Políticas
28/4/2026
El industricidio en Neuquén: tres ejemplos de la política de Estado
Las particularidades de las cerámicas y de la PIAP.
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Planta Cerámica Neuquén.
La provincia de Neuquén a lo largo de su historia no se caracterizó por el peso de la industria en su Producto Bruto Geográfico. Los tenues amagues de industrialización en una provincia que es productora de recursos energéticos y, en su momento, de materia prima agrícola en su inmensa mayoría fracasaron antes de iniciarse, y los pocos casos donde se concretó la industrialización de recursos locales, en su inmensa mayoría hoy se han sumando al proceso de industricidio. No todo los casos son semejantes, pero todos tienen una raíz común.
En su mejor momento convivían en Neuquén tres fábricas ceramistas. dos en Capital y una en Cutral Có, una fábrica de cemento en Zapala, la PIAP en Arroyito y la destilería de YPF en Plaza Huincul con la planta de metanol adjunta. A esto se suma un par de jugueras en Plottier y alguna maderera en la Capital. Para una provincia productora de energía eléctrica tanto con usinas térmicas como centrales hídricas, y productora de petróleo y gas, es una pobre expresión de industrialización.
Hoy solo funcionan la fábrica de cemento en Zapala y la destilería y planta de metanol en Plaza Huincul, y sobrevive como puede la cerámica de Cutral Có.
Proyectos como la fábrica de fertilizantes nunca superaron los anuncios, y la negativa a concretarla fue uno de los motivos de una de las puebladas de la comarca Cutral Có-Plaza Huincul. Para más de medio siglo de desarrollo hidrocarburífero (la construcción de cinco grandes gasoductos y cuatro oleoductos) y la construcción de seis centrales hidroeléctricas, la oferta en materia prima y energía sobraban para abastecer un proceso de industrialización.
El Polo Petroquímico con el cual alguna vez fantaseó el gobernador Pedro Salvatori fue otro proyecto que nunca superó el nivel de anuncio.
En este contexto, que es parte de una debacle más general a nivel país y a escala mundial, es que trataremos de analizar la suerte de las fábricas ceramistas y la PIAP.
Planta de Agua Pesada
Construída por la CNEA como parte de un plan de desarrollo de centrales nucleares. La PIAP, en su mejor momento, tuvo centenares de trabajadores. Para su operación se formó una sociedad entre la CNEA y el estado provincial, la ENSI.
El hecho de estar en manos estatales, y de utilizar como insumos básicos el agua del lago del embalse de la presa en Arroyito, el gas y la electricidad que, según los gobiernos, son del “dominio estatal”, no le garantizó poder afrontar los tarifazos sobre ambos insumos para poder producir a un precio competitivo y poder exportar a países que usan reactores con agua pesada.
Aunque la tecnología mundial superó el uso de agua pesada, la PIAP se paralizó mucho antes que se truncara la posibilidad de producir y vender a las centrales nucleares del país y del exterior. El peso que tiene el uso del gas y la electricidad como insumos indispensables para su producción, hundieron a la PIAP.
Ni el gobierno nacional de los “nac&pop”, ni el MPN y menos “La Neuquinidad” jamás pudieron explicar porqué si el gas y la electricidad “son nuestros”, una fábrica que los cuenta entre sus insumos vitales tiene que dejar de producir por sus elevados costos.
Habría que reconocer, para dar una explicación que esos insumos no son “nuestros” sino del capital bajo la forma de empresas concesionadas que son las reales poseedoras del dominio sobre el recurso.
Ningún discurso puede tapar que hoy la PIAP esté parada hace años y aquel plantel de profesionales y técnicos altamente calificados haya sido desarticulado, quedando hoy apenas un puñado para que la PIAP no colapse.
Cerámica Fasinpat y Cerámica Neuquén
La lucha épica de los obreros ceramistas de Neuquén trascendió las fronteras. La ocupación y luego la puesta en marcha bajo control obrero primero, y luego bajo la forma de cooperativa, fue la manera que las y los trabajadores ceramistas resolvieron la defensa de los puestos de trabajo y las fábricas ante los “lock out” patronales, que se fugaron con los créditos que el Estado otorgó a las mismas.
Ambas fábricas debieron atravesar durísimos intentos de represión y desalojo por parte de las fuerzas del Estado y las paraestatales. La causa ceramista se constituyó en una causa popular que movilizó otros sindicatos y sectores en su defensa.
Entonces el Estado dio un giro en su estrategia: buscar el desalojo por otra vía. Más lenta, pero que a la postre viene resultando más eficaz para el Estado capitalista.
En primer lugar, por ser la primera recuperada, es el caso de Fasinpat (ex Zanón). Bloqueado cualquier apoyo crediticio oficial para la renovación tecnológica, fue perdiendo productividad y chances de competencia. El ingenio de sus obreras y obreros le permitió sostener la producción, y llegó a contar con un plantel superior a los 450. Dio el ejemplo de incorporar mano de obra mientras las patronales despedían.
Pero lentamente las facturas de gas y electricidad, como en el caso de la PIAP, se hicieron impagables. Porque la industria ceramista también tienen en el gas y la energía eléctrica dos insumos vitales.
A esto se sumó la represión sin palos a la vista: el aparato judicial y las decisiones de jueces de bolsillo lleno y al servicio de poder de turno. Hoy Fasinpat hace un largo tiempo que no puede producir y su plantel quedó reducido a unos pocos, que deben sobrevivir en gran parte haciendo changas por fuera de la fábrica. Una muestra de la hipocresía del gobierno de “La Neuquinidad” cuando cacarea sobre que en cuestiones de trabajo “primero los neuquinos”. ¿Las y los obreros ceramistas son marcianos? Son recontra neuquinas y neuquinos.
La Cerámica Neuquén algunos años más tarde pasó por el mismo proceso. Hace meses que está imposibilitada de producir y ha reducido su plantel. Y hoy amenazada por un embargo y remate. Otra vez el aparato judicial y la negativa al apoyo crediticio oficial actúan como una pinza que asfixia a la cooperativa obrera.
Otra vez las concesionarias de servicios públicos (electricidad y gas) actúan como verdugos de las fábricas, en connivencia con los gobiernos de turno.
La clase obrera hace sus mayores esfuerzos, pero el capitalismo bajo distintas formas aplicó su dinámica y política a través de su aparato estatal y su ligazón con el gran capital.
Este industricidio a la neuquina es anterior a los masivos cierres de fábricas de los últimos dos años y medio bajo el gobierno de Milei-Caputo. Es responsabilidad exclusiva de todos los gobiernos nacionales de los últimos 25 años, especialmente del MPN y ahora de “La Neuquinidad”. Ellos son los responsables directos de este industricidio, porque lo provocaron, lo provocan y lo sostienen.
La clase obrera los pone en el banquillo y recibirán sus penas cuando logremos dar vuelta la historia.




