21/07/2017

Editorial de La Nación exige una reforma laboral “a la brasileña”

@tomaseps


Eso de que “siempre es más verde el pasto del vecino” se ha convertido en el mantra de los capitalistas locales, que contemplan con envidia la reforma laboral antiobrera aprobada por el Parlamento brasileño y reclaman una avanzada estratégica similar contra la clase obrera en la Argentina –lo que el gobierno cocina precisamente para después de octubre.


 


El asunto aparece formulado con una virulencia infame en la editorial de La Nación del viernes 21, que califica como “audaces cambios en la legislación” y el “producto de una firme voluntad para sacar al país de la crisis en la que se halla inmerso” el sinfín de medidas antiobreras que implica la reforma impulsada por el golpista y repudiado Temer, señalando que “el ejemplo de Brasil en esta materia debería cundir entre nosotros “, ya que “cualquier decisión de nuestros vecinos nos impacta”.


 


Ajuste


 


El artículo saluda “el aumento de la libertad de contratación”, con la primacía de los acuerdos individuales y de empresa por sobre los convenios de actividad, la creación de la figura de “una suerte de monotributista que puede prestar servicios para un único empleador, sin estar atado a un vínculo laboral permanente” y del “‘contrato intermitente’, por el cual un trabajador podría permanecer a de su empleador sin brindar una contraprestación laboral y sin garantía de recibir un salario mínimo ni de horas de trabajo”, y el hecho de que muchos “empleados podrán pactar libremente con las empresas su jornada laboral, el fraccionamiento de sus vacaciones y otras condiciones de trabajo”.


 


Los editorialistas presentan pérfidamente este movimiento hacia las negociaciones individuales como un “pacto libre”, como si bajo el régimen capitalista existiese algo parecido a una negociación libre entre el trabajador aislado –sin otro recurso que su fuerza de trabajo para subsistir– y el empresario, que posee los medios de producción. El intento de atomización busca golpear esta capacidad de negociación colectiva para atacar uno por uno e imponer condiciones a la baja.


 


El artículo festeja la simplificación y abaratamiento de los despidos y la limitación de la posibilidad de los trabajadores de hacer juicios laborales.Los autores concluyen que “la mejor defensa de un trabajador ya no pasa por una legislación laboral inflexible y meramente protectora de las fuentes de trabajo, sino por su permanente capacitación profesional” –esto último desconoce el altísimo nivel de subocupación entre los trabajadores más calificados. A pesar de contar con un gobierno que dice “entender al empresario que despide”, la liquidación de los convenios lecheros y petroleros, acordada con la burocracia sindical, no han dado lugar a la creación de nuevos puestos de trabajo. El interés de las patronales es abaratar los despidos.


 


Con la ‘opo’ y con la CGT


 


La avanzada estratégica sobre la clase obrera cosecha el favor del conjunto de la clase capitalista. Es lo que se encargó de señalar su jefe de obra, el ministro de Trabajo Jorge Triaca, quien remarcó que la misma será cocinada con el “‘consenso’ que logren los representantes de organizaciones empresarias y sindicales” (Cronista, 18/7)


 


“A través del consenso generamos oportunidades de empleo, como hicimos el año pasado con la reforma de ART y Ganancias”, destacó el funcionario. Es decir que da por descontado el acuerdo del massismo, del kirchnerismo y de la burocracia de la CGT.


 


La “audaz” reforma promocionada por La Nación y defendida por esta coalición flexibilizadora debe ser derrotada mediante la organización y la lucha de la clase obrera en una acción independiente.


 

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