25/04/2002 | 751

Duhalde confisca a los ahorristas para pagar la deuda externa

Con el feriado cambiario y bancario y el Bonex, el gobierno de Duhalde completa la confiscación de los 45.000 millones de dólares de los ahorristas, en un intento de salvar a los bancos de la total y completa bancarrota.


La «suspensión» al Scotiabank, dispuesta el jueves, aceleró la debacle a tal punto que si no disponía el feriado bancario, el lunes 22 el Banco Central habría debido suspender a una docena de bancos y el martes al resto. Además, la suspensión del Scotiabank ilustraba que las casas matrices de los bancos extranjeros no estaban dispuestas a traer ni un dólar en respaldo de los depositantes; se puso de este modo en evidencia la mentira de que el gobierno no dejaba a los bancos extranjeros devolver los depósitos en la moneda en que fueron pactados.


Según el gobierno, la plata en los bancos se había terminado por culpa de los recursos de amparo favorables a los ahorristas. Pero de los 10.000 millones de pesos que se fueron desde enero hasta mediados de abril, sólo el 20% se explica por las sentencias judiciales. El resto se escurrió a través de la especulación financiera: los grandes supermercados y los propios bancos compraban plazos fijos a los ahorristas dispuestos a salir del corralito a cualquier precio, a cambio de efectivo por el cual cobraban comisiones del 20, 30 y 40%. Por esta vía, los bancos usaron la plata de los redescuentos que les daba el Banco Central para hacer pingües beneficios, acelerando la caída del sistema bancario. «El retiro de depósitos acentuó la iliquidez de los bancos. A principios de año, el efectivo más los depósitos que los bancos tienen en el Banco Central (encajes) ascendían al 26% del total de los depósitos. Ahora apenas orillan el 11%, pero esto debido a que, por redescuentos y pases, el Banco Central le inyectó fondos a los bancos. De lo contrario, los encajes serían del 6% negativo» (Clarín, 20/4).


Terminada la plata, los bancos salieron a presionar al gobierno para que dispusiera el feriado y transformara obligatoriamente todos los plazos fijos del corralito en un bono. «La medida fue tomada tras una fuerte presión ejercida por los bancos, especialmente durante la última semana, preocupados porque el importante drenaje de fondos dejó a varias entidades al borde de no poder operar» (Página/12, 20/4).


Pero fue el presidente del Banco Central, Mario Blejer, quien explicó la jugada del Bonex 2002: «Sea cual sea el plan, siempre tiene que ser un canje de la deuda que el gobierno tiene con los bancos por una deuda que el gobierno tendrá con los ahorristas» (Página/12, 20/4).


Dicho en otras palabras, con el Bonex, o sea con la plata de los ahorristas, el gobierno de Eduardo Duhalde le paga a los bancos, al 100% de su valor, los desvalorizados e «impagables» títulos de la deuda pública que tienen en su poder.


Los bancos cobran al 100% de su valor los títulos de la deuda externa «local», que valen 20/25%; los depositantes, por su lado, si necesitaran el dinero deberían vender esos bonos en la Bolsa con un descuento del 70 u 80%. Si deciden, en cambio, esperar a que venzan, correrán el riesgo de un nuevo «default», quita o cualquier otro tipo de confiscación de esos bonos. De cualquier modo, esos bonos en «dólares» tendrán un menor valor porque devengan apenas el 2% anual (contra el 6% en el mercado internacional).


Todo esto demuestra que en medio de la peor crisis financiera, el gobierno de Duhalde se las arregla para salir en socorro de la banca, «honrar» el pago de la deuda y confiscar a los pequeños ahorristas.


Ante este saqueo, el PO plantea: confiscar la banca, las AFJP y las grandes empresas y poner en marcha al país bajo control de los trabajadores.

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