29/03/2001 | 700

El golpe de la alianza… contra sí misma

Lo que hasta el martes 20 lucía claramente como un golpe de Estado de la Alianza para gobernar con la suma del poder público, por medio de un gabinete que incluiría tanto a Cavallo como al Chacho Alvarez, terminó convirtiéndose en un aborto político que dejó al Frepaso fuera del gobierno e irremediablemente dividido, esto a pesar de haber sido el principal inspirador, intrigante y fogonero de la designación de Cavallo. Como residuo de aquella conspiración, Cavallo guardó para su equipo a un frepasista que se encargará de las Pymes, y De la Rúa conservó a Adriana Puiggrós para acompañar la ofensiva que ha tomado a su cargo Andrés Delich para liquidar la educación pública.


Los abortos conspirativos no terminan, sin embargo, aquí.


La camarilla de De la Rúa, que forman Santibañes, Bullrich y Nosiglia, vio fracasar en las 48 horas que sobrevivió López Murphy a su discurso, su obsesivo objetivo de «fortalecer la autoridad presidencial». El lunes 19 por la tarde, De la Rúa confirmó al equipo de Fiel en su gobierno, pero sólo para desahuciarlo por la noche ante la virtual quiebra que esto produjo en la UCR; el 20 ya no se hablaba del «poder presidencial» sino de la renuncia inminente de De la Rúa. Aunque los diputados radicales fueron los que más disciplinadamente votaron, una semana más tarde, los poderes para Cavallo, la UCR es la que sale más golpeada de toda la crisis, en primer lugar porque su gobierno se encuentra en ruinas y en segundo lugar porque todavía no superó la hecatombe del «pacto de Olivos». Un sector tan sensible como la Juventud Radical se encuentra en un estado de completo desconcierto.


El próximo gran golpeado por la crisis es el conjunto del peronismo y, en primer lugar, Ruckauf. Con su equipo de cavallistas en el Banco Provincia, el ex ministro de Isabelita ya se veía como la cabeza de los triunfadores en las legislativas de octubre y en las presidenciales del 2003, llevando a la rastra, claro, a su aliado Cavallo. En un abrir y cerrar de ojos, la tortilla se dio vuelta, y el eterno sonriente tuvo que alinearse detrás de Cavallo y hasta suplicarle que socorra a las quebradas finanzas de su provincia. A la hora de votar los poderes para Cavallo, una mayoría abandonó a Ruckauf, dejando al peronismo bonaerense en el limbo. Más que eso todavía, dejó colgados en el pincel a los Béliz e Irma Roy, que acababan de redescubrir que el peronismo de Ruckauf era nada menos que la expresión de la vigencia del «movimiento nacional».


Los diputados peronistas de Santa Fe votaron contra los poderes, pero los de Córdoba lo hicieron a favor. A los primeros Cavallo no pudo ofrecerles nada; a De la Sota sí: usar parte del impuesto al cheque para cubrir el colapso fiscal de Córdoba y permitir la privatización de la empresa de energía y del banco provincial a precios razonables (la caída de la deuda argentina había puesto esos precios por el suelo).


Todo esto demuestra que el prometido gobierno de «unidad nacional» quedó en la nada, mientras la Alianza quedó relegada a una pesadilla del pasado; el propio Frepaso no existe más. Cavallo recibe los «plenos poderes» en el marco de un gobierno extremadamente débil, y de parte de un régimen (partidos, instituciones) más débil todavía.


El poder político, en el momento actual, se apoya en una abdicación del poder del conjunto de este régimen; Cavallo se limita a llenar un vacío, o sea que es el más débil de todos, no tiene una base propia y sólo le queda como método de gobierno la amenaza de renunciar, o más precisamente el de recurrir a todo tipo de provocaciones extorsionando con el llamado » vacío de poder». Pero las contradicciones económicas sobre las que se asienta este remedo de gobierno, que ya no es aliancista, no es de «unidad nacional» y tiene una base parlamentaria fragmentada, son por otra parte explosivas. En la primera emisión de títulos, el martes 27, el «poderoso» Cavallo se agachó ante los banqueros convalidando tasas del 11% anual, por bonos que vencen en seis meses. Tres bancos extranjeros ya le bajaron, a cuenta, la calificación internacional de la deuda argentina.


El recambio de López Murphy por Cavallo sólo pudo realizarse porque las burocracias sindicales levantaron las luchas contra el paquetazo del primero, como si el de Cavallo no le ganara en contenido antiobrero. Si la intención de nombrar a Cavallo hubiera sido respondida con una huelga general, el golpe de Estado civil deforme que parió la crisis no habría ocurrido. Lejos de esta política, la burocracia de Ctera prometió colaborar con el derechista Delich y hasta Moyano se entrevistó con Cavallo, algo que no se hace con un ministro que habría que voltear.


Cavallo ha escondido cuidadosamente su programa de gobierno con generalidades. Se trata de una característica fundamental del nuevo régimen –la conspiración permanente. Revelar los objetivos provocaría su derrocamiento; dosificarlos con ultimátums es la única forma de llevarlos adelante y de ofrecerle a los ‘opositores’ los pretextos para ceder y capitular. Pero lo que pretende poner en marcha es clarísimo: la liquidación de los regímenes laborales, anulando por ejemplo la vigencia de los viejos convenios a los que la reforma laboral les concedió dos años de vida; rebajar aportes patronales y liquidar los salarios familiares; privatizar todo el sistema de salud; arancelizar la educación y privatizar una parte del sistema escolar; privatizar el manejo de la recaudación, aunque no privatice la AFIP; establecer, más tarde o temprano y de una forma u otra, fondos de activos y dinero para garantizar el pago de la deuda externa; proceder al despido masivo de empleados públicos, un derecho que el Congreso no le dio pero que no impide los «retiros voluntarios».


Esta gigantesca masacre social no resolverá, sin embargo, la bancarrota argentina, porque ésta ya no depende sólo de factores nacionales. Los capitales de corto plazo huyen de los países «emergentes»; las Bolsas se derrumban en todo el mundo; Japón puede crear en cualquier momento una crisis monetaria internacional, a partir del desplome constante del yen, que ya se ha devaluado en un 25%; el incumplimiento de pagos de deudas empresarias, en Estados Unidos y en Europa, ha alcanzado el punto más alto desde la crisis de 1991; las economías asiáticas vuelven a derrumbarse como consecuencia de la caída de demanda por la recesión norteamericana. Cavallo ha debido admitir que la crisis mundial ha destruido su ‘modelo’, al declararse repetidamente «heterodoxo» y adoptar medidas proteccionistas e intervencionistas. Cuando el capital está en peligro, los economistas liberales dejan la ideología de lado.


La espectacular crisis política, que se agravará obligadamente de aquí en más, y la experiencia del golpe de Estado deforme, han puesto al desnudo la falta de estrategia alternativa del conjunto de las fuerzas políticas del país, que precisamente por esto han entrado en un vigoroso proceso de licuación. Más aún, han desnudado al progresismo y a la izquierda, que más allá de recomendar la lucha ante cualquier problema, carece de un planteo de conjunto, o sea que desconoce la raíz de la crisis y es incapaz de construir una política sobre la perspectiva de este derrumbe.


El Partido Obrero plantea la caída del gobierno usurpador (porque con Cavallo ha dejado de tener incluso legiti midad electoral) y su sustitución por una Asamblea Constituyente soberana, que modifique la organización social del país, confisque a los expropiadores de la riqueza nacional, restablezca y desarrolle las conquistas obreras y, por medio de la experiencia, deje en evidencia la necesidad de un gobierno de trabajadores. Es con esta perspectiva que planteamos la convocatoria de un Congreso nacional de piqueteros, que reúna a obreros y desocupados, para desarrollar un plan de lucha contra el ataque en marcha y por las reivindicaciones, incluyendo la huelga general indefinida.

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