05/12/1996 | 522

De qué duda el cura Farinello

Una rápida hojeada al panorama mundial permite constatar una característica común a la mayor parte de los países: las masas se esfuerzan por encontrar el canal político adecuado para realizar sus reivindicaciones.


Por ejemplo, en Francia, una impresionante huelga de camioneros asestó lo que todos los comentaristas consideran un golpe decisivo al gobierno capitalista. Las centrales sindicales y los partidos centroizquierdistas, sin embargo, se han negado a organizar una huelga general que ponga fin a la política de desempleo masivo y abra el camino a un gobierno de trabajadores. Pero así como la política traidora de estas direcciones no ha podido frenar el constante ascenso de las luchas que se iniciaron a fines del año pasado, tampoco podrá evitar el desenlace que tanto teme.


Otro ejemplo es Yugoslavia, donde las masas se empeñan en encontrar el camino de la insurrección, tanto en Serbia como en Croacia, y es por esto mismo que la dirección ‘democrática’ del movimiento se esfuerza por impedir la huelga general y por agitar la demagogia nacionalista, y se desvive en dar seguridades al imperialismo occidental de que no promueve el derrocamiento del carnicero Milosevic.


Algo parecido acaba de ocurrir en Grecia con una monstruosa huelga general, o en Rusia, cuando a principios de noviembre unos 20 millones de obreros protagonizaron huelgas y manifestaciones, mientras sus dirigentes ‘comunistas’ insistían, ante quien se pusiera a tiro, en que no pretendían voltear al ‘capitalismo’.


O en Bélgica, donde la movilización contra la red de pedofilia montada desde el gobierno se ha convertido, según los diarios europeos, en una ‘revolución’ que ‘cuestiona’ a todos los poderes del Estado. O en Alemania, que tiene previsto para enero el comienzo de grandes huelgas en la industria pesada, en defensa de los derechos laborales.


Desde el ‘santiagueñazo’ no existen dudas de adónde se dirige la Argentina. Así lo demostraron el Cutralcazo, las rebeliones educativas, las ocupaciones de fábricas en Córdoba, las grandes huelgas de los choferes bonaerenses y, claro, las dos huelgas generales. Pero es precisamente por esto que Daer está transando con Menem una ‘reforma laboral’ que liquida los convenios colectivos, y una ‘normalización’ del PAMI que apunta a su liquidación.


En este cuadro, radicales y frepasistas discuten la ‘unidad’. ¡Pero qué ‘unidad’!  Dice Joaquín Morales Solá en La Nación (1/12): “Frepasistas y radicales sostienen que deben entablar, mucho antes del recambio presidencial, un diálogo con esos sectores empresarios para establecer acuerdos sobre la relación entre tales grupos y el Estado, sobre la función del Estado en la era posprivatizadora (sic) y sobre la continuidad jurídica del Estado. ‘No se puede gobernar contra ellos’, ha dicho Chacho Alvarez”.


Pero mientras Alvarez se preocupa por los empresarios, “Un informe de la Sindicatura General de la Nación advierte sobre el peligro del traspaso del PAMI a la provincia de Buenos Aires, informa Pagina 12 (3/12), ya que en importantes zonas del conurbano los hospitales públicos no están en condiciones de brindar atención médica a miles de jubilados”. Y en tanto el gobierno está dispuesto a afrontar alegremente este riesgo, La Nación (1/12) informa que la intervención menemista del PAMI ha contratado “fiscalizaciones externas” por casi cuatro millones de dólares, sólo para el año 97.  Si no se puede gobernar contra las auditorías internacionales, contra los pulpos de la salud, contra los acreedores financieros, contra la burguesía monopolista y contra los industriales, comerciantes, banqueros y latifundiarios contrabandistas; ‘si no se puede gobernar contra ellos’,¿qué pueden esperar, por ejemplo, los afiliados al PAMI?


¿Se le ocurrió pensar en esto al cura Farinello, amigo a la vez de los pobres y del Chacho Alvarez? No es la salud lo que pondría en riesgo el sacerdote si acepta la candidatura a diputado por el Frepaso, sino el ‘alma’.


Los trabajadores que luchan contra el desastre menemista se enfrentan a la necesidad de sacar conclusiones. Aquí y en el resto del mundo, hay que construir y desarrollar poderosos partidos obreros revolucionarios, para que las masas encuentren la expresión adecuada a sus intereses y el instrumento de la victoria.


A esta estrategia consagrará sus deliberaciones el VIII Congreso del Partido Obrero, que se reunirá del 5 al 8 de diciembre próximos.