20/06/1996 | 499

El despido ‘informático’ de Cavallo, a la orden del día

El ex director del Banco Nación, el menemista ‘puro’ Ricardo Imposti, acaba de declarar ante la justicia que Cavallo tenía un conocimiento pleno e íntimo de todos los ‘detalles’ del negociado IBM-Banco Nación. Resulta evidente que en un contrato de semejante magnitud, el ‘nivel de decisión’ superaba por completo al propio directorio del Banco. Cavallo, por otra parte, ha hecho un uso abusivo del Banco Nación para ‘maquillar’ la emisión trucha prohibida por la ley de convertibilidad. La ‘confesión’ de Imposti —respaldada por la ‘confesión’ del director Dentone— le dio ‘estado judicial’ a la certeza de que el negociado con la IBM era una de las ‘cajas’ de Cavallo y que el ‘mediterráneo’ era el principal responsable de la estafa.


Al mismo tiempo que Imposti-Dentone involucraban personalmente a Cavallo, el directorio del Nación anunciaba la anulación del contrato. Unánimemente, la prensa la caracterizó como un intento de ‘renegociación’  para salvar lo que se pueda: en medio del derrumbe, el ‘curro’ sigue en pie; funcionarios de la IBM en Estados Unidos reconocieron que “la renegociación de los precios es una alternativa”. Todo esto sirve para confirmar las denuncias que formularon varios especialistas en informática —y que oportunamente reprodujera Prensa Obrera— acerca de que la verdadera ‘plata gorda’ del negociado IBM-Banco Nación no estaba en los 37 millones de la coima, en CCR o en Consad (las subcontratistas de IBM encargadas de montar el famoso ‘sistema muletto’), sino en los fenomenales sobreprecios del sistema principal. Algunos especialistas estiman este sobreprecio en 130 millones, nada menos que el 50% del total del contrato.


En cuanto al ‘sistema muletto’ hay que decir que no se trata de una ‘picardía criolla’ sino, pura y simplemente, de una imposición de la IBM de los Estados Unidos. Efectivamente, según se informa en un pequeño recuadro de El Cronista (13/6), “por aquellos días, la casa matriz de IBM, que había estado asociada a la empresa Hogan Systems para utilizar la licencia de esta solución informática, se estaba desvinculando comercialmente de la creadora de este sistema bancario. De esta forma, una recomendación salió de la casa central de los Estados Unidos: los proyectos en los cuales participara IBM debían contar con un sistema muletto, en caso de que se perdiera la licencia para utilizar el sistema Hogan”.


Pero si de sobreprecios se habla, las ‘palmas’ se las lleva otro negociado que cuenta con los mismos protagonistas, Cavallo e IBM. Efectivamente, la DGI le compró a la IBM un sistema de procesamiento de datos de los aportes previsionales que costó 515 millones de dólares, cuando una competidora —Sistemhouse— ofertó el mismo sistema por sólo 177 millones … y cuando el presupuesto inicial era de, apenas, 33 millones. “En la denuncia consta que, ante las objeciones que la Secretaría de la Función Pública ponía para que se hiciera la operación, (Cossio, por entonces titular de la DGI) instó a esa repartición para que aceptara la oferta de IBM-Banelco porque ‘así lo definieron el ministro de Economía y el señor Secretario de Ingresos Públicos’. Esta nota firmada por Cossio tiene el membrete de la DGI” (Clarín, 15/6).


Cossio ya está procesado y no tardarán en descubrirse las ‘pistas’ que conducen directamente a Cavallo. No hay que olvidar que cuando estalló el escándalo en el Nación, Cavallo trasladó a Hugo Gaggero, vicepresidente del banco, a la DGI, en lo que fue interpretado como un intento de parar las investigaciones del negociado del Nación. Ahora nos venimos a enterar que Gaggero, además, marchó a la DGI para ‘salvar’ el negociado DGI-IBM que, por ese entonces, daba los primeros índices de pudrición.


En sólo dos ‘negocios’, IBM impuso sobreprecios por 550 millones. ¡Pero como IBM ejerce un virtual monopolio de las contrataciones informáticas del Estado nacional y las provincias, es fácil calcular que la estafa es todavía mucho mayor! Para muestra, dos botones: el ‘ético’ Bordón está procesado por la contratación directa —en apenas 3 días hábiles— del sistema informático de la casa de gobierno mendocina. Si se tiene en cuenta que, cuando estalló el escándalo del Nación, Bordón todavía era miembro del Frepaso, la famosa visita de ‘Chacho’ Alvarez y la Meijide a Cavallo aparece como una operación de mutuo encubrimiento. Bordón y Cavallo, sin embargo, no son los únicos; también está la ‘pata’ radical. Efectivamente, el cordobés Mestre acaba de “someter a revisión” el contrato firmado entre la IBM y el por entonces presidente del Banco de Córdoba y hoy preso, José Dorflinger, para la informatización del banco. Mientras saquea a manos llenas las finanzas públicas, IBM exige que se le otorgue un tratamiento… ‘extraterritorial’: ya ha dejado trascender que no permitirá que ninguno de los ejecutivos de IBM Internacional o de IBM de Estados Unidos sea llamado a testificar por los tribunales argentinos.


Todo esto, naturalmente, alcanzaría para dictar la expropiación de la IBM por saqueo al patrimonio nacional y rebelión ante la justicia. Nada de esto, sin embargo, importa al gran capital, cuya principal preocupación es que, con el escándalo, “las perspectivas de privatización (del Nación) se alejan indefinidamente” (La Nación, 16/6).


Una crisis política abierta


Imposti y Dentone —los dos ex directores del Nación que mandaron ‘en cana’ a Cavallo— fueron designados por el menemismo; la Sindicatura General de la Nación —el organismo que emitió el dictamen sobre el contrato IBM-DGI— está dirigida por menemistas. Es inocultable que la crisis política entre las camarillas dominantes del gobierno alcanza un nuevo punto; los diarios del fin de semana especulan con la división del Ministerio de Economía (Clarín) y aun con el despido liso y llano de Cavallo (La Nación).


El motor de fondo de la crisis política es el derrumbe del ‘plan’ Cavallo. Mientras, como se pronosticó en Prensa Obrera, la suerte del ‘plan’ Cavallo se dirime en los tribunales, el régimen de conjunto aparece cada vez más como una mera pantalla del capital financiero. No por nada, en un artículo destinado a hacer la crónica de los intentos del menemismo por ‘deshacerse’ de Cavallo, Joaquín Morales Solá pone esta frase en la boca de Menem: “Tráiganme a alguien respaldado por el Chase Manhattan y por el Citibank y resuelvo en el acto” (La Nación, 16/6).

En esta nota