11/12/2014 | 1344

El cerco judicial y las desventuras del «sindicalista favorito» de CFK

Enrique Omar "Caballo" Suarez


El «sindicalista favorito» de Cristina Fernández tiene una particularidad: nunca fue sindicalista y, aunque dirige el Sindicato de Marítimos (Somu) jamás fue marinero. En cambio, siempre fue lo que es ahora: un matón, un «culata». Enrique Omar Suárez, (a) «el Caballo», era chofer y jefe de la custodia del anterior secretario general del Somu, Juan Arce, a quien sacó del edificio sindical a punta de pistola en 1989. En esa operación tuvo la ayuda de Carlos Enrique Castillo, (a) «el Indio», miembro del grupo neonazi Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) en los años 70, luego de la Triple A y, más tarde, de los grupos de tareas de la última dictadura militar.


En aquella operación de 1989, Suárez también tuvo la ayuda de bandas carapintadas, entre ellas la que clandestinamente ya conducía el prefecto Raúl de Sagastizábal. Ese mismo año, unas elecciones amañadas le dieron la victoria y desde entonces está al frente del Somu. Aquel respaldo carapintada le creó a Suárez algunas obligaciones; por ejemplo, la de apoyar el levantamiento que en 1990 condujo el coronel Mohamed Alí Seineldín. Suárez les dio logística en el puerto pero, prudentemente, se abrió unos días antes de la chirinada, cuando advirtió que los militares sediciosos no tenían posibilidades de vencer.


Ahora está procesado por extorsiones y manejos irregulares con el holding empresarial que ha organizado. Son cinco grandes empresas vinculadas con la actividad portuaria, dedicadas básicamente a las extorsiones mafiosas. Por cuestiones de dinero, «el Caballo» se ha peleado con su adjunto, Jorge Vargas. La disputa terminó como es habitual cuando alguien se le planta a Suárez: Vargas terminó en un hospital, acuchillado en las costillas.

Desde que está al frente del Somu, Suárez fue oficialista con todos los gobiernos. Estuvo con Menem, con Duhalde, con la Alianza y, por supuesto, desde 2003 es un kirchnerista convencido. Fue un operador clave, mediante sus matones y su fuerza de choque, para que Cristóbal López, socio de Néstor Kirchner, se quedara con el casino de Puerto Madero. También puso sus patotas al servicio de la represión de la huelga en ese casino, en 2007. Se recibió de «sindicalista favorito» de la Presidenta (junto con José Pedraza, del «sindicalismo que construye») en mayo de 2012, cuando llevó en barco 1.500 toneladas de productos argentinos a Angola, para la feria organizada por el entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno.


Así son los componentes de la «columna vertebral» del gobierno, como en su momento llamó Aníbal Fernández a las mafias sindicales.


Ahora bien: Suárez dirige ese sindicato desde hace un cuarto de siglo. El origen de su poder fue delictivo y lo sostuvo con acciones mafiosas durante todo ese tiempo. Nunca fue molestado por un juez. Hasta ahora, cuando la camarilla gobernante es hostigada por la corporación judicial. El procesamiento al «Caballo» es parte del cerco judicial que se cierra sobre el gobierno. En estos días, como era de esperarse, en la Casa Rosada dejaron de atenderle el teléfono al «sindicalista favorito», pero es tarde. Están hasta las manos.

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