19/11/1998 | 608

El mercado del aire

Finalizó en Buenos Aires la Cuarta Conferen­cia sobre el Cambio Climático (COP4) que reunió a representantes de más de 160 países, con el objetivo de poner en práctica las resoluciones adoptadas el año pasado en la anterior cumbre en Kyoto, Japón.


Los informes elaborados hace un par de años por el Panel Intergubemamental sobre Cambio Climático (IPCC) que agrupa a más de 2.000 científicos de todo el mundo fueron categóricos. La temperatura terrestre se viene elevando y esto es resultado de la actividad humana. La quema de combustibles fósiles, especialmente petróleo, gas y carbón, genera dióxido de carbono (C02) que se va acumulando en la atmósfera, reteniendo los rayos solares y provocando lo que se llama el “efecto invernadero” El fenómeno se agrava con la masiva tala de bosques y selvas, ya que las plantas actúan absorbiendo el dióxido de carbono.


Este año es el más caluroso desde que se llevan registros, como ya lo había sido antes 1997. Desde 1980 se dieron 13 de los 14 años más calurosos. Grandes masas de hielo, de centenares de kilóme­tros cuadrados se han desprendido del casquete antártico y la elevación de la temperatura de los océanos genera un agravamiento de los huraca­nes y desastres naturales en las zonas tropicales; por esto, el año pasado, el fenómeno cíclico de ‘El Niño’ adoptó características extremadamente vi­rulentas.


Las pérdidas ocasionadas por los desastres climáticos (huracanes, tifones, inundaciones) al­canzan cada año nuevos records. “En los prime­ros siete meses de 1997 se los estima en 72 mil millones de dólares, superando el anterior record de 60 mil millones para los 12 meses de 1996” (International Herald Tribune, 2/11). Este año, huracán “Mitch” incluido, las cifras serán muy superiores. Patrick Obasi, secretario general de la Organización Meteorológica Mun­dial, declaró que “los trastornos severos del clima serán cada vez más graves. En la larga lista de catástrofes crecientes, incluye los incendios de bosques en Panamá, Guatema­la y México y las inundaciones en Somalia” {Clarín, 14/11).


Naturalmente, los desastres climáticos no afectan a todos por igual. Las redes de protección meteorológicas permitieron que “el paso del huracán ‘Georges’ no provocara muertes en Estados Unidos, mientras que en los peque­ños países del Caribe, donde no hay infraes­tructura meteorológica, hubo unas 300 víc­timas”, agregó Obasi (Clarín, ídem). El “Mitch”, por su parte, devastó países enteros de América Central.


“El cambio climático también tendrá efectos sobre nuestra salud”, escribió el direc­tor de Vida Silvestre (La Nación, 6/11). “Un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Harvard demuestra, por ejemplo, el avance de diversas enfermeda­des infecto-contagiosas con el aumento glo­bal de la temperatura. La Argentina, con su reciente brote de dengue (enfermedad viral transmitida por mosquitos que avanzan hacia el sur y que ya están en un& de cada cuatro casas en Buenos Aires) no está exenta de estos ries­gos”. También en este caso, son los países atra­sados los que más sentirán los efectos de estas nuevas plagas. “Las enfermedades transmitidas por los mosquitos (malaria) y la conta­minación del agua (cólera) afectarán priori­tariamente a los países del Sur donde po­drán alcanzar, según los expertos, las 6,9 millones de víctimas” (Le Monde, 5/12/97).


Negocios


La cumbre de Kyoto había aprobado objetivos extremadamente mezquinos de reducción de las emisiones de gases. Los países más desarrollados se habían comprometido a reducirlas en un pro­medio de 5,2% en relación con las de 1990, pero recién para el 2012. Aún estos modestos compro­misos eran resistidos por el poderoso lobby norte­americano (Global Climate Coalition) que agrupa a los gigantes petroleros y automotrices entre otros, y que cuenta con el apoyo de sus similares europeos. Hasta la apertura de la COP4 muy pocos países habían firmado el tratado y casi ninguno lo había ratificado (por sus parlamen­tos), sin lo cual no entra en vigencia.


Ya en Kyoto, el gobierno yanqui había manifes­tado su resistencia a firmar el tratado si no había un compromiso de parte de los países atrasados en reducir también sus emisiones, en especial China, India, Brasil, Corea e Indonesia, países que las han incrementado espectacularmente en los últimos años. Como parte de su política frente a toda la crisis mundial, lo prioritario para Estados Unidos es eliminar o debilitar a sus competidores. En la cumbre de Kyoto, a último momento, la delegación americana había logrado imponer el “comercio de emisiones”, fórmula ambigua que comenzó a des­envolverse en Buenos Aires.


Los compromisos de los países atrasados y el comercio de emisiones están ligados ya que en Kyoto sólo se había autorizado el ‘comercio’ en­tre los países que debían reducir sus emisiones, mientras que los EE.UU. pretenden que ese co­mercio se generalice a todo el mundo. María Julia y Menem, en sus discursos, siguieron fielmente el libreto norteamericano, proponiendo metas ‘vo­luntarias’ de reducción para todos los países. Que esta posición era parte de un ‘libreto’ ajeno quedó claramente en evidencia ya que, pocos días antes, Menem vetó una ley que promovía la utili­zación de la energía eólica (de los vientos), muy abundante en la Patagonia. Naturalmente, la posición argentina fue duramente criticada por los representantes de los países atrasados.


El ‘comercio de emisiones’ y el llamado “Me­canismo de Desarrollo Limpio” (MDL) fueron las vedettes de la COP4. El “flamante mercado del aire” (Clarín, 15/11) interesa a los principa­les monopolios energéticos que encuentran, de ese modo, nuevas vetas rentables para financiar su reconversión. Esta perspectiva ya había sido anticipada por los cambios en la orientación de los pulpos estadounidenses, que trabajan a dos pun­tas: sin abandonar el lobby antitrátado, comien­zan a explorar las perspectivas que les abre el ‘comercio de emisiones’. “Si el tratado que limita la emisión de gases es ratificado, el ‘comercio de emisiones’ va a ser muy impor­tante para muchos miembros del GCC, seña­ló Connie Helmes, dirigente del GCC, el lo­bby antitratado” (Wall Street Journal, 30/10). Tanto la British Petroleum, como la Royal Butch Shell, abandonaron la GCC por su oposición al tratado y están buscando participar activamente del futuro comercio de emisiones (idem). El Con­sejo Económico Mundial para el Desarrollo Sustentable y el Consejo Empresario argentino para el Desarrollo Sustentable (CEDS, dirigido por Pérez Companc y la Shell y apoyado por María Julia) fueron de los más activos en la promoción del comercio durante la COP4. Rusia y los restan­tes países de la ex Unión Soviética, que tenían industrias altamente contaminantes y cuyo co­lapso industrial las ha dejado con altos porcenta­jes de reducción de sus emisiones, son grandes candidatos para ese comercio. Por eso no sorpren­dió que el único país que apoyara la propuesta argentina fuera Kazajstán.


Platos rotos


Los costos de cualquier ‘esfuerzo’ por dismi­nuir la emisión de gases se lo harán pagar a las masas trabajadoras-consumidoras mediante ma­yores impuestos al uso de la energía. La población se verá forzada a pagar más altos costos de energía con el argumento de que así ayudan a ‘salvar el planeta’. En Europa la llaman la Ecotax y “hará rechinar los dientes. Francia no se opondrá más a la puesta en marcha de una directiva europea de fijar impuestos sobre los productos energéticos” (Le Monde, 27/11/ 97). Un pronóstico similar para Estados Unidos formula coincidentemente toda la prensa norte­americana.


Bajo el paraguas ‘ambientalista’, los mono­polios y los países imperialistas pretenden man­tener el control sobre las fuentes de energía y las nuevas tecnologías que, en esa cuestión vital, se desarrollen en el futuro. En Kioto, la asociación E7 que agrupa a 8 grandes compañías de electri­cidad de Europa, Japón, Estados Unidos y Cana­dá fue a defender “el desarrollo de energías renovables (entre ellas la) nuclear” (Le Monde, 24J12fdl). Francia y Japón son los países con menor emisión de gases per cápita pero son los que mayor proporción de centrales nucleares tie­nen.


“Los empresarios del CEDS, Zorraquín y Oscar Vicente (de Pérez Companc), se reunie­ron con sus pares de Brasil y México, para buscar el apoyo de sus gobiernos para dismi­nuir la emisión de gases… Esto es para mejo­rar el nivel de vida, comentó Vicente” (Cla­rín, 12/11). Los grandes contaminadores buscan créditos y subsidios para seguir lucrando ahora con la onda ecológica.


“El negocio forestal tiene un futuro pro­misorio” señalaba La Nación (30/9). La política de incentivos fiscales, desgravaciones impositi­vas, condiciones laborales especiales y subsidios que cubrirán hasta el ciento por ciento para fores­tar resultan en un ‘‘balance que supera am­pliamente a la mejor caja de ahorro, con la salvedad de que, luego del primer corte, habrá dos más sin costo adicional significa­tivo” (La Nación, 31/10). Shell y Pérez Companc son, naturalmente, los primeros anotados en es­tas ‘inversiones ecológicas’ que serán parte del ‘comercio de emisiones’ que se seguirá nego­ciando en los próximos meses de acuerdo con lo resuelto en la reciente COP4.


El parasitismo capitalista se exacerba en épo­cas de crisis. Los grandes capitalistas no se creen eso de la oposición entre el ‘neoliberalismo’ y la ‘tercera vía’ y buscan chupar todo lo que pueden del Estado mientras aprovechan la desregula­ción ‘neoliberal’ y la ofensiva de flexibilización laboral.

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