03/04/2003 | 795

Cuando la abstención se pasa de temporada

Por M.R.

Las razones que ha dado Zamora para participar en las elecciones de la Ciudad al mismo tiempo que mantiene la abstención electoral para las presidenciales no tienen ningún sentido y es probable que él lo sepa mejor que nadie. Que reivindique la convocatoria a votar en la Capital porque las elecciones legislativas y ejecutivas son simultáneas es demasiado vulgar. En realidad, las elecciones porteñas son las más tramposas de todas porque se adelantaron por un cálculo político pero el ganador sólo asumirá el 10 de diciembre. Si Duhalde las hubiera hecho, él también, simultáneas, habría debido postergarlas para octubre, lo que no es muy democrático que digamos, o habría tenido que postergar la asunción del 25 de mayo también al 10 de diciembre. Que Zamora diga que una elección simultánea de cargos da la posibilidad de que se vayan todos revela una colosal ignorancia, porque para que se vayan todos es necesario asegurar las condiciones para que se pueda elegir una nueva representación popular, lo cual significa que el gobierno que las convoca debe ser un gobierno de las organizaciones en lucha. Pero, además, esa representación popular nueva debería ser Ejecutiva y Legislativa a la vez, o sea capaz de poner en marcha sus decisiones, en definitiva una Constituyente con poder.


Que un político que insiste en no pagar la deuda externa vea más adecuada una disputa municipal que una presidencial no deja de llamar la atención, porque sólo en esta última y no en la primera se puede plantear la deuda externa más adecuadamente. Hay que llegar a la conclusión de que Zamora se ha visto obligado a dar una voltereta y que la explica como lo haría un político del montón.


El cambio de Zamora obedece, en primer lugar, a que el votoblanquismo no ha arraigado como movimiento popular. Serán muchos los que dejarán de ir a votar, pero las razones de su insatisfacción o desinterés serán de lo más heterógeneas; por eso no pesa. Pero Zamora tiene otro motivo para repudiar una eleccion y anotarse en otra: un hombre solo no puede inscribirse para todas las competencias. Es decir que este giro electorero y municipalista de Zamora es la consecuencia de su propia política, o sea, cortarse solo y repudiar la construcción de un partido. El balance que Zamora saca de su actividad política anterior es que la izquierda es un aparato de punteros, lo cual probablemente sea cierto para el partido del cual proviene. Pero Zamora no ha hecho un balance de los programas, por eso tiene que andar saltando las baldosas flojas.


Tan inevitable como el viraje de Zamora es la propuesta de unidad que le hizo enseguida Iu, la cual ha hecho un culto del manoseo. En la propuesta se adivina el afán de pactar listas legislativas locales separadas con el mismo cargo ejecutivo e incluso diputados nacionales. Es decir que la presencia de Zamora no arriesgue su continuidad en la Legislatura. De nuestro lado, tenemos una propuesta más seria: si Zamora cree que los problemas de la política socialista o revolucionaria van más allá que una primavera de intención de votos que quizás ya haya pasado, nos ofrecemos a una discusión seria y a compromisos prácticos de acción.