04/07/1996 | 501

¡Cómo que no ganó la Izquierda en Capital!

En la campaña electoral reciente de la Capital, los medios de comunicación se hicieron un pic-nic en la faena de censurar a los partidos de izquierda. En los editoriales y comentarios políticos, sus columnistas sacaban a relucir una pose académica para cuestionar la vacuidad de los planteos de los llamados candidatos principales y la obscena superficialidad de sus campañas políticas. Pero las páginas de los diarios, y los programas políticos, y los noticieros de la radio y televisión, sólo tenían ojos para la imagen inconfundible del carrerista y para la palabra alcahuetada por la consultora de mercado electoral contratada para la ocasión. Un ‘filósofo’ aparecía para ‘opinar’ sobre la droga y un ‘rentado’ de Harvard explicaba que ‘la crisis’ se debía a los elevados ‘costos laborales’ de los trabajadores, que reciben como paga un peso con cincuenta la hora. Pero para los programas de los partidos de izquierda no había ni un cachito de lugar. A la hora del recuento de los votos, sin embargo, la jauría ‘mediática’ se lanzó al unísono, encabezada por la más censora de todas, Página 12, a proclamar por décima vez el quincuagésimo derrumbe de ‘la izquierda’. El diario progre publicó en renglones medidos, declaraciones  sacadas de su contexto de los diferentes dirigentes de la izquierda, pero amarrete al fin, no les cedió una módica columnita para que pudieran mostrar su vergüenza pública por el naufragio que habrían sufrido el domingo. Como se puede apreciar, de todas las corruptelas de las que se hace eco la prensa diaria, ninguna es mayor que la propia. Pero como la censura es el recurso defensivo del mediocre, el balance político que hacen los medios de los resultados obtenidos por la izquierda se equivoca de medio a medio.


¿Alguien puede poner acaso en duda que la victoria de la lista de estatuyentes del Frepaso no constituye una victoria de la izquierda?  ¿O ahí ganó la derecha? Cuando el periodismo intelectualmente venal del progresismo argentino concluye que la izquierda salió derrotada el domingo pasado, está confesando vergonzosamente que sus amigos del Frepaso se han convertido en reaccionarios.


¿Pero si la victoria de los grandes banqueros Prodi y Dini, en las recientes elecciones italianas, saludada por los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Japón, fue caracterizada por la prensa internacional como un triunfo izquierdista, debido a que las listas que aquéllos encabezaban estaban pobladas de candidatos ‘comunistas’, por qué no se reconoce el carácter izquierdista de la victoria estatuyente del Frepaso, que por ahora no cuenta con otros banqueros reconocidos que los que lucran con Credicoop?


Después de la debacle del PI, en 1987, el progreso electoral estuvo a cargo principalmente de la derecha, que anticipó de ese modo las características del gobierno de Menem. La UceDé era ‘la tercera fuerza’ y amenazaba arrancarle las universidades al radicalismo. Esto que parece hoy propio de la era antediluviana hizo comentar a los columnistas de oficio de aquel momento que la historia argentina también había llegado a su fin natural. ¿Y Rico? Nadie se acuerda hoy de ese Rico que pobló con imágenes fascistas la descripción que ‘los medios’ hacían de las masas argentinas.


Desde 1992 existe, en cambio, una reversión al menos parcial de tendencia, porque el Frente Grande, primero, y el Frepaso, después,  han suplantado a Alsogaray, a la Adelina Dalesio y a Rico, y no para convertirse en una ‘amenazante’ tercera fuerza, sino en la primera en ciertos distritos y en la segunda en las últimas elecciones nacionales, esto aunque no amenace a nadie. El avance que registró la tribu que comanda el ‘Cavallo’ Alvarez no augura la victoria del socialismo ni anticipa un ascenso más o menos inminente de los trabajadores al poder, pero nadie puede decir que no es un avance de izquierda. Todavía le falta derrotar electoralmente a Menem y, para ello, alcanzar ese equilibrio difícil entre un mayor compromiso con el imperialismo y la demagogia necesaria para despertar las ilusiones del pueblo. Los plumíferos mediáticos, sin embargo, no consiguen ver la realidad del avance izquierdista que transita por sus narices y, en el caso de los progres, esta falta de reconocimiento  traiciona el profundo escepticismo que tienen con sus propios ideales.


Pero el Frepaso no es solamente una izquierda ‘trucha’, es por sobre todo un producto genuino de la izquierda argentina. Al Frepaso no lo creó Bordón, ni incluso el ‘Cavallo’ Alvarez; lo crearon el partido comunista, los restantes grupos de izquierda y el Ptp. El Frepaso no nació de un repollo, es una continuidad política del Frente del Pueblo y de Izquierda Unida, los cuales siempre conocieron éxitos electorales. Surgió del Frente del Sur, creado por los grupos de izquierda, para proyectar el liderazgo del cineasta Solanas, que ahora en su soledad saluda al pueblo de Cutral Co, pero que en su momento de luminarias votó la intervención menemista-cavallista a Santiago del Estero.


Es esto lo que explica que el Frepaso se encuentre hoy frondosamente poblado de senadores, diputados, concejales y punteros del ‘glorioso’ partido staliniano y de otros emigrados de la izquierda democratizante. El Frepaso tiene numerosos vasos comunicantes, cuando no vínculos sólidos, con el CTA y aun el MTA, a cuyas direcciones todas las especies de izquierda apoyan en forma más o menos incondicional. La defensa de las Pymes, que están a la cabeza de la flexibilización laboral, es un punto estratégico común de toda la izquierda y el Frepaso. El Ptp negoció durante mucho tiempo el apoyo a La Porta desde una lista propia para estatuyentes. Junto con el PC, se negó a presentar candidato para senador por la capital, el año pasado, para dar el apoyo tácito a Fernández Meijide. En su declaración política al inicio de la campaña electoral, el Mst llamó a derrotar a Domínguez y De la Rúa, no al Frepaso. La Izquierda popular que formaron los grupos de izquierda pretendió llevar como candidatos a dos frepasistas, David Viñas y Alejandro Olmos, que, más consecuentes que sus promotores, rechazaron el ofrecimiento porque ellos apoyaban al Frepaso. ¡La victoria estatuyente del Frepaso es también la victoria de toda esta izquierda!


Que la izquierda frepasista haya quedado electoralmente marginada no significa que no haya triunfado su programa y, por sobre todo, un proyecto político frentista que los tuvo como promotores irremplazables cuando los Alvarez, Solanas y Fernández Meijides sólo eran conocidos por su capacidad para cocinar entuertos. Al revés, quedó marginada porque triunfó su política y su programa —sólo por escrúpulos esa izquierda no fue tan lejos como era necesario en los compromisos que la podían convertir, a ella también, en un suceso electoral. Si tuviera un poco de grandeza, esa izquierda diría: “Me mataron, sí, pero hemos batido al enemigo”.


El único que sí perdió en las pasadas elecciones …¡fue el Partido Obrero!


Porque nosotros no fuimos frepasistas nunca y nada que digamos o hagamos ahora  nos podrá asociar al enorme éxito de sus estatuyentes. Sobre nosotros es que deben llover las injurias, los sarcasmos y el desprecio. Obtuvimos apenas seis mil votos —cuatro mil menos que en la elección anterior a senador. Nuestros adversarios nos ubican en plena travesía del desierto. Pero, claro, nos movemos en otro plano, porque estamos relativamente condicionados a la evolución política de la conciencia de las propias masas; no podemos avanzar mucho más de lo que avanza el combate de esas masas y, por sobre todo, de lo que avanza la comprensión que adquieren de sus propias luchas.


Las elecciones de Capital no eran terreno que los explotados del distrito hubieran definido como propio para reagrupar sus fuerzas. Para los fetichistas de la democracia, las elecciones son el terreno por excelencia de la lucha política, que para ellos consiste en un intercambio de propuestas. Para nosotros es un terreno como cualquier otro, aunque no le neguemos su importancia como un terreno de confrontación directa de programas. No es la prueba de la verdad de nada, como lo demuestra el rápido ascenso y derrumbe que registraron todos los partidos exitosos desde 1983.


En esta etapa, el terreno que ofrece la posibilidad de un reagrupamiento de fuerzas como una necesidad propia de las masas y de toda la crisis histórica del capitalismo, es la resistencia contra el convenio Fiat-Smata, la organización de los desocupados, la organización de masas de la juventud, el desarrollo de una prensa obrera de masas. Aquí está presente el PO, mientras que el Frepaso y su izquierda brillan por su ausencia, cuando no están colaborando en las conspiraciones contra el pueblo.


Pero nosotros, que definimos de antemano que este proceso electoral no presentaba una tendencia a agrupar a los trabajadores en un polo político propio; nosotros, hicimos una fuerte campaña electoral en medio de la censura, y nuestras advertencias y pronósticos volverán a mostrar su vigencia en un corto tiempo. Con esta propaganda preparamos las batallas próximas y las que les seguirán. La administración radical de la Capital se derrumbará más rápido que las menemistas; hasta brotarán las nostalgias por Grosso. El Frepaso, que ya ha fracasado en convertir a su mejor distrito en la plataforma que lo convierta en la oposición principal al menemismo, será consumido por ese mismo oportunismo con el poder y con los capitalistas que hasta ahora lo ayudó a progresar. La incapacidad de las tendencias democratizantes para hacer frente a la catástrofe social, deberá llevar a las masas a un polo revolucionario, a condición que haya un partido, como lo hay, que lo esté construyendo sobre cimientos sólidos.

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