25/07/2019 | 1558

[Editorial] La recta final

Actividad en la peatonal de San Martín. Las dos semanas que restan hasta las PASO reforzaremos la movilización para disputar cada voto obrero y popular a los partidos del régimen

Cuando faltan sólo dos semanas para las Paso, los dos bloques que pretenden polarizar la elección han reforzado su mensaje a los empresarios para ganarse su apoyo. La agenda impuesta por el gran capital local e internacional se abre camino a ambos lados de la ‘grieta’. Después de todo, tanto el macrismo como el pejota-kirchnerismo comparten el punto principal: mantener la tutela del FMI sobre la Argentina, con todo lo que eso implica. En primer lugar, claro, el pago de una deuda usuraria que ya ronda el 90% del PBI, nominada mayormente en moneda extranjera y con vencimientos a corto plazo. Quien asuma la presidencia tendrá que afrontar pagos superiores a los 150.000 millones de dólares durante los cuatro años de su mandato, un tercio de los cuales es con el FMI. Como se trata de una cifra imposible, ya se debate abiertamente una reprogramación de los pagos, que sólo sería aceptada a cambio de la aplicación de un programa furiosamente antiobrero, que contemple antes que nada las reformas laboral, previsional e impositiva. En resumen, el programa que Macri quiso y no pudo llevar adelante luego de su triunfo electoral de 2017, porque fue bloqueado parcialmente por la movilización popular del 14 y 18 de diciembre.


Ante esta presión alevosa del capital, cuyos voceros reclaman sin eufemismos poder despedir sin pagar un peso, ‘bajar el costo laboral’ mediante el desconocimiento de los convenios colectivos de trabajo y avanzar en la eliminación de los impuestos al capital para reemplazarlos por nuevos tributos al consumo, el macrismo se ha ilusionado con un repunte en las encuestas, toda vez que aparece como la fuerza que, de un modo más abierto, abraza este programa. Si se trata de un operativo armado por los medios afines o de una realidad lo sabremos recién el 11 de agosto. Pero lo que sí sabemos ahora es que si esta tendencia resulta falsa, el período que va de las Paso a las generales será de una mayor crisis. Es que un resultado negativo del macrismo producirá la salida de todos los capitales que ingresaron en las últimas semanas para aprovechar la tasa de interés usuraria que paga Argentina, que no tiene correlato con los otros países de la región. Así, la ‘pax cambiaria’, que ya cruje en estos días, puede irse a pique a la velocidad  del sonido. Previendo esta situación, el BCRA acaba de anunciar nuevas medidas que premian a los bancos, como ser una mayor remuneración de los encajes. Los autodefinidos alumnos de la escuela monetarista no tienen tupé en echar mano a una escandalosa emisión monetaria, si es que ésta sirve para alimentar los beneficios del sistema bancario. Pero incluso una elección pareja del macrismo no aleja del todo este escenario, pues la quiebra del país está por encima de los resultados electorales. La tutela del FMI sobre la Argentina ha agravado su vulnerabilidad, al punto que cualquier cambio de tendencia a nivel internacional puede detonar salidas masivas de capitales y nuevas devaluaciones.


CFK capitalista


La dupla Fernández-Fernández ha tomado nota de la posibilidad de un repunte del macrismo en las encuestas y pretende neutralizarlo haciendo propio, a su modo, el programa del gran capital. En sus recientes apariciones públicas, Cristina Kirchner se definió como más capitalista que Macri y hasta lo acusó de “soviético”, haciendo gala de una alta dosis de macartismo en su discurso político. Ya en el pasado, cuando era presidenta, Cristina Kirchner atacó las “banderas rojas” en los 24 de Marzo y acusaba a los obreros que defendían sus puestos de trabajo de querer “tomar por asalto el Palacio de Invierno”. La lección que hay que tener en cuenta es que alcanza una lucha abierta de los trabajadores para que salga a luz el facho que todos los dirigentes nacionalistas tienen dentro.  


El mensaje dirigido por Cristina a los empresarios también va hacia los trabajadores, en el viejo relato de las tendencias de conciliación de clases que afirman que si le va bien al patrón también le va bien al obrero. Según Cristina Kirchner lo que uniría el interés de ambas clases sociales, sería el impulso al consumo, ya que los trabajadores quieren consumir y los capitalistas no pueden obtener el beneficio que buscan si el consumo no se materializa. Se trata de una visión populista del capitalismo, que no tiene en cuenta su dinámica real.


Sucede que el capital obtiene su beneficio del trabajo no remunerado al obrero, por lo cual debe presionar para incrementar la tasa de explotación. Esto lleva a que la fuerza de trabajo se pague por debajo de su verdadero costo (la canasta familiar). Y los niveles salariales bajos reducen el consumo. Si el capitalismo pudiese armonizar el beneficio privado con el consumo popular habría encontrado la fórmula de su eternidad, porque habría superado sus recurrentes crisis de sobreproducción. Cristina Kirchner lo sabe por experiencia propia. Su gobierno concluyó en 2015 con trabajadores que tenían salarios promedio muy por debajo de la canasta familiar, con un 35% de la fuerza laboral precarizada y con un 30% de la población por debajo de la línea de pobreza. 


Alberto Fernández, por otro lado, ha repetido hasta el cansancio que el precio actual del dólar está subvaluado, anticipando que una eventual presidencia suya comenzaría con una nueva devaluación del peso. El pacto social que ellos promueven comenzaría así con una confiscación aún mayor del salario de los trabajadores.


Que la crisis la paguen ellos


Al definirse como “más capitalista que Macri”, Cristina Kirchner ha hecho un aporte a la clarificación política de la campaña electoral. Ha dejado planteada que su estrategia es exactamente la opuesta a la del Frente de Izquierda, que plantea “que la crisis la paguen los capitalistas”. Que no se trata de meros slogans lo prueba la totalidad del programa planteado por ellos y por nosotros. Mientras ellos plantean pagar la deuda y mantener la tutela del FMI sobre la Argentina, nosotros planteamos repudiar la deuda y romper con el Fondo Monetario; mientras ellos plantean avanzar en la reforma laboral ya sea mediante una ley o por la modificación de los convenios colectivos de trabajo (como está sucediendo ahora mismo con los pactos sellados por la burocracia sindical pejotista), nosotros planteamos el rechazo a toda reforma, la defensa de los convenios colectivos, el salario mínimo igual a la canasta familiar y el reparto de las horas de trabajo; mientras ellos defienden jubilaciones asistenciales y quieren avanzar en una reforma previsional como la de Bolsonaro en Brasil, nosotros planteamos la reposición de todos los impuestos patronales, la vigencia del 82% móvil para todos los jubilados y la gestión de la Anses por los trabajadores activos y pasivos, mientras ellos defienden el sometimiento al Vaticano, nosotros planteamos la legalización del derecho al aborto y la implementación de la ley de educación sexual integral en todos los establecimientos educativos bajo el control directo de docentes y estudiantes.


Las dos semanas que restan hasta las Paso se juega para los trabajadores y la izquierda la necesidad de reforzar la movilización para disputar cada voto obrero y popular a los partidos del régimen. El Partido Obrero está movilizado nacionalmente para llamar a votar al Frente de Izquierda-Unidad para terminar con el régimen del FMI, para que la crisis la paguen los capitalistas y por una salida de los trabajadores y la izquierda.


Con estas consignas, votadas en nuestro XXVI Congreso, realizaremos nuestro acto del 27 de julio en Argentinos Juniors, que será replicado en todo el país con actos simultáneos. Llamamos a todos los trabajadores y la izquierda a concurrir para hacer una demostración de fuerzas por una salida política de los trabajadores ante la crisis nacional. 


 


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