30/11/2015

Defendamos a los trabajadores del Bauen


El diputado macrista Federico Pinedo eligió la vulgaridad y la mentira para atacar la expropiación del hotel Bauen, que tuvo lugar en la sesión de Diputados boicoteada por Cambiemos y la mayoría de la oposición. Según Pinedo, la ley sobre el Bauen implica “quitarle dinero a la gente que puede tener necesidades básicas de alimentación,  para que 40 personas tenga un hotel en Callao y Corrientes" (La Nación, 28.11). Súbitamente, el portavoz parlamentario del gobierno que piensa devaluar y reducir las retenciones a los granos –todo lo cual llevará a una carestía espantosa- se acordó de los pobres, pero sólo para atacar a un grupo de trabajadores. Paradójicamente, Pinedo nos hizo acordar al kirchnerismo, cuando, por ejemplo,  justificaba el impuesto al salario con el argumento de ´financiar a los más necesitados`.  


Por desconocimiento o por malicia, el diputado faltó groseramente a la verdad.  La ley del Bauen no  ha resuelto que “cuarenta personas –n.de la r. son ciento cuarenta- tengan un hotel”. El hotel quedó “sujeto a expropiación” por parte del Estado, y sólo será cedido a préstamo al colectivo de trabajadores que lo ocupa desde su quiebra fraudulenta. Estamos, por lo tanto, ante una estatización, cuyo pago será descontado de los créditos y deudas fiscales impagas de la patronal con el Estado y el ex Banco de Desarrollo. Bien mirada, se trata de una ejecución fiscal, teniendo en cuenta que el grupo propietario Iurcovich no devolvió el préstamo que recibió de ese ex banco estatal, en tiempos de la dictadura. Pinedo lo sabe muy bien. Por lo tanto, boicoteó la sesión, no por los “cuarenta tipos”, sino para defender a un vaciador capitalista. ¡Pero en eso –el rescate de vaciadores- consiste el 99% de la legislación del Estado, o sea, la que se vota en el resto de las sesiones “normales”! En la jornada del jueves, Pinedo y los suyos brillaron “en ausencia”, poniendo de manifiesto la naturaleza clasista del parlamento.




                Límites




A Pinedo ni se le pasan por la cabeza, en cambio, los límites que ese mismo parlamento le ha puesto a la conquista de los compañeros del Bauen, que defendieron su derecho al trabajo con una lucha ejemplar. La ley expropia el hotel y, a partir de ello, le impone a la cooperativa obrera una serie de obligaciones. Por caso, que el tercio de las instalaciones sirva a pasajeros del Pami – el cual, sin embargo, no asegura la ocupancia permanente de esas habitaciones.  O sea que los activos del Bauen son estatizados, pero la situación de sus trabajadores –sus ingresos e incluso su destino laboral- queda librada a los vaivenes del mercado. Los compañeros deberán afrontar los límites insuperables de la autogestión obrera bajo el capitalismo, que ya han padecido en la Argentina todas las llamadas “empresas recuperadas”. La ley Bauen ni siquiera asegura una garantía salarial por parte del Estado, a favor de quienes –a su cuenta y riesgo- deberán seguir haciendo funcionar un hotel de ese mismo Estado. El Congreso ha sido con los compañeros del Bauen infinitamente más mezquino de lo que fue con Repsol, los acreedores de la deuda pública o cualquier otra corporación capitalista que obtuvo garantías ilimitadas para sus intereses.  El mismo régimen social que estatiza las quiebras empresarias –en ese caso, con quórum pleno- convierte a los trabajadores en precarios “emprendedores”..


 


                Curarse en salud




El enorme dispendio de fondos que exigen los cotidianos rescates capitalistas convierte en migajas la eventual expropiación del Bauen, al igual que al proyecto carboeléctrico de Santa Cruz que también fue votado este jueves. Lo que molesta a Pinedo, entonces,  no son las cuentas fiscales sino el significado político de estos proyectos. Con sus límites y distorsiones, ellos son el resultado de una monumental presión obrera en defensa del derecho al trabajo. Las leyes votadas traducen un veto de la clase obrera a la tentativa capitalista de emerger de la crisis a costa de despidos en masa, recortes de salarios y conquistas, y que se expresaron en su momento en ocupaciones de los lugares de trabajo.   Es claro que, en el cuadro de la organización social existente, ese veto traduce una situación transitoria e inestable: o los capitalistas recuperan el timón de la producción, o  la clase obrera progresa hacia una reorganización social integral, bajo su propio gobierno. Por eso mismo, es necesario que las conquistas logradas apuntalen el desarrollo de una conciencia política independiente, en oposición a la cooptación estatal y al confinamiento dentro de los límites de la gestión cooperativa.  




Pero a Pinedo no le preocupa el Bauen, sino las convulsiones que se vienen:  ocurre que la emergencia de un ajuste y una recolonización financiera deberá agravar la crisis industrial, y la emergencia de despidos. Hoy mismo, una gigantesca lucha obrera, la de Cresta Roja, vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de quién paga la crisis. En su lucha, los miles de obreros de la avícola exigen una salida que preserve sin condiciones los puestos de trabajo amenazados. La postergada expropiación del Bauen–que el kirchnerismo evitó durante más de diez años- no sólo nos evoca la crisis de 2001, sino los términos de la bancarrota actual y de su desenlace.  Los ataques del macrismo al Bauen -y a la izquierda que sostuvo la sesión del jueves- preparan un contragolpe parlamentario en el Senado,  para frustrar esta expropiación y otras leyes votadas el jueves  que implicaron conquistas obreras. Es necesario preparar una gran movilización de advertencia, para asegurar su votación.

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