02/09/2020

Diputados y la sesión que no se sabe si fue

La impecable actuación de Romina Del Plá.

Una oposición cambiemita muy dividida encontró un eje aglutinador alrededor de un show en la Cámara de Diputados. Las disputas interiores en ambos bandos de la llamada grieta, parieron una curiosidad: la reunión de labor parlamentaria que habitualmente consume una media hora, se extendió por ocho horas. El episodio resultó más propio de la AFA o de las previas a los viejos confederales de la CGT, que ya ni se hacen. Pero a diferencia de las previas a los congresos donde la “rosca” que los precede garantiza el acuerdo de mayorías y minorías, en este caso parió una sesión parlamentaria que será cuestionada en la Justicia y con ella la legitimidad de las leyes votadas. Una crisis de un poder del Estado donde tal vez arbitre la Justicia, algo que la profundidad de la crisis económica, social y política puede repetir en el futuro y que no está lejos del verdadero fondo de este escándalo en Diputados.

Para que se entienda la cuestión, aclaremos que hubo cuestiones de origen no menores que jugaron su papel. El funcionamiento mixto, parte presencial y parte virtual, requirió una alteración del reglamento que necesitó la mayoría calificada de dos tercios para su aprobación, después de un comienzo donde el gobierno de Alberto Fernández suspendió el funcionamiento del parlamento aprovechando para instalar un régimen de DNU durante todo el período inicial de la cuarentena. Pero el diablo del carácter del régimen emergido de las elecciones de octubre pasado, metió la cola. Se votó una cláusula de prórroga mediante “el consenso de los jefes de bloques”. Por allí pasó buena parte de la crisis, porque Juntos por el Cambio negó su firma y Massa y el bloque oficial consideraron “consenso” la firma de una parte de los bloques. Lo que claramente le dio quórum en la sesión pero no legitimidad a la prórroga. Esta cláusula supuso un régimen de acuerdos estratégicos que hay, pero que se rompió centralmente por la Reforma Judicial.

La oposición de Juntos por el Cambio, jugó de oposición “que no obstaculiza” en todas las leyes centrales del rumbo del gobierno: deuda, ley de emergencia, robo de la movilidad, moratoria a los evasores, entre otras, que el gobierno fue devolviendo con concesiones de todo orden como el retroceso de la expropiación de Vicentin, la postergación durante meses del proyecto de impuesto a las fortunas y otras. Incluso tenía acuerdo con las leyes que se votaron en esta sesión: asistencia al turismo e incremento en las multas y sanciones a la pesca ilegal en mares argentinos.

Pero dos circunstancias dispararon la crisis. En primer lugar la propia crisis interior en Juntos por el Cambio, fracturado en torno a la gestión de la cuarentena y ávido de un eje aglutinador. En segundo lugar la iniciativa de la coalición pejotista de Reforma Judicial, el verdadero trasfondo de la crisis vivida. Esto se vio claro cuando Massa, en uno de los cuartos intermedios, prometió no tratar la cuestión de la reforma de la Justicia (tampoco el impuesto a las fortunas) en todo el mes si se firmaba el acta de prórroga, lo cual fue rechazado después de ser aceptado por la tensa coalición opositora que exigía que esta disposición sea incorporada taxativamente al acta que se firmaba. Por el lado oficial, Massa estuvo dispuesto a que se habilitara el funcionamiento mixto sesión por sesión, pero Máximo Kirchner se opuso. Apuntemos aquí que la posición de Romina Del Plá a esas alturas fue habilitar sesión por sesión, porque el PO se opuso a dar un cheque en blanco a un régimen que definitivamente gobierna con la agenda de los bonistas, del FMI y de ofensiva capitalista contra los trabajadores y jubilados. En la infinitas reuniones de labor, algunas intervenciones de Romina brillaron delimitando campos con ambos bloques de la burguesía. En uno de ellos, cuando se autodefinían a sí mismos como “trabajadores esenciales”, Del Plá le espetó que ni por su condición de clase ni por los intereses que representan ninguno de ellos, salvo los diputados del FIT, son trabajadores.

El trasfondo del mamarracho

El verdadero trasfondo de semejante mamarracho de la institucionalidad de la burguesía es la cuestión de la Reforma Judicial que venía con media sanción del Senado pocos días antes. Por ella, a pesar de que Vilma Ibarra prometió no tocar la Corte, se nombrarían 1.300 nuevos cargos que incluyen centenares de jueces, especialmente federales. Resulta demasiado para la fracción macrista de la clase capitalista que el peronismo y sus alas y gobernadores tomen semejante control del aparato judicial de muy difícil revocatoria. Se trata de una porción  vitalicia del aparato del Estado que puede perdurar en el tiempo.

Pero además, se trata de una Justicia que no solo actuará en las causas de la corrupción de Estado que es inherente al Estado capitalista y sus políticos y empresarios, sino que será la que arbitre en las causas derivadas del tumultuoso período de crisis capitalista que ya estamos atravesando. Cuando lo que viene es la agenda del FMI y de la burguesía en el mundo y en América Latina en particular, el control de la Justicia es clave. Bolsonaro es presidente porque la Justicia de Brasil encarceló a Lula para que eso ocurra. Las mentadas reformas previsional, laboral e impositiva darán origen a numerosos pleitos judiciales donde el régimen necesitará una Justicia alineada, dócil. El arbitraje ante las quiebras, convocatorias y defaults de los grupos empresariales, de lo que tuvimos un botón de muestra con Vicentin, estarán a la orden del día. Los diferendos por deuda de jurisdicción local. Y, ni hablar, del rol represivo del Estado que ya estamos viendo con el crimen de Facundo, los casos de gatillo fácil y barbarie policial y en la polémica por la ocupación de tierras que se extiende por todo el país. Para la agenda de ofensiva contra las masas y su liderazgo, es clave el control de la Justicia para cada una de las camarillas de la clase capitalista. Porque disputan en el liderazgo de esa ofensiva y por las porciones de poder que el control de la Justicia representa.

Gran trabajo de Romina Del Plá

La posición de independencia de clase y política guió la labor de Romina Del Plá como voz del Partido Obrero en el Frente de Izquierda, en cada momento de la crisis política de Diputados que arrancó a las 11 de la mañana del 1° de setiembre y terminó a las 5.30 de la madrugada del otro día. Nuestra diputada no firmó el acta trucha de habilitación por treinta días, pero sí participó de la sesión mixta. El Frente de Izquierda dividió su actitud porque Del Caño firmó el acta del Frente de Todos y luego, al igual que Romina, participó de la sesión. Ambos se abstuvieron en la ley de asistencia al turismo que incluye la exención de cargas patronales previsionales y subsidios a libro cerrado para pago de salarios sin control de cuentas alguno y sin discriminación entre pequeños emprendimientos y grandes grupos hoteleros y turísticos, aunque por otro lado incluye medidas en favor del turismo de familias trabajadoras, entre otras. Y ambos votaron favorable la ley de agravamiento de las sanciones a la pesca ilegal en mares de la plataforma continental argentina. En este último caso, Romina denunció al parche que significan las multas ante un régimen pesquero de depredación del recurso por parte de flotas extranjeras, las rebajas de retenciones a los grupos que operan en una actividad que exporta el 90% de su producción y la flexibilización laboral que a menudo termina con la vida de los marineros. Romina, en la manifestación política inicial, dominada por el show de JxC y el FdT durante cinco horas, abogó por la agenda de los trabajadores, contra la ofensiva patronal y la entrega a la explotación semicolonial del país que comparten ambas puntas de la grieta.

En cuanto a lo que viene, habrá negociaciones. La mayor sorpresa la dio Alberto Fernández en su discurso ante la UIA, dijo que no hubo sesión, cuando se aprobaron dos leyes en la sesión dirigida por su presidente de la Cámara y votadas por sus diputados. Último eslabón del mamarracho. Parece difícil que Juntos por el Cambio llegue hasta el final en la impugnación judicial que podría paralizar por completo el Congreso. Buscarán negociar. Ya lo anunciaron. El gobierno, por su parte, los necesita en apoyo a la agenda común de la burguesía y el FMI, el presupuesto, la reforma jubilatoria y demás leyes como las que le viene aprobando. El telón de fondo de semejante escándalo parlamentario es la crisis sanitaria y económica que escalan de la mano tensionando todos los resortes del poder político. La ola de ocupaciones de tierras como resultado de la crisis de tierra y vivienda es un botón de muestra de la Argentina que viene, que empujará a los trabajadores a intervenir de forma independiente de los dos bandos de la bizarra sesión.

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