El Estado tiende a borrarse cuando los contagios crecen

Argentina bate sus récords en materia de casos de Covid, con casi 96.000 en un día y en aumento, larguísimas colas para testearse y más del 50% de positividad sobre los testeados. El aumento exponencial de los contagios se convirtió en un factor de crisis por varias puntas. Primero mostró la precariedad del conjunto del sistema de salud, resultado de años de desmantelamiento del hospital público y la privatización. A esto se suma que, con la caída de los contagios a partir del pico de principios de junio de 2021, se fueron desmantelando los servicios creados para atender la pandemia y también se redujo el personal. Es así que a las apuradas y en forma improvisada se establecieron centros de testeos que además de insuficientes se tornaron caóticos, llevando incluso a enfrentamientos de los pacientes con el personal de salud. Sumado a esto que los pocos trabajadores para esta tarea son, a su vez, víctimas del Covid.

Otro aspecto es que un crecimiento desmesurado de los contagios eleva el número de decesos y pacientes graves. Según todos los indicios, la vacunación ha hecho que el efecto de la enfermedad sobre la salud haya perdido gravedad, en comparación con la primera y segunda ola. Las nuevas cepas, sobre todo ómicron, son más contagiosas pero más “benignas”, especialmente si se cuenta con vacunación completa. Eso no quita que aunque bajen porcentualmente las internaciones y muertes, estas no crezcan en términos absolutos.

El aumento tan brutal de los contagios está produciendo consecuencias a nivel económico. Mundialmente, los informes hablan de una ausencia muy elevada de trabajadores, lo cual está paralizando algunas empresas o ramas de la producción. En estos días, el alerta lo han dado los trabajadores de las empresas de aviación porque no pueden completar las dotaciones. En una reciente reunión de empresarios con el gobierno argentino, convocada por el tema precios, saltó la preocupación por las ausencias laborales.
La presión de las patronales es que se flexibilicen los tiempos de aislamiento, tanto para los contagiados como para sus contactos estrechos, e incluso que se habiliten testeos privados. De todas maneras, esto no parece que ayude a disminuir los contagios sino todo lo contrario. Lo cual solo puede ser entendido como la pretensión de convertirlo en una “gripezinha”, cuando aún no hay pruebas de que se haya convertido en una enfermedad endémica y manejable.

La tendencia del Estado es ir retirándose de sus responsabilidades y compromisos. En ese sentido, es la evaluación (un reclamo de varios gobernadores) de autorizar los autotests, lo cual recargaría los costos en los bolsillos particulares y además “descentralizaría” el control epidemiológico, impidiendo así conclusiones y resoluciones generales. El establecimiento de los llamados “pases sanitarios” va en el mismo sentido, apunta a desmantelar todos los protocolos y sacarse de encima la responsabilidad de impulsar la vacunación, yendo incluso a buscar a quienes no lo han hecho hasta ahora y ganarlos a los beneficios de la misma.

Es evidente que en toda esta política hay una presión enorme por reducir gastos en función de sostener un ajuste que se torna clave en el medio de las negociaciones con el FMI. El gobierno lo fue haciendo a lo largo de toda la pandemia, lo cual se reflejó en las partidas para salud, pero también en la asistencia para poder sostener medidas de prevención, entre ellas la compra de vacunas. Pero no es la única razón.
La necesidad de tener una centralización, por ejemplo de los testeos, organizándolos centralmente con recursos y personal va en contra de todas las tendencias a la descentralización, con que presionan los efectores privados, las patronales y los gobiernos que tienen compromisos con ellas, y a un sistema de salud con fuerte injerencia de los sectores privados.

Lo que corresponde es acelerar y profundizar los testeos, y garantizar los aislamientos de contagiados y contactos estrechos, y lanzar una campaña persona a persona para lograr la mayor cantidad de vacunados con las dos dosis y el refuerzo. En Argentina, la disposición a vacunarse es mayoritaria, por lo que solo se trata de volcar recursos para que todos puedan hacerlo. La centralización del sistema de salud sigue siendo la mejor herramienta.