20/12/2001 | 734

El éxito de la consulta popular

No es la primera vez que los dirigentes de la CTA se apuntan un éxito. No hace mucho habían registrado otro, que en su momento se consideró casi gigantesco. Nos referimos, claro, a la Carpa Docente, por donde desfiló el país entero. Tal fue el éxito de la Carpa, que logró con plenitud su principal objetivo de orden político: la elección de De la Rúa-Alvarez en octubre de 1999. El suceso fue celebrado con el levantamiento de la Carpa. Dos años más tarde, el éxito político del ‘99 se reveló más bien un crimen político contra el pueblo, y la reivindicación mínima del Incentivo Docente ya no lo pagan ni siquiera los gobiernos que militan en el campo del Frenapo.


De acuerdo a la información que brindan sus organizadores, dos millones de ciudadanos, o quizás más, han votado en la «consulta popular». Su objetivo de orden político es constituir un frente con los restos políticos de la Alianza con vistas al 2003, lo cual equivale a apoyar la continuidad del inviable gobierno de De la Rúa. En el Frenapo no sólo tenemos a los Kirchner y a los Ibarra, con sólidos lazos con la patria inmobiliaria y contratista; en la «consulta» votaron también los Beliz y Carrió, además de Zamora, Echegaray y Walsh *lo que se dice un «frente popular». Un simpatizante de Izquierda Unida, que ha descubierto tardíamente la capacidad transformadora de Cavallo (nos referimos al banquero Carlos Heller) integra el triunvirato mayor del Frenapo. Los Ibarra y los Kirchner, sin embargo, se niegan a votar en sus distritos la propuesta del «salario de empleo y formación» de 380 pesos; en la Ciudad, los frenapistas boicotearon la sesión de la Legislatura que debía tratar el proyecto ¡por temor a que fuera aprobado!, y también boicotean sistemáticamente las reuniones de la comisión legislativa que tiene a su cargo producir el dictamen respectivo. No quieren que salga. No les interesa efectivizar la propuesta sino «abrir el debate». Como en el caso de la Carpa, blablean, para justificar, con este bla bla, la formación de un frente político patronal. De Gennaro no ignora que todos sus aliados en el Frenapo, con la única excepción declarada del ex duhaldista Mario Cafiero, defienden la reestructuración de la deuda que ha emprendido Cavallo para evitar la quiebra de los banqueros y salvar el pago de la deuda externa.


Los dos millones que se tomaron cuatro días para votar en la «consulta», son sin embargo sólo un poco más que el millón y medio que votó por la izquierda en octubre pasado y apenas la tercera parte de la suma que incluye a los votos en blanco; en su inmensa mayoría responde al electorado centroizquierdista de clase media. Son también mucho menos que los diez millones que pararon el jueves 13. Mientras se consultaba sobre el subsidio restringido para los «jefes de familia», muchos de estos jefes marchaban a los supermercados a reclamar comida, sin recibir sin embargo el apoyo del Frenapo. En Avellaneda, el distrito del frenapista Laborde, la policía se hacía cargo de proteger a Carrefour, algo que no se había puesto sin embargo a votación en la «consulta popular».


El éxito de la «consulta» no puede disimular el fracaso que recogió en dos distritos significativos, como Neuquén y Córdoba, donde de acuerdo a Crónica (17/12) habían votado hasta el domingo 5.068 y 19.028 personas, respectivamente. Estas dos provincias se encuentran encabezando la rebelión popular en el país, una con una huelga indefinida y ocupaciones de empresa, la otra con las demostraciones populares más masivas. En este nivel de lucha, la «consulta» aparece manifiestamente como una propuesta de retroceso.


Mientras el Frenapo celebraba la «consulta», por sobre todo pensando en el 2003 y en sostener la continuidad del gobierno, éste enviaba un presupuesto para el 2002 que acaba, entre otras cosas, con el incentivo docente. Los que, como Maffei y Yasky, alentaban a depositar un papel en una urna improvisada, le han dado la espalda a la defensa de las conquistas que están siendo atacadas. Los voceros del Frenapo se ven obligados ahora a decir que la próxima «pelea» (cuando ni siquiera comenzaron la anterior) es contra este Presupuesto. Pero si su intención fuera realmente emprender una lucha consecuente y práctica, tendrían que llamar a la huelga general, no podrían ya poner otra urna o celebrar otra «consulta». Tendrían que rechazar el método distraccionista de cuyo éxito se jactan.


La agudeza de la crisis política no deja espacio para debates académicos o teóricos sobre «el país que queremos», «el papel del Estado», ni sobre cómo debe distribuirse el ingreso. El pueblo está peleando contra la amenaza de otra gigantesca confiscación en su perjuicio. La alternativa se plantea entre la confiscación de los banqueros y grandes capitales, por parte del pueblo; o la del pueblo, por parte de los capitalistas. Sólo el que gane esta pelea tendrá derecho a discutir qué clase de país quiere.

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