09/04/2020 | 1588

Editorial | La cuarentena bajo fuego patronal

El rey al desnudo


La pandemia arrecia en potencias europeas como Francia, Italia, España, el Reino Unido y en el corazón del capitalismo mundial, el estado de Nueva York. Los respiradores y las camas de terapia intensiva no alcanzan en Estados Unidos, donde el deterioro del sistema de salud fue justamente motivo de debate en la última década: otro tanto ocurre en Italia o Francia.


En tanto, la OIT anticipa que los despidos serán muchos más de los 25 millones previstos inicialmente, puesto que “el 81% de los 3.000 mil millones de trabajadores de la fuerza laboral mundial están afectados por el derrumbe de la actividad económica, mientras ya se han perdido horas equivalentes a 195 millones de trabajadores”.


La economista Carmen Reinhart de Harvard, publicó en The Wall Street Journal que “veremos una lluvia de quiebras y de defaults a pesar de la liquidez que se inyecte. Esta crisis es solo comparable al crack del ’29 y no esperen que China crezca al 6% en los próximos años. La fuga de capitales de los emergentes se acentuará”. 


En estas breves líneas se aprecia que resultó acertada la caracterización de Prensa Obrera desde fines de febrero en el sentido de que el coronavirus aplicado a la crisis capitalista preexistente iría hacia una depresión mundial, a crisis de deudas y quiebras con su secuela de despidos masivos. A su vez, las guerras comerciales que caracterizan toda la situación previa acentúan hoy las rivalidades nacionales. Y la anarquía capitalista, no sólo fractura toda respuesta mundial, sino aún al interior de los Estados y en relación a cualquier ordenamiento racional de la economía para afrontar la guerra contra el virus. El reino capitalista está al desnudo.


El verdadero “Estado presente”


Cabe interrogarse en este cuadro si es oportuno jactarse -como se hace desde el poder, con sobreactuado disimulo-, del “modelo argentino”, que es mirado en el mundo por la “respuesta del Estado presente”. Lo cierto es que si se cumplen las promesas de ampliación de camas para enfermos graves, tendríamos el 25% de las que tiene el estado de Nueva York, con 20 millones de habitantes, menos de la mitad que la Argentina.


Hay aplausos emocionados de la población al personal de salud, pero se suceden los reclamos en los centros de atención por falta de insumos para evitar el contagio, ni hablemos de salarios, de horarios extendidos y precarización. La Legislatura de la Ciudad sesionó, pero no para atender uno solo de los proyectos que presentamos en ese sentido, sino para ampliar el permiso de endeudamiento al Ejecutivo de la Ciudad. La contracara de esa situación han sido las patéticas apariciones de Gerardo Morales cosiendo barbijos caseros por televisión o Larreta llamando a colocarse bufandas o cualquier otra cosa, ante lo que prevén: la salida más o menos inminente de la cuarentena. Han sido incapaces de poner la industria textil a fabricar masivamente barbijos para el personal de salud, que debe rotarlos permanentemente, y para la población que esté obligada a salir a trabajar.


La realidad ha ido mostrando que la cuarentena precoz ha sido la respuesta de un régimen que teme una catástrofe sanitaria y social a la ecuatoriana, en el país de un 25% de desocupados y subocupados y de un 40% de trabajadores en negro y muchos más precarizados. Cuyo sistema de salud, además, está colapsado. Esa realidad social tuvo un retrato cuando un millón de jubilados se agolparon en los bancos para cobrar haberes atrasados en medio de la cuarentena. Las consecuencias de semejante golpe al aislamiento no se saben aún, porque además no está claro el alcance de la circulación local del virus, puesto que los test que se hacen son mínimos hasta ahora. Una vez más, por cuestiones de presupuesto y falta de inversión en salud.


El “gobierno nacional y popular” mostró sus límites insalvables cuando rechazó la propuesta de Ginés González de articular todo el sistema de salud en un solo comando. El lobby privado de la salud y la burocracia sindical asociada a él mostraron que mandan. 


Los sobreprecios escandalosos de Arroyo y sus funcionarios vinieron a clarificar otro costado del Estado “presente”, el Estado socio de los negociados, la corrupción y la especulación de los formadores de precios. El propio Presidente criticó que las empresas (todas creadas para proveer al Estado) se “plantaron”, como excusa, cuando el Estado debería comprar a los fabricantes y no a dudosos intermediarios y abrir los libros de los formadores de precios, no rendirse cuando se “plantan”.


Salida caótica de la cuarentena


Si el Presidente no usó sus superpoderes contra el lobby privado de la salud, tampoco los usó contra Paolo Rocca, que impuso sus 1.450 despidos homologados en la sede del Ministerio de Trabajo. La ola de despidos y suspensiones de las patronales ha desnudado también el carácter inservible del decreto de prohibición de despidos por 60 días. Dánica ha llegado al colmo de despedir trabajadores por negarse a hacer horas extras en medio de la pandemia, cuando los turnos deberían reducirse. El frigorífico quilmeño Penta directamente despidió 240 operarios, al igual que la curtiembre Sadesa, de Galperín, lo mismo que la minera Livint o la metalúrgica Mirgor de Río Grande. Incluso el Estado provincial de Kicillof ha despedido falsos monotributistas en Educación y la orquesta de José C. Paz fue censanteada en masa por Mario Ishii.


Otra variedad es la de Mascardi, que avisó que no paga los salarios porque “los empleados administrativos están en sus casas”. Las cadenas de comidas rápidas recortaron el 50% de los salarios de sus 25 mil empleados, que siguen laburando; Aluar anticipó que no pagará salarios completos y ACC Group agravó el conflicto en su call center porque suspende sin goce de sueldo alguno.


En este escenario, la UIA, apoyada por la burocracia sindical de la CGT, fue a presionar por el levantamiento de la cuarentena. La pose inflexible de Alberto Fernández, sin embargo, ha producido ya dos decretos de exclusión del aislamiento social para nuevas actividades y se viene el tercero, el domingo 12 de abril. Si hoy funciona el 40% del PBI, van por mucho más. Ya se han habilitado actividades de dudosa esencialidad como la exportación e importación, corralones, curtiembres, aserraderos, colchones, maquinaria vial y mutuales de crédito, entre otras.


La explosividad sanitaria de este levantamiento caótico bajo presión patronal requerirá que los trabajadores se organicen para rechazar sectores no esenciales, para medidas de seguridad y elementos sanitarios, porque el atropello patronal está ya mismo a la orden del día. La disyuntiva salud o economía es un enfoque para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores, que pagarán con privaciones y con muertes.


Siguen pagando la deuda


El decreto que reperfila unos 10.000 millones de dólares pinta de cuerpo entero la política criminal oficial en materia de deuda. Ante todo porque pagaron hasta el 31 de marzo puntualmente todos los vencimientos, en pesos y en dólares, a pesar de las dramáticas necesidades para la salud y para garantizar los ingresos de toda la población trabajadora. Lo han hecho a costa de una emisión desde que asumió el gobierno de por lo menos 150.000 millones de pesos sólo para el pago de deuda (el total emitido es mucho mayor), a costa de la caída de reservas y de nuevos endeudamientos.


El reperfilamiento exclusivo de los bonos de jurisdicción local levantó el precio en las bolsas de los bonos con jurisdicción extranjera, justamente los que más importan a Wall Street y al FMI. Esto porque aparece como una garantía de pago de los 3.500 millones de dólares que restan en esos bonos hasta fin de 2020, extenuando las reservas del Banco Central en medio de la pandemia. La medida legitima el pago de la deuda impagable. 


Lo mismo vale para las provincias. Schiaretti honra su deuda externa pero pagaría a proveedores con bonos que constituyen una parcial emisión de cuasimonedas, una manera de rebajar los ingresos de la población, que los termina recibiendo como medios de pago al 80% de su valor o menos. Agreguemos que el gobernador cordobés ahora amenazó directamente con pagar salarios reducidos. Fernández, en la reunión con todos los gobernadores, ha prometido fondos de una recaudación que está a menos del 40% de la prevista, para evitar que el incendio de los patacones se propague por todo el país. Veremos.


Al mismo tiempo se anuncia que los 10.000 pesos para los más carenciados, para los cuales se anotaron nada menos que 12 millones de trabajadores, se pagarán entre la segunda quincena de abril y la primera semana de mayo. O sea que abarcarán tres meses de la emergencia, marzo, abril y mayo. Es una burla que lleva la tensión social del hambre a un extremo, mientras las organizaciones sociales denuncian que la ayuda alimentaria no llega. Ni ampliada, ni en tiempo y forma por “falta de logística”. Un absurdo, cuando las empresas de transporte tienen los camiones parados. Otro default de los superpoderes presidenciales.


Más que nunca un programa para intervenir en la crisis


La vigencia de un programa de los trabajadores frente a la pandemia crece día a día.


Prohibir efectivamente los despidos hasta fin de año con garantía de estabilidad laboral para trabajadores formales e informales. Los 30.000 pesos para todos los trabajadores en negro, desocupados, monotributistas de categorías inferiores, cuentapropistas y empleadas de casas de familia. Que el Estado garantice el salario integral de todos los trabajadores, abriendo los libros de las empresas y asistiendo directamente la nómina salarial o parte de ella según las necesidades. Actualización de los salarios por inflación mientras dure la emergencia, hasta la reanudación de paritarias. Que se garantice la continuidad de toda empresa que cierre, bajo control obrero. Proteger los fondos de la Anses y elevar la jubilación mínima a 30.000 pesos.


Anular unilateralmente todo pago de deuda, en pesos y en dólares, de jurisdicción nacional y extranjera, a excepción de los bonos en manos de la Anses, para atender las necesidades de la salud y la economía. Imponer un impuesto progresivo a las grandes rentas y fortunas con el mismo objetivo.


Reorganizar la economía nacionalizando el petróleo, la banca, el comercio exterior y todos los recursos estratégicos. Centralización del sistema de salud e intervención de todos los laboratorios para poner el conjunto del sistema al servicio de la lucha contra la pandemia en favor de toda la población sin distinción de su capacidad adquisitiva. Reconvertir las ramas industriales necesarias para la producción de barbijos, elementos de protección a la salud, respiradores y en general de todas las necesidades que plantea la emergencia. Elección de comités de trabajadores para hacer cumplir los reclamos en todos los lugares de trabajo que en forma total o parcial entren en operaciones.


La defensa de la vida es una sola, por la salud y contra el hambre, hay que pasar por arriba los obstáculos del lucro y la anarquía capitalista para afrontar la pandemia.

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Editorial. Escribe Néstor Pitrola
Se estima que entre un 7 y 10% de los contagiados diarios es personal de salud.
La llegada de distintas “celebridades”, exdeportistas y personajes de los medios para esquiar desató el rechazo de la población.
Basta de cinismo, deben intervenir los trabajadores.
Además de antipopular e inconstitucional, la medida desvía las verdaderas responsabilidades en la propagación del virus.