22/02/2001 | 697

Del senado al Banco Central, cesación de pagos (II)

Un régimen político todo en negro

Las denuncias de lavado de dinero han venido a completar el cuadro de crisis profunda del régimen político actual. Los que creían que la renuncia de Alvarez se podía superar con la formación de una mesa de debate de la Alianza; que el escándalo del Senado podía olvidarse con el archivo de la causa por parte de Liporaci; o que el encubrimiento efectuado por este último podía pasar desapercibido; todos los que creyeron que la Alianza se sacaría la crisis sin dolor, o que bastaría para «blindarla» el socorro del FMI; todos éstos se han llevado un flor de chasco, porque la crisis ha crecido en envergadura y la prueba es que hoy están en la picota dos pilares de la convertibilidad: el Banco Central y el Citibank.


Blindaje, las pelotas


La crisis del Senado se ha reabierto con una nueva denuncia de los fiscales; Liporaci deberá enfrentar un juicio político; la Mesa para reubicar a Alvarez tuvo que entrar en la congeladora luego de las divergencias sobre Cuba; y ahora puede rodar la cabeza del presidente del Banco Central. La sola posibilidad de que esto ocurra ha desatado las iras de la banca local y de sus voceros mediáticos, que temen con toda razón que pueda quedar al descubierto el origen corrupto de sus capitales. Sólo haría falta ahora un pequeño empujoncito financiero para que todo se vaya al diablo, y eso es lo que ya podría estar ocurriendo con el estallido en Turquía. Pero los culpables del colapso turco no son por supuesto los turcos sino los capitales norteamericanos, extraordinariamente endeudados, que cotizan en Nueva York. Luego de una primaverita de 40 días, las tasas de interés de estos capitalistas hipotecados han vuelto a empinarse unos 800 puntos por encima de las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, es decir que vuelven a pagar, ellos, intereses usurarios del 12-13% anual.


Ahorcados con su propia soga


Las denuncias de lavado de dinero han salido de las propias entrañas del monstruo, o sea del Banco Central, cuyos funcionarios subalternos se las pasaron al mendocino Gutiérrez y a la chaqueña Carrió, lo cual refleja por sí mismo un agudo choque entre los encargados de manejar la política monetaria y de supervisar el sistema financiero. La presencia de Moneta en la mayor parte de las denuncias pone al desnudo la corrupción de las privatizaciones menemistas y su íntima conexión con los negocios internacionales de la banca norteamericana en Argentina, en especial el Citibank. De la denuncia no escapa el actual jefe de Gabinete, Colombo, ex gerente del Comafi, una financiera bendecida por Pedro Pou.


La crisis rusa, sí


La investigación ha recalado en los Estados Unidos por la sencilla razón de que la crisis rusa de 1998 puso en evidencia que el sistema bancario norteamericano es el canal de blanqueo de gigantescos capitales ilegales, que en muchos casos habían utilizado para sus operaciones los préstamos que otorgaban el FMI, el Banco Mundial o el Banco de Reconstrucción Europeo. Es decir que el sistema financiero internacional estaba socavando a las instituciones financieras internacionales y estaba organizando una mafia financiera internacional. Pero los bancos cuestionados no podían actuar de otra manera, por la simple razón de que incluso los más fuertes se encontraban en situaciones de insolvencia. La respuesta a la pregunta de qué fue lo que salvó al Citibank de la quiebra en la recesión de los ‘90, hay que buscarla en el lavado de dinero, como quedó suficientemente probado en la investigación del papel que tuvo en el manejo del narco-dinero de la familia Salinas de Gortari. El Senado norteamericano no va a precipitar la caída de la banca yanqui, nada más lejos de sus intenciones, pero está obligado a establecer algún método que supervise el blanqueo de capitales y a hacer mucha demagogia sobre el asunto para engañar a la opinión pública.


La convertibilidad lava mejor


El lavado de dinero es la carpa de oxígeno de la convertibilidad, que sólo puede subsistir mediante la inyección de capital del exterior, o sea repatriando capitales en negro o aumentando sin cesar la deuda externa. Hay depositados fuera del país unos 100.000 millones de dólares de capitalistas argentinos, cuya entrada y salida rotativa de la Argentina sólo es posible porque evita quedar registrado y, con ello, que se descubra su origen o se lo obligue a pagar impuestos. Esto explica la reacción desaforada del establishment, que hasta antes de estas denuncias promovía toda suerte de campañas contra las drogas y la corrupción.


El lavado de dinero y las operaciones encubiertas del Banco Central jugaron un papel fundamental en el manejo de la crisis del tequila, en 1995, cuando varios bancos se salvaron con plata del Central y luego fueron vaciados por sus dueños, que se llevaron el dinero a los «paraísos fiscales», para luego volver «limpios» a la Argentina bajo la forma de una compra de bonos de la deuda externa o de inversiones inmobiliarias en Buenos Aires que seguramente tenían como intermediario al Citibank. Es decir que el dinero que ilegalmente emitía el Central para salvar a sus amigos capitalistas no derribaba la convertibilidad gracias a la posibilidad que tenía ese dinero de salir en forma ilegal y volver después legalizado como mayor deuda externa. Una investigación adecuada llevaría a la cárcel por lo menos a todo el gobierno de Menem y en especial a sus arquitectos económicos, pero por sobre todo acabaría con la convertibilidad y con su régimen político en menos de lo que canta un gallo.


Cesación de pagos


Pero así como es cierto que las denuncias de lavado plantean un riesgo potencial para la convertibilidad, la verdad es la contraria: ha sido la crisis de la convertibilidad la que potencia, en última instancia, esas denuncias. La manifestación de esta crisis es la cesación de pagos, o sea que las reservas acumuladas no son suficientes para mantener circulando a la deuda externa. La UIA reclama que parte de las reservas de los bancos sea destinada a otorgar préstamos, fingiendo ignorar que son usadas para reciclar la deuda externa y que otro uso precipitaría la bancarrota. Por otro lado, el negocio de la deuda rinde más que el préstamo a la industria, incluso corriendo el riesgo de una cesación de pagos del Estado. Los propios bancos del Estado se encuentran atados a la deuda pública: el Provincia a la deuda bonaerense, en tanto que el Ciudad tiene el 50% de sus activos en deuda nacional.


Asamblea Constituyente


El ingreso del Banco Central al remolino de la crisis de las instituciones de Estado pone de manifiesto una crisis realmente de conjunto. La continuidad del régimen compartido de la Alianza y el PJ solamente puede agravar la situación. A medida que los acontecimientos se desarrollan y precipitan, salta a la vista de cualquiera la extraordinaria oportunidad de la consigna del Partido Obrero: Fuera los gobiernos nacional y provinciales del FMI, por una Asamblea Constituyente libre y soberana, y por asambleas constituyentes en todas las provincias.

 

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