Políticas

7/7/2005

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Cristina va de kompras

Dicen que al gobierno la noticia de la inflación de junio le cayó ‘como un mazazo’. Cómo les habrá caído entonces a los jubilados que cobran 350 pesos, o a los ‘jefes y jefas’, que están ‘bancarizados’ a razón de 150 pesos mensuales.


O al conjunto de los asalariados, que sacan un promedio de 600 pesos al mes.


El uno por ciento de inflación mensual, o el 11% al 12% que se estima para todo el año, es apenas una media, que impacta en forma diferente en los ricos y en los pobres.


La carestía de junio impactó, por sobre todo, en los alquileres y las expensas, entre el 6% y el 10% en un solo mes.


O sea que afectó duro, también, a la clase media baja y a los obreros que ganan por encima del promedio.


Pero a los que alquilan habitaciones o se defienden en conventillos, la suba los va a mandar a una villa.


Desde hace unos meses ha vuelto a crecer manifiestamente la población de villas de la Ciudad.


Todo esto ocurre en un país donde la devaluación y la oposición del gobierno al aumento de los salarios ha reducido la capacidad adquisitiva de los trabajadores en un 30% con relación a 2001.


Esta pauperización no la arregla el subsidio de 30 pesos que el Pami otorgó a los jubilados.


Representa 360 millones al año sobre un superávit fiscal de veinte mil millones de pesos.


Un 1,5% de ese superávit; un 0,03% de la recaudación tributaria.


Los subsidios a la patronal extranjera de la industria automotriz son, en cambio, de seis mil millones de pesos.


Alguien podrá decir que la inflación no beneficia a nadie y que perjudica a todos en alguna medida.


No es así.


Ese uno por ciento de junio es música para los oídos de los tenedores de bonos indexados en pesos; la deuda creció en 300 millones de dólares.


Lavagna está por lanzar una nueva emisión de bonos de estas características; una inflación anual del 11%, sumada a una tasa de interés del 6% al 7%, da un ‘rendimiento’ usurario de casi el 20% anual.


Que puede ser mayor en dólares, porque el dólar está bajando.


La mayor parte de estos títulos está en poder de los bancos.


De los mismos bancos que van a financiar a Cristina cuando salga de ‘compras’ para apuntalar su campaña electoral.


¿O Francisco Luzón, del Banco Santander-Río, no acaba de decirle a Clarín que “le gusta” la política del gobierno?


Para el gobierno, la inflación es mayor recaudación tributaria y mayor superávit, lo que no quiere decir que vaya a aumentar los sueldos de los maestros bonaerenses, chaqueños o de Salta.


Recuerden, entonces, que cada vez que Cristina (o Chiche, que representa los mismos intereses sociales) saca la tarjeta para pagar, la cuenta de fin mes la pagan los trabajadores.