19/12/1996 | 524

Economía: Más cerca de la cesación de pagos que de la reactivación

Las características y alcances de la ‘reactivación’, e incluso su misma existencia, continúan siendo objeto de controversias entre los economistas patronales.


Eduardo L. Curia y Guillermo Moreno coincidieron esta semana, en afirmar que hay «una reactivación con pies de barro» (El Cronista, 11/12), y que «el crecimiento es prácticamente nulo» (ídem). Los citados denuncian la fidelidad de las estadísticas oficiales, pues «las encuestas industriales en uso se apoyan en muestras muy concentradas … En el seno de un proceso que agudiza la concentración, esa metodología tiende a subestimar la fase contractiva del ciclo y a sobreestimar la fase expansiva o de recuperación» (ídem).


Esto no es todo: «las encuestas —dicen— manejan producción industrial, o sea, bienes finales, sin un adecuado desglose del componente importado … Como si esto fuera poco, en las cuentas nacionales se comenzó a computar los impuestos y derechos que se cobran a las importaciones para la estimación del PBI a precios de mercado. ¿Qué tal? Más importamos, más fuerte aumenta el PBI» (ídem).


W. Graciano había señalado que el fenomenal déficit fiscal, que «bien calculado podría orillar —este año— entre $7.000 y 7.500 millones» (La Nación, 15/12), produjo el «modesto crecimiento» económico de 1996 (ídem). Pero, en 1997 «va a resultar dificil seguir reactivando por ese camino» (ídem). Es que —destaca a su vez el presidente de la ‘consultora’ Sofres Ibope— «desde que comenzó a esbozarse la tendencia deficitaria de las cuentas públicas —septiembre de 1994—, la deuda pública creció en casi 20.000 millones y el peso de los intereses sobre el total del gasto público prácticamente se duplicó en el período desde un 7,7 a un 13 por ciento» (E. Zuleta Puceiro, en La Nación, 11/12).


Este esquema de «hiperendeudamiento» (El Cronista, 11/12), llegó a un récord cuando «en una semana se obtuvieron u$s 2167 millones» (ídem), por los cuales el gobierno tuvo que pagar «un rendimiento en dólares de 9,16%, lo que implica 306 puntos básicos por sobre el bono del Tesoro de los EE.UU. con vencimiento equivalente» (ídem). Como consecuencia de los ‘superintereses’ exigidos, los nuevos bonos han recibido el rango de «BB», o sea, ‘títulos cuasi basura’ (mucha improbabilidad de insolvencia) en la jerga de los mercados. Esto ocurre cuando «es cada vez más probable una suba de tasas de interés internacionales el próximo año» (La Nación, 15/12). Pero «un cambio abrupto en el escenario de amplia liquidez internacional, (que) dificulte el acceso del Estado a los mercados de capitales, frente a una necesidad de financiamiento de al menos u$s15.000 millones … Si llegara a verificarse … el impacto en términos de tasas y caída del nivel de actividad puede ser muy importante» (M. Bein, ídem, 13/12).


Sin escarmentar en lo más mínimo, los ‘defensores’ del ‘modelo’ sostienen «que si se ordenan las cuentas públicas se produciría una gran entrada de capitales y un ‘boom’ inversor» (ídem, 15/12), a lo que W.Graziano dixit «son muchas las objeciones que derrumban este argumento» (ídem).


Un síntoma adicional de la endeblez de la ‘reactivación’ lo revela este dato: ha sido muy importante la caída de las exportaciones de origen industrial (las que tienen mayor valor agregado) en los 10 primeros meses del año. De conjunto, caen un 3%, pero a excepción de los «materiales de transporte y cueros» que tienen aumentos netos , «todos los demás (rubros) caen» (El Economista, 13/12). Quiere decir que, a excepción de los grandes pulpos automotrices, y de los‘parientes’ Yoma, que monopolizan la manufactura de los cueros, todos los negocios de exportación industrial han caído brutalmente. Por si no fuera bastante, «los números recientes de exportaciones están inflados porque muchos habrían preanotado sus ventas, adelantando sus permisos, para cobrar los reintegros y reembolsos que regían antes de los cambios» (que los eliminaron o disminuyeron) (ídem). Brasil, además, a donde «se dirige actualmente el 26% de nuestras ventas externas y el 43% de las manufacturas de origen industrial», y que explica «el 90% de todo el crecimiento (de nuestras exportaciones) en los últimos 2 años» (M. Bein, La Nación, 13/12), es un «peligro a la vista» (ídem). Brasil está amenazado por una crisis de balanza de pagos.


En este cuadro, «los cierres de cuentas corrientes y las quiebras ocurridas en lo que va del año (hasta noviembre) ya superaron el total acumulado en 1995, que había marcado a su vez un récord» (Página 12, 11/12).


«El aumento de la presión tributaria, la espectacularidad de los procedimientos contra los contribuyentes morosos, la implementación legislativa de medidas aún más draconianas —y por ello inaplicables— que las actuales y, sobre todo, el festival de bonos en los mercados externos, están muy lejos de contribuir a proyectar una imagen de solidez y confianza en el ámbito internacional» (E. Zuleta Puceiro, La Nación, 11/12).

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