04/10/2018 | 1522

Crisis de la CGT: que decida un Congreso de Delegados Electos

Ha renunciado al polémico triunvirato cegetista Juan Carlos Schmid, el hombre que colocara en ese lugar el moyanismo. Por ahora hay un triunvirato de dos, algo parecido a la cuadratura del círculo. Sus socios no encuentran condiciones para convocar una elección de dirección, después de haber levantado el confederal que se haría el 22 de agosto pasado y haberse autoprolongado el mandato hasta 2019. Algunas versiones indican que podría reemplazarlo el conocido dueño de caballos de carrera, Andrés Rodríguez, entregador de los estatales bajo todos los gobiernos, sin distinción.


En realidad, el Triunvirato colaboracionista, responsable de pactar la perpetuación del impuesto al salario, la tercera variante antiobrera de la ley de ART, de formar parte de las paritarias a la baja y los presupuestos de ajuste de Macri en 2016 y 2017, de votar el acuerdo con los fondos buitre con el Frente Renovador de Massa y de parlamentarizar la ley antidespidos para tragarse sin pestañar el veto de Macri, estaba herido de muerte hace rato. Este triunvirato pactó con Macri y con Triaca la trilogía de leyes antiobreras post victoria macrista de octubre pasado: la reforma laboral, tributaria y jubilatoria y, de sobrepique, aceptó paritarias del 15% cuando sólo ellos podían creer en esa pauta.


Justamente el golpe político mortal ocurrió el 18 de diciembre, cuando después de una soberbia movilización obrera el 14, para que el Congreso no aprobara el robo a los jubilados contenido en las reformas previsional y tributaria  –que logró que no se aprobaran ese día–, se produjo una rebelión obrera brutalmente reprimida. El Triunvirato, desacomodado, convocó a media mañana del histórico lunes 18, un paro de doce horas sin movilización, poniendo el eje en evitar una movilización que, a la postre, resultó de 300 mil personas, con el agregado de un cacerolazo igualmente masivo a la noche.


Schmid, fue partícipe estratégico de la movida frenadora del Triunvirato. Hombre de la Iglesia, puso el eje en la contención y fracasó rotundamente: se produjo la mayor rebelión de bases después de la voladura de atril del 7 de marzo de 2017. La revuelta alteró a varias bandas la situación política. Diez días después se produciría el fracasado “recalibramiento”, Macri empezaría una caída libre en la consideración popular, entraría en crisis la “coalición a la carta”, obligando a reformular la relación entre el gobierno y el PJ, se iniciaría un ciclo de realineamientos en el PJ, que dispararía la ruptura moyanista que convoca dos meses después el 21F y dejaría herido de muerte al Triunvirato.


Los paros del 25 de junio y del último 25 de septiembre, colocando un discurso opositor de la CGT para articular con el PJ y contener con la Iglesia desde otro lugar, no han resuelto la crisis, y Schmid deja hoy el Triunvirato, cuando todavía es titular de la poderosa Confederación del Transporte. Pero no se trata de una escisión lineal en la burocracia sindical, sino de una descomposición más profunda y compleja. Los gremios ferroviarios acaban de firmar una paritaria sin lucha del 15 más 10% que ya mismo atrasa. La UTA se apartó de los designios de Moyano, que se fue en soledad de la CGT, mucho después de la renuncia del "Barba" Gutiérrez a horas del 18 de diciembre. La CATT tampoco existe. Y el peronismo se debate en la lucha interna de fracciones, buscando dar garantías a la burguesía de que no patearán el tablero ante una debacle macrista.


Por lo pronto, Schmid renuncia “por razones de salud”, evitando un pronunciamiento político contra la política entreguista de cuanta lucha hay en el movimiento obrero y sin crítica alguna a la política de los paros domingueros en cómodas cuotas hasta el recambio electoral 2019. Podrá cacarear mucho Pablo Moyano (autoexcluido sin explicación de la tribuna del modesto acto de la CTA del 24 de septiembre pasado) contra el FMI y reclamando dirigir la CGT, pero, a este paso, las homeopáticas renuncias al Consejo Directivo no presentan alternativa ninguna a las reivindicaciones urgentes de los trabajadores. La mayoría del Consejo Directivo no ha seguido los pasos de Schmid.


Los trabajadores, el activismo combativo, el clasismo que interviene activamente en el movimiento de lucha, tienen que reforzar más que nunca, ante la crisis definitiva del Triunvirato colaboracionista, el reclamo por un Congreso de todas las organizaciones sindicales, con delegados mandatados por sus bases. Replantearemos esta posición a todas las organizaciones integrantes del Plenario Sindical Combativo como a los partidos del FIT.


Para luchar por el reparto de las horas sin afectar el salario, la ocupación de toda fábrica, empresa o repartición que despida o cierre, por la reapertura incondicional de paritarias para superar una inflación del 45% con cláusulas gatillo, por la duplicación de la jubilación mínima y aumento de emergencia a todos los jubilados, la duplicación de la AUH y todos los planes sociales. Por la ruptura del pacto con el FMI y la no aprobación del Presupuesto 2019, que constituye la guía de la masacre social que implica el nuevo pacto colonial y antiobrero con Lagarde. Se trata de un programa que requiere un plan de lucha y huelga general hasta derrotarlos, a Macri, al FMI, a los gobernadores, al conjunto de la patronal y todos sus socios políticos empeñados en hacer pasar la ofensiva contra los trabajadores.

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