17/08/2017 | 1470

Después de las Paso, conclusiones y tareas

Por Corresponsal Comité Nacional del Partido Obrero

El capital internacional y la burguesía nacional celebraron con una suba de la bolsa el resultado electoral, que representa una consolidación de posiciones para el gobierno Cambiemos. Ese aval contrasta con el apoyo tibio o nulo que recibieron otras variantes patronales, las cuales, de todos modos, permanecen como elementos de reserva para la clase capitalista. Ello vale para Massa pero también para la propia CFK, que se presentó a elecciones con el planteo político de amortiguar el costo social del ajuste.


 


La obtención, por parte del gobierno, de solamente un tercio de la votación general, muestra, ciertamente, que la fracción oficial de la burguesía representa una clara minoría en el conjunto del padrón. El resultado de conjunto, sin embargo, al que hay que añadir a las listas de gobernadores que comulgan con la política macrista e incluso el apoyo más condicionado de otras fracciones capitalistas, indica un avance político de la clase capitalista contra los trabajadores.


 


El porcentaje de los votos del macrismo no agota, sin embargo, la caracterización política del desenlace de las Paso. El macrismo, además, ha demostrado una superioridad transitoria para pilotear el proceso político de ‘ajuste’ en detrimento de las fracciones patronales rivales. El kirchnerismo se engaña cuando pretende que los dos tercios restantes de los votos constituyen una victoria de la oposición al ‘ajuste’ o al ‘neoliberalismo’. En contraste con lo ocurrido durante el período menemista, sin embargo, contar con sólo un tercio del electorado marca una debilidad estructural del gobierno en el marco de un régimen democrático o electoral.


 


¿“Derechización”?


 


El kirchnerismo, que caracteriza los resultados en términos de una mayoría anti-ajuste, se contradice a sí mismo cuando enseguida alude a la derechización del electorado. El apoyo a un programa de ajuste capitalista no alcanza todavía para hablar de una derechización, ni supone la hostilidad contra la clase obrera. La ilusión de que una política ‘como la de los países normales’ lleve a un progreso social es muy diferente de una derechización, lo mismo que las ganancias de una fracción de la clase media y el sector superior de la clase obrera, con la bicicleta financiera y la oportunidad del turismo y compras en el exterior. Gran parte de ese electorado adhiere a planteos de derechos democráticos, como el del aborto, el laicismo, el apoyo a la lucha de la mujer e incluso algunas reformas sociales limitadas.


 


Para alcanzar este resultado favorable, el gobierno llevó adelante una dura batalla política: por un lado, agitó, en forma extorsiva, el fantasma de la “vuelta al pasado”; o sea, del nacionalismo en descomposición -en el plano continental, con Venezuela; en el país, con las corruptelas del kirchnerismo y el derrumbe social de Santa Cruz. La hipótesis de una “derechización” del electorado es, para los K, un auto-encubrimiento respecto de su rol en el gobierno y, ahora, en la seudo oposición.


 


El argumento de “yo o el caos” impulsó, en las semanas previas, una fuga de capitales y una devaluación del peso arreglada con el mismo Banco Central. El gobierno también bombardeó con guarismos sobre una supuesta reactivación económica, que quedaría trunca en el caso de un triunfo de Cristina Kirchner. Con esta campaña se quiso ocultar el endeudamiento macrista -sumado a la hipoteca dejada por el kirchnerismo-, que ha elevado la deuda pública a dos tercios del producto. El proceso económico, de conjunto, ha acentuado una diferenciación social entre la clase media y asalariados endeudados, de un lado; y la clase obrera precarizada, cesanteada o empobrecida, del otro, y ayuda a caracterizar la base social del macrismo.


 


Uno de los ejes colocados con más fuerza por el gobierno ha sido el de la corrupción kirchnerista. Se sirvió, por ejemplo, del caso De Vido para intentar un verdadero golpe parlamentario y avanzar en otras medidas de excepción y gobierno por decreto. La línea anticorrupción y medidas de excepción ha sido aplicada también a la escalada antiobrera, por ejemplo, cuando se ataca el derecho obrero a litigar por accidentes laborales como la “mafia del juicio”, para extorsionar a la Justicia laboral, o a las propias conquistas laborales a derogar como parte de “prerrogativas mafiosas”. Esta ha sido nuestra ineludible delimitación política en nuestro rechazo a la maniobra De Vido en el Congreso.


 


Peronismo y kirchnerismo


 


El resultado electoral ha significado un salto en la crisis del peronismo, teniendo en cuenta la victoria del PRO en Córdoba; la caída de Verna en La Pampa y del clan Rodríguez Saá en San Luis, aí como la derrota pejotista también en Entre Ríos. El kirchnerismo perdió en Santa Cruz, aunque manteniendo una votación relativamente similar a la que había obtenido en 2015. Por su parte, los K se anotaron una ajustadísima victoria en Santa Fe y probablemente en provincia de Buenos Aires, así como también en Chubut, Tierra del Fuego, Río Negro y Formosa, aunque en este caso con Insfrán.


 


En Buenos Aires, el kirchnerismo no logró la victoria holgada que auguraban distintos observadores y encuestas. En el interior, consiguió recomponerse en algunos distritos, como ocurrió en Salta y Mendoza. Algunos presentan a estos resultados como un fortalecimiento del kirchnerismo, en oposición a la caída electoral de los gobernadores. Esta constatación, sin embargo, no permite afirmar que el kirchnerismo se proyecte como una fuerza autónoma al pejotismo. Ni siquiera se ha presentado de ese modo en esta misma elección, comenzando por la propia provincia de Buenos Aires, cuyo armado depende de los intendentes que comenzarán a jugar desde hoy a su propia supervivencia en los distritos. CFK, junto a un sector de la burocracia sindical, buscará ahora polarizar con el macrismo con vistas a 2019. Pretende quedarse con una mayoría del FpV en el Congreso; a medida que este intento fracase, desataría una desintegración a cortísimo o mediano plazo de la precaria Unidad Ciudadana.


 


En casi todo el resto del país, el kirchnerismo ha jugado como parte del pejotismo. En esa línea, el pejotakirchnerista Página/12 anticipa que CFK no romperá el bloque de senadores justicialistas. El planteo de “unir fuerzas para ponerle un freno”, que el kirchnerismo utiliza ahora para combatir la crítica de la izquierda, será utilizado después de octubre para justificar una actuación parlamentaria común con los representantes de los ajustadores gobernadores pejotistas.


 


La crisis del peronismo se completa con la declinación de Massa. La “avenida del medio” continuará siendo el gran ladero parlamentario del macrismo, al menos mientras la burguesía se mantenga cerrando filas con el programa oficial. La declinación de Massa arrastró a los ‘progresistas’ de Stolbizer y Libres del Sur, y otras variantes de centroizquierda desaparecieron del escenario electoral.


 


Dentro de los términos de la elección del domingo, el macrismo no contará en octubre con una mayoría parlamentaria propia para imponer sus planes de ajuste. Pero lo que viene no será una repetición mecánica de la “coalición a la carta” en el Congreso. El gobierno utilizará el resultado electoral para extorsionar todavía más a la oposición, en función de los propósitos ajustadores.


 


Movimiento obrero


 


El resultado electoral debe ser considerado en relación con la situación en su conjunto. La principal lucha de alcance nacional, la huelga docente, no logró una victoria, a pesar del inmenso esfuerzo desplegado por los maestros. La dirección kirchnerista de Ctera nunca preparó a la docencia para enfrentar a un gobierno que pretendía hacer de esta lucha un “caso testigo” de su escalada antiobrera. Por haber liquidado la paritaria nacional, Esteban Bullrich fue enancado a la principal candidatura del macrismo. En el conjunto del movimiento obrero las luchas de mayor alcance contra los despidos y reestructuraciones fabriles fueron lideradas por la izquierda (AGR, Pepsico), pero sufrieron el férreo aislamiento de la burocracia sindical. El gobierno también desplegó una intensa campaña contra la izquierda en ocasión de esas luchas. 


 


La escalada de despidos y cierres se desarrollaron con escasa o nula resistencia, a causa de la complicidad de la burocracia sindical, incluida la llamada combativa o la Corriente Federal. Como resultado de ello, ha prevalecido un cuadro de reflujo en el movimiento obrero golpeado por el ajuste. Pasadas las elecciones, la anunciada marcha para este 22 tendrá lugar con deserciones y -desde ya- sin medidas de fuerza. La burocracia ha decidido sumarse al régimen de gobierno macrista hasta nuevo aviso. Es necesaria una iniciativa de la izquierda y el clasismo, para colocar la agenda de la clase obrera y denunciar la pasividad de la burocracia. Naturalmente, el primer paso debería consistir en una intervención independiente en la propia marcha del 22.


 


El FIT


 


La votación del Frente de Izquierda se acercó a los 900.000 votos en todo el país. Comparada con las Paso de 2015 representa un crecimiento de aproximadamente el 15%. Sin embargo, la comparación con las Paso de 2013 -que también fue una elección parlamentaria de medio término- arroja un retroceso que se manifiesta en los distritos principales: Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Salta. Hay que valorar, en el cuadro político de conjunto, que hemos superado las Paso en casi todas las provincias y conquistado el terreno para dar la pelea general en todos lados, de acá a octubre.


 


La presentación de la lista del FIT como un bloque “en defensa de los trabajadores” se ha demostrado acertada, a la luz de los choques y luchas planteados en el curso de la propia campaña y del lugar que jugamos en ellos.


 


Es claro, sin embargo, que esta presentación es limitada, si no va acompañada de una lucha política profunda contra los bloques capitalistas en presencia. De cara a una polarización debemos desarrollar, por un lado, la oposición “más consecuente al macrismo”, a la burguesía y al imperialismo, en especial por medio de iniciativas en las luchas.


Debemos luchar por el electorado trabajador que se desilusionó con el voto ‘a la avenida del medio’ y de los excluidos de la elección general. De otro lado, tenemos que producir una diferenciación más aguda con el kirchnerismo. En definitiva, la propia Cristina Kirchner buscó borrar esta diferenciación con su campaña en la “defensa de los trabajadores”, en los que incluyó a la burguesía nacional y a las pequeñas empresas o los productores regionales, entre otros. Si la polarización produce una desmoralización en el kirchnerismo, esta lucha política tendrá un efecto vital; si los campos se atrincheran de ambos lados, servirá como preparación para las luchas políticas subsiguientes.


 


La salida de ellos y la nuestra


 


Es necesario, entonces, que le opongamos a la salida del gobierno ajustador y sus cómplices, nuestra salida. Una crítica a fondo de la reforma laboral, por ejemplo, nos debe demarcar de la demagogia opositora de CFK o Massa. Lo mismo vale para la reforma jubilatoria, donde los planteos K ocultan su oposición al 82% móvil. Un capítulo especial lo deben ocupar las reivindicaciones de la mujer y del laicismo (aborto legal, seguro y gratuito), al cual son igualmente hostiles CFK como Carrió. La cuestión educativa también plantea una reforma de la secundaria en puertas, que muestra la continuidad de las políticas seguidas por los Bullrich o los Filmus en la materia. La lucha por las libertades democráticas también constituye un fuerte ángulo de diferenciación y comienza por una lucha intensa por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Más de conjunto, esto vale para la bancarrota nacional y sus salidas: está planteada la lucha por el desconocimiento de la deuda, la nacionalización de la banca y el comercio exterior. A los partidos de las camarillas capitalistas corruptas, sea de Odebrecht o de Panamá Papers, que han gobernado para la degradación nacional, le oponemos la gestión colectiva de la mayoría trabajadora -o sea, el gobierno de trabajadores. La crisis continental debe ser abordada abiertamente, si no queremos que el macrismo y sus agentes mediáticos nos embolsen en un lugar común con el kirchnerismo y el conjunto del nacionalismo continental. Debemos denunciar la injerencia derechista de los Temer y los Macri sobre Venezuela; el carácter amañado y entreguista de la salida “constituyente” de Maduro y convocar a una acción común de la clase obrera del continente por una salida propia, en Venezuela y en toda América Latina.


 


Las Paso han dejado, en definitiva, un enorme terreno de lucha política para el Partido Obrero y para el Frente de Izquierda, cuyas posibilidades debemos comenzar a desarrollar ya mismo.


 


 


(*) Conclusiones de un debate en el Comité Nacional del Partido Obrero (15/7/2017)


 


 


Foto: Javier Entrerriano