Políticas

16/11/2018

Dujovne y los fantasmas de la historia

Que se vayan todos.

Durante la celebración del 50° aniversario de la Comisión Nacional de Valores, Nicolás Dujovne, sostuvo que “en Argentina nunca se había hecho un ajuste fiscal de la magnitud del que hizo este gobierno (tres puntos del PBI) sin que el gobierno cayera”.


Dujovne “celebró” que el gobierno haya sobrevivido a la imposición de una brutal desvaloriación de los salarios producto de la devaluación, tarifazos, despidos e inflación. Sin dudas, es un “logro” que el gobierno debe agradecer a las centrales sindicales que depusieron cualquier lucha contra el plan del FMI durante todo el año, convocaron a paros aislados, tardíos y sin una movilización que sacara a la calle a millones de trabajadores. La CGT cerró el año a cambio de un bono de $5.000 en dos –o más– cuotas, de dudoso cobro, a cuenta de las próximas paritarias y que no alcanza a todos los trabajadores. Como norte político, la burocracia planteó que había que esperar hasta las elecciones de 2019; es decir, no derrotar el ajuste sino dejarlo aplicar y, en su debido momento, ir a votar.


Sin embargo, el bloqueo a la lucha no resuelve las contradicciones “por arriba”. Ocurre que el otro aspecto de la declaración de Dujovne es el acento colocado en la defensa de su gestión y del gobierno ante los cuestionamientos de los representantes del mercado de capitales reunidos en la CMV. Sucede que el plan del gobierno se encuentra lejos aún de mostrar la solvencia que pretende la clase capitalista. Prueba de ello es el encarecimiento del crédito y las revisiones negativas que las calificadoras Standard & Poor's y Fitch Raiting hicieron la semana pasada de la deuda argentina, demostrando que el temor a un posible default no ha salido de la agenda. El gobierno es plenamente consciente de ello, y por eso esperaba colocar en el Presupuesto un artículo que le permitiera negociar una reestructuración de la deuda sin pasar por el Congreso nacional.


La clase capitalista ha manifestado reiteradamente su malestar por la “mala calidad” del ajuste, debido a que reposa, sobre todo, en una mayor carga impositiva. El recorte del gasto, consistente en una actualización del presupuesto por debajo de la inflación, es insuficiente para despejar las dudas sobre la capacidad de repago del país. En el centro de la atención de la clase capitalista se encuentra la cuestión de la “reforma previsional” y la liquidación del Fondo de Garantías de la Anses, que ha quedado postergado, junto a la reforma laboral, para después de 2019 –reelección mediante. Dujovne llamó a los inversores a “que estén tranquilos, que el gobierno va a ganar las elecciones 2019”.


La fragilidad del plan del gobierno es indisimulable. En este cuadro, la colaboración de la CGT y el PJ con la “gobernabilidad” ha sido un aporte inapreciable para viabilizar los ataques contra las masas, dejando correr los despidos y recortes en salud, educación y derechos laborales.


Hay que alertar a Dujovne, de todos modos, que no se apresure a cantar victoria. Con los fantasmas de la historia no se juega: el pueblo argentino ha protagonizado movilizaciones impresionantes a pesar de sus conducciones políticas y sindicales traidoras. Cuentan en nuestra historia las huelgas generales de 1936, de 1975 contra el Rodrigazo, la presente la rebelión popular en el 2001.


Vamos por una asamblea constituyente para debatir y ejecutar una reorganización económica y política del país y de una salida a la crisis sin perspectiva posible a la que orientación que defiende Dujovne nos ha llevado.