Políticas
27/3/2026
Crisis con los combustibles: se consume menos, se paga más y no hay garantías para el invierno
Aumentazos en las naftas y un esquema que no cierra para la provisión del gas invernal.

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Aumentos en surtidores.
La guerra en Medio oriente sigue haciendo estragos en la economía Argentina gracias a la disparada de los precios del petróleo y del gas, en un país con los combustibles dolarizados y con aumentos que impactan en toda la cadena de valor y acrecientan la inflación, incluso en un marco de caída del consumo de combustibles, signado por la crisis y la caída de la actividad económica. Un esquema oficial que apoya la agresión imperialista y sionista contra Irán, y que castiga a los trabajadores argentinos con sobreprecios, inflación y recesión económica.
Desde el inicio de los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán el barril de petróleo pasó de 65 a 96 dólares, golpeando de lleno los precios de los combustibles, con un aumento de las naftas súper del orden del 20% en la Argentina y con una producción local que es destinada en gran medida a las exportaciones para la captación de divisas internacionales por sobre los intereses y necesidades de la población trabajadora, lo que pone de manifiesto que los aumentos no solo están motivados por la guerra, sino también por los intereses económicos que defiende este gobierno.
Estas subas, que impactan además en toda la cadena de valor trasladándose a la inflación en bienes y servicios, se dan en el marco de un descenso previo de los consumos de combustibles, signado por la crisis económica. Las ventas al público cayeron un 1,67% interanual en febrero, previo a la guerra y al aumentazo. Más específicamente el consumo de nafta super cayó un 2,12% interanual. Mientras que el dato revelador es el del desplome del diésel Grado 2, con una caída del 10,41% interanual, que refleja el impacto de la recesión en el segmento productivo y de transporte.
Crisis del gas
A la crisis de los combustibles se agrega el problema en carpeta con el gas: se viene la temporada de invierno y el aumento de la demanda en el consumo de gas para la cual no existe una infraestructura que garantice el abastecimiento local.
El Estado argentino venía remediando esta situación con la importación de gas por medio de Enarsa, pagada a un precio mucho más costoso que el local, dinámica que el gobierno de Javier Milei tenía los planes de terminar a cambio de una privatización de este servicio y el pasaje directo de la factura final –con los precios internacionales incluidos- al bolsillo de los trabajadores. Sin embargo la guerra en Medio Oriente arruinó todos los planes de Milei, postergando dicha medida.
Es que la agresión imperialista contra Irán tuvo como secuela el cierre del estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% del flujo mundial de GNL, además de la situación comprometida de las principales instalaciones gasíferas del mundo, como ocurre con la mayor productora de GNL del mundo ubicada en Qatar que fue objeto del impacto de misiles, disparando de inmediato el precio del GNL en un 17%. Los Emiratos Árabes Unidos también suspendieron su producción de gas por razones similares, así como la plantas de Bahréin también fueron atacadas.
El gobierno nacional, que en estas fechas debería tener adjudicados los contratos de compra del GNL, no tiene asumido ningún compromiso, poniendo en riesgo el abastecimiento para el invierno, tanto para uso doméstico como industrial. Incluso dejando trascender que para regular el consumo de gas a precios de guerra trasladará la factura a los consumidores, lo que redundaría en hogares con menos calefacción y en otro impacto en los precios debido a una mayor caída de la actividad industrial y de la producción de bienes que podría escasear.
Se estima que antes del conflicto el GNL tenía un precio de alrededor de 10 dólares por millón de BTU, mientras que hoy cotiza en torno a los 21 dólares, con una industria local que garantiza un precio interno de 5 dólares por millón de BTU a través del Plan Gas. Mismo programa por el cual el Estado argentino adeuda 130 millones de dólares a las productoras de gas Tecpetrol y Pampa Energía.
Quienes venían con la motosierra fracasaron en sus planes privatizadores, ssn siquiera sanear las deudas del Estado, mientras planean como trasladarle el fardo a los trabajadores. Hay que intervenir contra los interese de los monopolios capitalistas que dominan la energía en la Argentina y proceder a una nacionalización bajo control obrero, con la apertura de los libros y control de los trabajadores y usuarios, para evitar que se trasladen los precios internacionales al consumo local y ofrecer una salida en defensa de los trabajadores.




