30/11/2000 | 690

Después de la huelga general

Ni "concentración" ni "gabinete de emergencia": Huelga de 72 horas y Congreso de Trabajadores

El paro activo de 36 horas ha sido un inmenso pronunciamiento nacional contra el gobierno fondomonetarista.


«La huelga más importante desde el advenimiento de la democracia», ha sido una movilización extraordinaria de fuerzas de la clase obrera y el escenario de una nueva dirección en marcha, expresada en la multitud de dirigentes piqueteros que aparecieron como un nuevo factor de la situación política. El rasgo absolutamente dominante fueron los piquetes de desocupados, mujeres y delegados y activistas de las fábricas y lugares de trabajo. Esta organización garantizó la huelga, ocupó las calles y organizó cortes en «sitios sorpresivos para los propios jefes gremiales», y fue lo que determinó que «la organización de la protesta callejera no fue(ra) ‘cegetista’ sino ‘setentista’…» (La Nación, 26/11).


El paro de 36 horas fue una huelga descomunal por otra razón. La clase obrera no fue a la huelga movilizada por una confianza en las direcciones convocantes o en sus políticas, todo lo contrario. Fue, en este sentido, un puro paro «de abajo» que las burocracias han intentado canalizar, castrando sus posibilidades.


Esto se ve en la conclusión que han sacado las direcciones luego de esta enorme demostración de fuerzas.


«Esto es como una pelea», planteó Moyano (La Nación, 25/11), «cuando después de darse trompadas, suena la campana y los boxeadores se abrazan y se besan» La CGT disidente piensa tomarse un tiempo para lograr una concertación social con el gobierno y las patronales. Mientras tanto, se da por consumada la destrucción de la PBU y de los restos de la jubilación estatal, la rebaja de los salarios y la «desregulación» de las obras sociales.


Esta política se repite por tercera vez.


Después de la primera movilización contra el proyecto de reforma laboral, el 24 de febrero, la dirección de la CGT disidente planteó también tomarse un tiempo. El propósito, como ahora, era arrancar un nuevo plan económico y la reactivación (el «cambio del modelo») por medio de la concertación.


Así pasó la reforma laboral.


La conducta se repitió, casi punto por punto, luego del inmenso paro general del 9 de junio.


Así pasó la rebaja de salarios.


Luego del inmenso paro activo de 36 horas, ¿dejamos pasar ahora la nueva ofensiva contra los trabajadores, para volver luego a otro paro aislado en el que demos por hecho el impuestazo, la reforma laboral, el ajuste y el paquetazo de hoy?


De este modo, cada batalla, por importante que sea, le deja la iniciativa al enemigo. La política de «cambiar el modelo» a través de la concertación, en lugar de la lucha firme hasta arrancar los reclamos, se ha convertido así en una contraseña para que el gobierno siga golpeando.


La dirección de la CTA ha salido a reclamar un «gabinete de emergencia». ¡Pero éste fue el reclamo cuando se entrevistaron con De la Rúa, y la respuesta fue el demoledor ataque sobre los derechos laborales que llevó a la huelga de 36 horas!


Por todas estas razones se trata de seguir la lucha hasta arrancar los reclamos y convocar a un Congreso de trabajadores.


Reclamar una huelga general activa, ya no de 36 sino de 72 horas y un plan de lucha hasta arrancar la derogación de la rebaja salarial, de la reforma laboral y del paquete antiobrero en marcha.


Convocar a un Congreso de trabajadores, porque necesitamos la deliberación de los miles de piqueteros que construyeron la enorme huelga general, para organizarnos, elaborar un programa, estructurar una dirección e ir por lo que nos corresponde.

 

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