26/07/2021

El ajuste arrasa con la clase media argentina

Según el Banco Mundial, desde la pandemia, 1,7 millones de personas de sectores medios cayeron a una situación de mayor vulnerabilidad.

Un informe reciente del Banco Mundial estima que la clase media argentina se redujo en 1,7 millones de personas desde comenzada la pandemia, gracias al agravamiento de la crisis económica en el país. Se trata de una tendencia continuada en la última década, que deja de manifiesto las consecuencias del ajuste del gobierno de Alberto Fernández y sus antecesores.

Con el nombre de “El lento ascenso y súbita caída de la clase media en América Latina y el Caribe”, el documento del organismo multilateral señala que, según sus parámetros, en la Argentina prepandemia había un 51% de la población (14.688.000 millones de personas) consideradas como clase media y que ese porcentaje se redujo a un promedio del 45% -levantado levemente debido a la asistencia económica parcial durante el 2020, en gran medida suprimida.

Para este cálculo se tomaron datos de la Encuesta Permanente de Hogares que mide el Indec y se consideró como “clase media” a las personas que tuvieron ingresos diarios entre 13 y 70 dólares. Un piso bastante generoso, si se tiene en cuenta que para la Junta Interna del Indec, la canasta familiar del mes de junio se ubicó en $103.128, o el equivalente a casi 19 dólares diarios.

Hundidos en la miseria

La tendencia a la pauperización de las condiciones de vida de la clase media argentina ha seguido el camino de la caída económica de los últimos 10 años y de la precarización laboral y salarial que ha avanzado en las últimas décadas. La inflación fue del 1.500%, la pobreza pasó del 26% al 42% y el consumo fue disminuyendo y trasladándose de primeras a segundas marcas.

En el primer trimestre del 2021, el poder adquisitivo de los hogares cayó un 8%, si se tiene en cuenta el ingreso de los hogares y la inflación publicados por el Indec. Medido en dólares, la caída representa un 19% (La Nación, 26/7).

Según el informe presentado por PPT este domingo, desde el 2011 hasta la fecha son unas 7.300.000 personas las que fueron empujadas de la clase media a la pobreza. Se trata de un proceso sistemático que tiene como principal impulso el ataque a las condiciones laborales, la disminución del valor real de los salarios vía inflación, devaluación y paritarias a la baja, y el avance de la precarización laboral y la flexibilización en detrimento de los convenios colectivos y determinadas profesiones.

Una medición acotada

Si bien no contamos con parámetros precisos que determinen a ciencia cierta el umbral entre la clase baja y media –dando lugar a puntos intermedios como clase media-baja-,contamos con algunos indicadores que permiten arrimarnos a una aproximación multidimensional de la situación.

Un caso claro de esto es la tenencia o posibilidad de adquisición de una casa propia: uno de los anhelos de la totalidad de la población, al que los sectores sumergidos en la pobreza han renunciado y que la clase trabajado hoy mira desde lejos.

Según el índice M2 Real, el valor promedio de un departamento de dos ambientes de 50 metros cuadrados en CABA asciende a 102.555 dólares, que al tipo de cambio actual del dólar blue representan el equivalente a casi 24 años de un salario igual a la canasta básica de $66.448. Esto teniendo en cuenta que uno asigne el total de sus ingresos a este propósito y que un cuarto de los trabajadores registrados cobran por debajo de este monto.

Para la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una familia porteña precisó $99.684 en junio para ser considerada clase media, lo que retomando la cuenta anterior la dejaría a casi 16 años de adquirir el mismo departamento, aunque en un país que carece de crédito hipotecario accesible –esta misma familia no podría costearlo- y donde gran parte de la población lucha todos los días por el derecho a la tierra.

La situación actual no solo es resultado de un deterioro de la economía nacional, lo que  no pareciera revertirse de la mano de la subordinación al programa del FMI y al capital financiero, sino que es consecuencia del ajuste contra la población trabajadora que corroe los propios cimientos de la sociedad, lanzando a millones de trabajadores a la pobreza y agravando así las futuras crisis capitalistas.

El acceso a la “clase media” no debería ser considerado un privilegio sino un derecho, ya que implica la satisfacción y realización de las condiciones básicas y elementales para el desarrollo de la vida. La canasta familiar que mide la Junta Interna del Indec es el punto de partida, y no la estación final, de lo que debe obtener todo trabajador en el país. Uno de los puntos nodales de la campaña del Frente de Izquierda Unidad en las próximas elecciones, para enfrentar a los que hundieron el país en la pobreza y consolidar la alternativa política de los trabajadores.

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