15/09/2016 | 1428

Deán Funes y Río Cuarto


El 23,3% obtenido por el Partido Obrero en las recientes elecciones de Deán Funes, con los cuatro constituyentes electos, aparece como un fuerte contraste con el 2,5% que obtuvo parte de la izquierda, sumando los votos del PO y del PTS, en las elecciones del 12 de junio en Río Cuarto. En esta última, el Partido Respeto, formado para la ocasión, obtuvo casi el 10% y metió dos concejales con una campaña de tintes democratizantes, en la cual su rechazo a los partidos y a los políticos se hacía de manera indiferenciada, para poder atacar a la izquierda como expresión de lo “viejo” y de la “partidocracia”. Así, el 17% de los electores que votó por partidos de izquierda en Río Cuarto en rechazo al PJ y a Cambiemos fue neutralizado como factor político positivo por la orientación política reaccionaria del Partido Respeto.


 


En Deán Funes, el rechazo a los partidos que gobiernan fue por demás explícito. Sólo votó el 25% del padrón. Y el 64% de los que votaron lo hicieron contra la alianza que integraban el Vecinalismo, la UCR, el PJ, el PRO, el FpV y el juecismo. Las tres primeras tienen el control total del Concejo Deliberante y obtuvieron sumadas el 80% de los votos en las municipales del año pasado; esta vez sólo el 11% del padrón electoral. Cabe consignar que en la alianza estaban los partidos que metieron la mano en las arcas públicas a tal punto que hubo dos intendentes presos y otros imputados. Que hayan ido todos juntos era desde ya la expresión de una crisis: ninguno se sentía seguro de ganar, prefirieron aunar esfuerzos para armar un régimen acorde a las necesidades de las facciones o camarillas que integran ese frente, dejando para más adelante la pelea por cuál de ellas se queda con el control del aparato.


 


Es decir, en la elección de Deán Funes también pesaron reclamos democráticos y de rechazo a los aparatos políticos. La pretensión de la alianza oficial de proponer una organización municipal a “prueba de crisis”, de blindaje de los que gobiernan a través de la estipulación de la figura del viceintendente o de la instalación de las Paso fue claramente rechazada.


 


A diferencia de Río Cuarto, este rechazo permitió un crecimiento del 1.100% en el porcentaje obtenido por nuestro partido en las elecciones municipales de 2015. La campaña del Partido Obrero en Deán Funes tuvo una consigna claramente democrática: “Para que el pueblo decida”. Pero no colocamos esa decisión en términos abstractos o formales; por el contrario, le dimos un contenido preciso en función de los intereses de los trabajadores. A la par que denunciamos la pretensión de los integrantes de la alianza de perpetuarse en el manejo del municipio, levantamos las reivindicaciones más acuciantes de las masas como son el reclamo de la tierra y la vivienda, del trabajo, de la lucha contra la violencia a la mujer, de la juventud, etc. (ver Prensa Obrera N° 1.427). Al constitucionalismo burgués clásico, que se reduce a la enumeración de derechos, le opusimos un método socialista que consiste en garantizar la efectivización de los mismos para el conjunto de la población trabajadora.


 


Impulsamos esta política con un método adecuado, opuesto al faccionalismo. La lista del Partido Obrero recogió a lo mejor del activismo de lucha del municipio y se convirtió en los hechos en la expresión de un frente único contra los partidos capitalistas y su gobierno. Pero, a diferencia de los rejuntes transitorios, que reúnen en una lista expresiones heterogéneas política y socialmente, nuestra lista tuvo un programa claro que aseguró la cohesión necesaria que reclama una lucha política abierta.


 


Por esto recibimos críticas de nuestros oponentes. Nos acusaron de hacer una campaña ajena a lo que debía discutirse, al proponer medidas concretas (que serían para ellos más propias de una elección para el gobierno de la Ciudad); para ellos, era el momento de discutir las “formas”, como si éstas fueran ajenas a los intereses de clase de quienes las propugnan. Por el contrario, planteamos que las reivindicaciones tienen que estar precisadas: banco de tierra, obras públicas, consejo autónomo de la mujer, etc., y que, por lo tanto, “las formas” tienen que garantizar su efectivización: la revocabilidad de los funcionarios, la apertura de los libros, el carácter vinculante de las resoluciones de las asambleas vecinales, la elección de intendente y concejales en tramos distintos de la boleta, la eliminación de la cláusula de gobernabilidad que asegura la mayoría del Concejo a quien gobierna, eran las formas para que el pueblo pueda decidir.


 


O sea: una campaña obrera y socialista pegada a la propia comprensión que el pueblo de Deán Funes tenía sobre lo que estaba en juego.


 


Esa batalla en la campaña la ganamos de punta a punta. En el tramo final todos empezaron a hablar de las reivindicaciones.


 


Los resultados distintos obtenidos por la izquierda en Río Cuarto y Deán Funes no se deben a que la situación subjetiva de las masas haya sido cualitativamente distinta. Las ilusiones democráticas del electorado popular están presentes en ambos distritos. La diferencia fundamental radicó en el abordaje dado por las fuerzas políticas. Mientras en Río Cuarto el Partido Respeto hizo una explotación reaccionaria de estas ilusiones, en Deán Funes fueron desarrolladas bajo la forma de un programa contra los partidos capitalistas y su gobierno.


 


Así, del mismo modo que Río Cuarto había “encendido la alarma” (Prensa Obrera Nº 1.415), Deán Funes muestra una respuesta positiva al dilema planteado, confirmando que el frente único de clase contra el gobierno y los partidos capitalistas es la política justa para el desarrollo de la izquierda como alternativa política.

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