30/03/2000 | 660

Echan a Rico… para salvar el pacto De la Rúa-Ruckauf

Los eternos compradores de espejitos verán en la expulsión de Rico no solamente una derrota de la derecha sino una victoria de la opinión democrática.


Que es una derrota de la derecha, no hay duda, pero no solamente de la derecha. Desde el mismo 10 de diciembre De la Rúa se empeñó por defender un acuerdo político con Ruckauf, mientras éste y su carapintada metían nuevas leyes represivas, hacían una campaña pública de amenazas a la población y, por sobre todo, ponían de nuevo sobre rieles a la Bonaerense. En retribución a De la Rúa, Ruckauf apoyaba la reforma laboral, el impuestazo y el acuerdo con el FMI. La salida de Rico desnuda la inmoralidad del pacto De la Rúa-Ruckauf.


Pero Ruckauf no echó al carapintada porque se haya convertido en un progresista sino porque Rico se había convertido en una piedrita molesta en el zapato del pacto entre el presidente y el gobernador. Apenas una horas antes de que Rico cometiera la ‘gaffe’ que lo privaría del puesto, «De la Rúa -titulaba Clarín- le ofreció un acuerdo al peronismo», subrayando su carácter estratégico al decir que se trataba de «un compromiso federal». A cambio del voto en el Parlamento a las exigencias del FMI, como la mencionada reforma laboral o la próxima ley de emergencia que prevé despidos en masa y el pago de la deuda a los jubilados con bonos a plazos infinitos; a cambio de esto, De la Rúa prometía su apoyo a toda la política reaccionaria de los gobernadores peronistas.


Es en este marco que De la Sota consiguió sacar la privatización de la energía en Córdoba y su propia versión de una ley de emergencia, para lo cual sobornó a un legislador de la Alianza-Frepaso y molió a palos a los trabajadores estatales y de Luz y Fuerza.


Eliminan, por lo tanto, a Rico para seguir con el pacto que encarna toda la política riquista, más aquella de conjunto que es la del FMI.

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