02/11/2017 | 1480

Córdoba: una campaña atada a las luchas


El resultado de las elecciones del pasado 22 terminaron por definir el derrumbe electoral del PJ de Schiaretti y De la Sota, que sumaron solo un 30% de los votos contra el 48,5% del candidato de Cambiemos. En la ciudad capital, el oficialismo cayó todavía más y obtuvo el 24 por ciento. Con esos resultados, que ya presuponían los guarismos de las Paso, el PJ estaría perdiendo la provincia en 2019. No obstante, Schiaretti siguió en octubre con el mismo libreto que presentó de cara a las Paso. Mientras De la Sota se despegó completamente de la campaña, Schiaretti se plegó aún más a los planteos centrales de Macri, apoyando las reformas laboral y tributaria y sumándose a la línea represiva, con el allanamiento a los locales del PO y de las organizaciones sociales frente a una movilización en contra del gatillo fácil. La única línea de delimitación esbozada se refirió a una supuesta “defensa de Córdoba”, que tiene como eje la distribución de la coparticipación y de la asignación de distintos fondos nacionales (conurbano, subsidios, etc.)


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Pacto con el macrismo


 


No obstante, el final anunciado de Schiaretti tiene un objetivo estratégico de clase, que rápidamente se hizo realidad. Después de las Paso, el gobernador planteó que no podía hablarse de ganadores y perdedores y llamó a concretar un pacto nacional para “producir los cambios necesarios”. En la noche del domingo y ante el llamado de Schiaretti al propio Macri, éste le contestó: “Cuento con vos como un pilar para la Argentina que se viene”. Al día siguiente, el Presidente, replicando al gobernador, realizó una megaconvocatoria para “encarar todas las reformas necesarias”.


 


El candidato macrista Baldassi desarrolló una campaña antipolítica, sin pronunciarse en ninguno de los grandes debates que recorren la situación actual y mucho menos la que se viene. Baldassi ni siquiera cuenta con el apoyo del aparato del PRO provincial, dominado por la vieja Ucedé. Antes que se realizaran las elecciones, se desató una interna en Cambiemos que se disputa a cuatro bandas, con dos radicales (Negri y Mestre) y el embajador macrista en Ecuador, Luis Juez. La “ola amarilla” cordobesa, parece más una carta para la negociación con los derruidos aparatos políticos capitalistas.


 


El otro gran fraude electoral fue el del kirchnerismo. Primero, porque la mayoría de los integrantes de esa fuerza ya se habían pasado con Schiaretti antes de las elecciones. Lo poco que quedó del kirchnerismo llegó al 9% de los votos, retrocediendo del 18% obtenido en 2015. En forma impostora, la lista K se presentó como opositora al ajuste de Macri y Schiaretti, sin mencionar el acompañamiento de los K a ese ajuste en el Congreso y a través de la burocracia sindical, de la cual el propio candidato Carro es parte como secretario de Adiuc (docentes universitarios) y la CTA Yasky. Conscientes del retroceso terminal de los K en la provincia, ahora este sector apuesta a una formación de centroizquierda, sin muchos interlocutores.


 


La elección del FIT


 


El Frente de Izquierda obtuvo un 3,3%, cayendo un punto desde la elección de agosto; donde ya habíamos obtenido un resultado menor al esperado. En el período que va desde agosto a octubre se sostuvo un cuadro de situación en la clase obrera caracterizado por un reflujo en las luchas de los principales sindicatos -docentes, Smata, UOM, UTA- impuesto por la traición de la burocracia sindical que aisló y entregó las mismas. En particular la heroica huelga de los choferes de UTA que fue explotada por todos los partidos del arco patronal, para atacar al PO y al FIT que la apoyaron sin vacilaciones. El hostigamiento y la persecución hacia la izquierda tuvo un nuevo capítulo en los allanamientos a los locales del Partido Obrero y las organizaciones sociales que nos movilizamos contra el gatillo fácil, asociándonos a destrozos provocados por infiltrados. Si bien enfrentamos el ataque represivo y protagonizamos una movilización de cien mil personas el 1º de setiembre por Santiago Maldonado, el ataque tuvo su resultado electoral. A la par de ello, la lista de MST-MAS y su ataque faccional hacia el FIT fue reforzado desde los medios oficialistas, planteando una división en la izquierda. Ello dispersó el voto que otras veces el FIT pudo acumular.


 


El difícil panorama que se le presentó al Frente de Izquierda tuvo dos respuestas. De un lado, el Partido Obrero levantó una campaña programática de los trabajadores, atada a las luchas e impulsando en todo momento el reagrupamiento político de los explotados. Así, viajamos hasta Cushamen-Chubut, para reclamar por Santiago Maldonado y solidarizarnos con los mapuches, e integramos la “Coordinadora por la aparición”, que protagonizó las grandes movilizaciones en la capital cordobesa. Viajamos con una importante delegación de activistas y delegados antiburocráticos al Plenario de Lanús, para resolver un plan de lucha contra la reforma laboral, que tuvo como expresión una importante movilización el 12 de octubre, sostenida sólo por el Partido Obrero y los trabajadores en lucha como Plascar, Trolebuses, VW, entre otros. También participamos con una numerosa delegación del Encuentro de la Mujer en el Chaco, con nuestras dirigentes Soledad Díaz y Cintia Frencia a la cabeza. Durante toda la campaña protagonizamos importantes actos y asambleas en apoyo al Frente de Izquierda, con presencia de cientos de compañeros, entre las cuales se destacaron Villa El Libertador y La Calera.


 


Los otros partidos del FIT realizaron una campaña exclusivamente mediática, divorciada de la lucha, especialmente de los trabajadores. En varias movilizaciones populares, directamente pegaron el faltazo. El punto más relevante de esta política fue el levantamiento del acto unitario, por parte de IS y PTS, que habíamos convocado conjuntamente para el 6 de octubre. Esta posición electoralista facilitó el hostigamiento a nuestra fuerza de parte del gobierno y la prensa oficialista.


 


El Frente de Izquierda ingresó a la campaña electoral con importantes expectativas, ligadas a la lucha obrera y popular creciente antes de las elecciones. La situación de reflujo planteada y las maniobras desplegadas han logrado neutralizar ese desarrollo. Pero esas condiciones son momentáneas y tenderán a desaparecer con la agudización de la lucha de clases que acicatea el plan de guerra contra los trabajadores de Macri y Schiaretti; así entendemos la persistencia de las luchas obreras (Plascar, reincorporación en UTA, Fadea) y el enorme crecimiento organizativo y político del Polo Obrero.


 


Tomamos la gran campaña desarrollada y el significativo reagrupamiento político alcanzado, como un paso de preparación política de la clase obrera para enfrentar el futuro inmediato de luchas que se preanuncia. Vamos con esas conclusiones al reclutamiento consciente de los cientos y cientos de luchadores que defendieron al Frente de Izquierda, a la construcción del Partido Obrero y a una alternativa política de los trabajadores.


 

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