotrices saquean al fisco

20.000 millones de dólares de subsidios a la exportación y a la importación

Los planteamientos de Macri en Bariloche despertaron un cierto eco entre las restantes patronales automotrices. Aun­que sin referirse a los acuerdos del Mercosur —del cual algu­nas de ellas son las grandes beneficiarías—, las terminales también encontraron motivos para atacar la política del gobierno.


Horacio Losoviz, titular de la cámara que agrupa a las ter­minales (Adefa), criticó “el cambio de reglas de juego para la inversión” (Clarín, 27/10), mientras que “Merce­des Benz volvió a criticar la decisión del Ejecutivo de gravar a los autos gasoleros” (El Cronista, 25/10).


La cuestión del impuesto — del 10%— a los gasoleros ´cero kilómetro´ establecido en el último ‘paquetazo´ de Roque Fernández, se ha convertido en uno de los principales motivos de choque entre las terminales y el gobierno. Sucede que “la mayoría de las terminales está desarrollando en forma agresiva programas de in­versión para incrementar la oferta de unidades gasoleras” (El Economista, 30/8). Para algunas terminales, “las ventas de estos vehículos representan el 40% del to­tal”… con el agravante de que no pueden ser exportados al Brasil (ya que allí está prohibi­da la fabricación de autos pro­pulsados por gas oil). Las patro­nales automotrices también protestan por la reducción de los reembolsos a las exportacio­nes y la suspensión del subsidio del 10% que gozaban los bienes de capital de producción nacio­nal (entre los que se consideran a los camiones), también esta­blecidos en el ‘paquetazo´ de Fernández.


Las terminales estiman que a causa de estas medidas, la venta de camiones caerá en un 30% y la de automóviles en un 10% (ídem). En consecuencia, en 1996 la producción podría caer por debajo de los niveles de 1995, cuando “el mercado su­frió una caída del orden del 40%” (ídem). A esto hay que agregarle que, después de ha­ber marcado un récord en julio, las exportaciones de autos co­menzaron a caer a partir de agosto.


Quienes ven en los reclamos dé las terminales, sino una de­fensa de la industria “naciónal’, cuando menos una defen­sa de la industria ‘radicada en el país’, olvidan que las termi­nales son las principales impor­tadoras de automóviles. De los autos importados en los primeros ocho meses de este año, el 86% fue traído directa­mente por las fábricas; estas unidades importadas representan el 42% del mercado automotriz argentino. En otras palabras, “las fábricas se han convertido en un 58% en productoras y en un 42% en importadoras” (El Cronista, 29/10) y esto sin contar el elevadísimo componente de autopartes importadas que utilizan los autos ´nacionales’. Todo esto con el beneficio de que los aran­celes que pagan son sustancial­mente menores que los del resto de los importadores. En efecto, las terminales importan autos pagando el 7,4% de arancel (si se comprometen a ‘compen­sar’ esas importaciones con ex­portaciones) o el 20% (si no ter­minan realizando esa ‘com­pensación´). Los importadores particulares o comerciales de­ben pagar un arancel del 30%.


Salta a la vista, entonces, que la ‘crema´ del ‘negocio´ de importación y exportación de las terminales pasa por los ‘in­centivos fiscales´. Un repre­sentante de los importadores calcula que el monto de estos ‘incentivos’ alcanza a 1.500 millones de dólares anuales… lo que equivale a un total de 7.500 millones desde 1992 cuando se puso en vigencia el ‘régimen automotriz´ (El Cronista, 29/ 10)… Pero como Macri importa más de lo que exporta, es uno de los mayores deudores del fisco, por la diferencia entre el 7,4% de arancel que pagó para impor­tar y el 20% que debería pagar por no haber compensado las importaciones con exportacio­nes. En cambio, “las que tie­nen los pies en los dos países (Argentina y Brasil) pueden compensar importaciones exportando a sus hermanas brasileñas, pero las que no tienen hermanas en nues­tro socio del Mercosur se encuentran con que tienen que penetrar en Brasil o en cualquier otro mercado del mundo, con productos y precios competitivos, que no siempre disponen” (El Cronista, 29/10).


Al saqueo fiscal hay que agregarle el incremento de la deuda externa, que implica la importación de unos 120.000 vehículos anuales a un costo promedio de 20.000 dólares cada uno: nada menos que 2.400 millones de dólares por año. Es evidente el mecanismo parasitario que ha engordado los superbeneficios de las ter­minales automotrices, presen­tadas como el ‘mascaron de proa´ de la ‘modernización industrial´ menemista.