Políticas

18/9/2026

Córdoba: crece la pobreza día a día y los sueldos ya no alcanzan ni para comer

Para que esta crisis no la sigamos pagando las familias obreras con más hambre y más endeudamiento, el camino es organizarse y luchar por la huelga general.

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Imagen: archivo.

La cosa en la provincia no da para más y la situación se vuelve cada vez más insostenible. Subió la desocupación un 10,5 % en el gran Córdoba, así cada mes que pasa, los índices de la pobreza aumentan sin parar y la realidad cotidiana en las barriadas populares y en los lugares de trabajo golpea cada vez más fuerte.

Hoy en día, más de la mitad de la población del Gran Córdoba cayó de lleno en la pobreza porque los ingresos de las familias quedaron totalmente aplastados frente a la imparable suba de los costos fijos: los tarifazos del transporte urbano e interurbano, las subas mensuales en las boletas de luz y agua, y la escalada imparable en el precio de los alimentos de primera necesidad.

Así las cosas, la mayoría de los laburantes ya no llega ni al día 20 del mes: a mediados de mes la plata se terminó por completo y no queda otra alternativa que salir a pedir fiado, endeudarse o achicar los platos de comida en la mesa familiar.

En este marco de ahogo generalizado, los docentes, los trabajadores de la salud, los empleados estatales y los judiciales están viviendo una situación verdaderamente desesperante. La gran mayoría cobra haberes que están muy por debajo de lo que cuesta la canasta familiar. Para poder cubrir los gastos elementales y parar la olla, miles de docentes se ven obligados a sobreexplotarse: meten doble o triple turno, corren de una escuela a otra agarrando las horas cátedra que encuentren o buscan trabajos, changas durante los fines de semana. Pero ni sumando dos o tres empleos se logra llegar a fin de mes.

La falta de plata acorrala a los trabajadores y los empuja de cabeza al endeudamiento compulsivo para cosas tan básicas como comprar mercadería, pagar el alquiler o liquidar la boleta de la luz. Ahí es donde entra a jugar el Banco de Córdoba (Bancor) junto a una red de financieras privadas y prestamistas, que operan como una verdadera maquinaria de usura: aplican tasas de interés ahogantes y terminan descontando hasta el 80% o 90% del recibo de sueldo directamente por planilla.

A mencionado saqueo salarial se le suman los recurrentes aumentos en los aportes personales para la caja de jubilaciones y la obra social Apross, lo que termina de vaciar los golpeados bolsillos de los empleados públicos.

Mientras a un maestro, a un enfermero o a un empleado administrativo lo matan con los impuestos, la inflación y los intereses de las deudas por el solo hecho de querer comer, el gobernador Martín Llaryora le perdona impuestos y le garantiza todo tipo de facilidades a los grandes grupos económicos de la provincia. Mientras, para las patronales agroexportadoras y los sectores sojeros hay exenciones impositivas, diferimientos y alivios a medida, para los hospitales públicos y las escuelas no hay un solo peso.

Toda esta miseria repercute directamente en las comunidades escolares: las solicitudes para ingresar al Paicor se dispararon en todos los establecimientos educativos, donde cada día más pibes y pibas van a pedir una ración de comida porque en sus casas los padres se quedaron sin trabajo o los sueldos de miseria no alcanzan para la cena.

El pacto entre Llaryora y Milei contra las mayorías

Todo este sufrimiento de la clase trabajadora cordobesa no es producto de una casualidad ni un imponderable de la economía, sino el resultado directo del pacto político que mantienen Martín Llaryora y el gobierno nacional de Javier Milei.

El gobierno provincial garantiza los votos de sus diputados en el Congreso para aprobar las leyes del ajuste libertario y, a cambio, aplica en el territorio cordobés la misma receta: recortar presupuestos en educación y salud, congelar los sueldos de la administración pública, achicar la asistencia social y autorizar subas de tarifas constantes para garantizarle la ganancia a las empresas amigas del poder.

Hay que unir todas las luchas en la calle y organizar una salida propia

Frente a esta ofensiva brutal, la burocracia sindical que conduce la mayoría de los gremios provinciales actúa de espaldas a las necesidades de la gente: mira para otro lado y firma paritarias de miseria a Llaryora para no hacerle olas al gobierno peronista.

Sin embargo, desde abajo, la bronca de las bases ya empezó a reventar y a ganar las calles. La docencia organizada en la UEPC Capital, el colectivo de los empleados judiciales que vienen protagonizando paros e intervenciones históricas, y las asambleas del personal de la salud han demostrado con mucha claridad que no hay que agachar la cabeza, que los dirigentes no nos representan y que al gobierno se le puede hacer frente con la movilización popular.

Pero para frenar este atropello generalizado no alcanza con que cada sector dé la pelea en forma aislada dentro de su propia repartición. Si a todos los laburantes nos golpea la misma crisis, las mismas deudas usurarias y el mismo plan de ajuste, la respuesta de la clase trabajadora tiene que ser una sola y bien contundente. Necesitamos que las bases de todos los gremios se unan por abajo, en un frente único para reunir la fuerza que nos permita arrancar un plan de lucha unificado, el paro, en la ruta de la huelga general, así podemos pasar por encima a los dirigentes que no quieren luchar.

Es urgente salir a coordinar de forma masiva en las calles por estos reclamos elementales:

. Salario mínimo igual a la canasta familiar: ningún trabajador o docente por debajo de la línea de pobreza; actualización mensual por inflación real. Reparto de las horas de trabajo sin afectar los sueldos.

. Prohibición de los descuentos usureros: anulación de las tasas abusivas y freno a las retenciones del Bancor y las financieras sobre los recibos de sueldo. Que la crisis la paguen los capitalistas: eliminación inmediata de las exenciones e indulgencias impositivas a los empresarios sojeros y a las grandes patronales.

. Presupuesto urgente para la comunidad: restitución de los fondos para salud y educación pública, y aumento de las partidas para los comedores escolares del Paicor.

. Para que esta crisis no la sigamos pagando las familias obreras con más hambre y más endeudamiento, el camino es uno solo: coordinar cada una de las luchas en curso, copar la calle de manera unificada y levantar una alternativa propia de los trabajadores.

Acercate a participar de las discusiones, sumate, impulsemos asambleas en todos nuestros lugares de trabajo y estudio. Llamamos a intervenir a los trabajadores para preparar la huelga general. Fuera Milei, abajo el ajuste de Llaryora.

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