17/04/2003 | 797

El acto con Altamira – Salas y una vigorosa campaña

No ha existido ninguna otra expresión realmente popular en la campaña, que haya puesto en marcha una movilización política masiva, como lo es el caso del Partido Obrero.


Romero primero (el vicerepresor salteño de Menem) y Kirchner después, han realizado actos en lugares cerrados con una concurrencia, según ellos, de entre 4.000 y 9.000 personas, que los medios no dudaron en calificar como «de aparato» («el gobierno provincial puso toda la carne al asador»). Eso y nada es lo mismo. Iu, por su lado, hizo dos días después de nosotros un acto con la presencia de la candidata a Presidente, pero en realidad con la fórmula provincial a gobernador y vice, que es a lo que le dan manija, con unas 500 personas (en una inflada alevosa el diario pone 1.000), y usaron la tribuna para «pegarle» al Partido Obrero. ¿Por qué será?


En nuestro gran acto, donde había muchos piqueteros y mucho público independiente, hicieron uso de la palabra compañeros piqueteros que pusieron de manifiesto los aciertos y los problemas de la campaña que estamos desarrollando. La intervención de Altamira, muy esperada por la concurrencia, fue seguida con gran ateción y comentada luego por los presentes. Hubo una importante cobertura de los medios, antes y después del acto. El Polo Obrero realizó una marcha dos días después para reclamar puestos de trabajo al gobierno provincial y los funcionarios que nos atendieron manifestaron su asombro por el «multitudinario» acto realizado; uno de ellos bromeó: «Yo quiero ser ministro de Salas cuando asuman». Por si hiciera falta, el acto terminó con una victoria política frente a la policía de De la Sota que detuvo a nuestros jóvenes por «portación de rostro».


 


Ni idea


Nuestra campaña y nuestro acto pueden ser considerados un factor dinámico en la situación provincial, por lo que nosotros estamos haciendo y por lo que los demás no pueden hacer. El gobierno provincial no tiene la menor idea de cómo sacar a Córdoba de la bancarrota económica, social y política. Córdoba ha pasado de ser uno de los polos industriales más importantes del continente a ser un cementerio industrial. No sólo los cientos de talleres metalúrgicos o del calzado que daban fisonomía a una ciudad productiva. Lo mismo vale para los grandes centros industriales como Renault, Fiat, General Motors o Chrysler.


La crisis de poder tiene en la provincia una clara expresión. Por un lado, la desintegración del Estado provincial como consecuencia de un feroz endeudamiento de más de 2.000 millones de dólares (es decir, unos 6.500 millones de pesos, si se cuenta la emisión de bonos). No ha sido el pueblo de Córdoba el beneficiario de este endeudamiento, sino grupos como Arcor, Roggio, Aceitera General Deheza, las terminales automotrices o los grandes hipermercados.


Las crisis recurrentes entre el Poder Ejecutivo y el Judicial, o los choques con la Iglesia, que responden a disputas entre distintos sectores burgueses, son apenas una manifestación de esa crisis de poder. La disolución del radicalismo (la «gran oposición»), que se quedó sin candidatos, ha estado lejos de fortalecer a De la Sota.


La otra cara de esta moneda es la rebelión popular: en Córdoba no sólo se ha desarrollado y echado profundas raíces el movimiento piquetero: los empleados públicos han salido a la lucha por aumento de salarios, con asambleas autoconvocadas, paros y movilizaciones, encarnando un proceso que hoy tiene expresión en la presentación de una lista antiburocrática en el Sep. Los docentes provinciales vienen de acatar masivamente el único paro – parazo – de no inicio de clases en el país (a pesar de ser Córdoba una provincia que está al día con los pagos) y le han impuesto a la directiva un plan de lucha que va hasta mediados de mayo con paros y asambleas. Los trabajadores despedidos de Renault han plantado una carpa frente a la fábrica y han señalado en las asambleas el camino de la ocupación de la planta para defender sus fuentes de trabajo; los del transporte automotor vienen de barrer con uno de los burócratas más repodridos en la historia de esta provincia. La Clínica Junín, funcionando bajo control de sus trabajadores, lucha por la expropiación; los de la ex Clínica Halac bancaron, junto a los piqueteros, la ocupación y el brutal desalojo y continúan luchando por su fuente de trabajo. Todas estas luchas, sumadas a nuestra campaña, son también una contundente expresión de esa rebelión popular.


Crisis y desintegración por arriba, rebelión popular por abajo. Esta es la configuración de una crisis de poder que atraviesa en todas direcciones a la provincia de Córdoba.


Frente a esta situación, De la Sota insiste con el «Programa Red Vida», que plantea un salario de 150 pesos y la formación del CAP – Comando de Acción Preventiva – , un ostentoso (y muy caro) aparato policial que ha provocado una enorme oposición y que tiene como único objetivo aumentar la represión, particularmente contra los jóvenes.


La completa parálisis de Renault o de Fiat y la incapacidad manifiesta de la burguesía y de su gobierno para ponerlas a producir, o el colapso definitivo del sistema de transporte público de pasajeros, sólo para citar dos ejemplos, ponen a la orden del día la necesidad de imponer el reparto de las horas de trabajo entre trabajadores ocupados y desocupados, establecer un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar y poner a funcionar las empresas bajo control de sus trabajadores (y usuarios en el caso del transporte y otros servicios).


En esta perspectiva, se dará que una Asamblea Constituyente soberana reorganice política y socialmente a la provincia y al país.


Compañero de Córdoba: ¡Vamos que podemos!