21/03/1996 | 486

El 80% repudia a Menem y a Cavallo

En una nación de mercado, ¿qué mejor termómetro que una encuesta?


De acuerdo a Página 12 (15/3), “Los numerosos sondeos hechos por los principales encuestadores muestran que el presidente no llega al 20 por ciento de opiniones positivas –más de la mitad de la población opina que su gestión es mala o muy mala– y lo mismo sucede con el ministro de economía, que recoge el apoyo del 25 por ciento y el rechazo del 50. Además, la gente piensa que las cosas van a seguir mal, que el plan económico es equivocado y tiene una pésima opinión sobre los hombres que rodean al presidente”.


¿Por qué solamente Página 12 da a conocer el tenor de estas encuestas? ¿Por qué no se revela el nombre de esos numerosos encuestadores? Por una razón muy simple: porque los resultados de las encuestas son revolucionarios. Demuestran que en la democracia patronal  gobierna una minoría; que se pisotea la voluntad popular; que no existe la soberanía política. Pero, por sobre todo, porque anuncian un estado de rebelión popular latente contra la política de Menem-Cavallo, la cual representa los intereses de conjunto de la clase capitalista.


Es el ‘peligro’ que representa este estado de ánimo popular, lo que lleva a los capitalistas y a sus periodistas a suplicar que cesen las ‘peleas’ entre Menem y Cavallo, o lo que lleva al clero a ‘implorar’ a la Casa Rosada a que destine unos mangos más para la ‘caridad’ con los ‘desamparados’. Las ‘antenas’ que tiene el clero por todo el país registran la creciente bronca de los explotados.


Pero es más fácil decirlo que hacerlo. En la propia cumbre capitalista existe ya una definida escisión. El enfrentamiento entre Menem y Cavallo no es un ‘asunto personal’; es una guerra entre intereses acosados. Entre IBM y Unisys por los contratos informáticos; entre Yabrán y Federal Express por el Correo; entre las telefónicas norteamericanas y Telefónica y Telecom, por el mercado argentino de telecomunicaciones; entre los intereses europeos y norteamericanos, como lo acaba de mostrar el pasaje de Aerolíneas de Iberia a los yanquis.


La Unión Industrial, azuzada por el grupo Techint, acaba de dar un paso hacia el frente anti-Cavallo, debido a la creciente recesión y a la inminente apertura de las importaciones de acero en beneficio de los pulpos automotrices. En una palabra, se desintegra el frente burgués al compás de la crisis económica y del derrumbe del ‘plan Cavallo’.


Pero lo peor vino del ‘norte’, como es natural en una semicolonia. “El mercado no teme la salida de Cavallo”, proclamó sin inhibición The Wall Street Journal (18/3), el pontífice del capitalismo mundial, en un equivalente al mazazo que Tyson le dio a Bruno y que al igual que lo que ocurrió con el inglés, dejó sin reflejos a ‘nuestra’ prensa.


Es que el derrumbe del ‘plan’ ya está provocando fuertes pérdidas a los cajeros de Cavallo, por ejemplo al Credit Suisse-First Boston, que se encargó de colocar el Bono Global por 1.200 millones de dólares. Este Bono  no ha parado de caer desde el día de su emisión y la misma situación tiene el conjunto de los grandes bancos nacionales, que ha invertido los depósitos de sus clientes en títulos argentinos que se vienen derrumbando desde fines de enero.


Estas pérdidas de los financistas del gobierno pueden significar el golpe de gracia para Cavallo, obligado por sus compromisos a tomar medidas que detengan la caída de los títulos o a compensar a sus detentores. Entre estas medidas se encuentra, naturalmente, la devaluación de la moneda y la liberación de las reservas en dólares para aplicarlas a  mantener la cotización de la deuda pública.


Estamos ante un gobierno anti-obrero feroz que se debilita de día en día. Es en estas condiciones que llamamos a los trabajadores y a la juventud a manifestar por millares en el 20 aniversario del golpe militar, en lo que puede significar el inicio de una nueva acción de conjunto de nuestras masas.


En este mismo cuadro llamamos a formar coordinadoras de fábricas, de reparticiones públicas y de líneas de colectivos para enfrentar el intento de imponer el convenio Fiat-Smata al conjunto del movimiento obrero, con todo lo que significa de reducción de los salarios, despidos masivos, alargamiento de la jornada de trabajo y transformación de los contratos de trabajo en contratos de aprendizaje.


Los de arriba se pelean.


Los de abajo no soportamos más.


Es la hora de preparar una acción histórica contra este régimen y su política.

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