11/01/2022

El “milagro” de Stiglitz: un apoyo al relato oficial para aceitar el acuerdo con el FMI

La única salida a la crisis requiere del rechazo al pacto con el FMI y el no pago de la deuda externa.

El premio Nobel de Economía y mentor del ministro Martín Guzmán, Joseph Stiglitz, acaba de publicar un artículo donde realiza una defensa de la gestión de su pupilo y del gobierno de Alberto Fernández y reclama un tratamiento “no ortodoxo” por parte del FMI. Stiglitz esconde que en la “heterodoxia” de sus representados se oculta un plan de ajuste que ya está en marcha.

Bajo el título “Argentina’s Covid miracle” (milagro Covid de la Argentina), el economista hace un descargo de la situación del gobierno actual -reproduciendo en exceso el argumento de toda gestión de la “pesada herencia”- responsabilizando al gobierno de Mauricio Macri del endeudamiento con el FMI y la presencia de capitales especulativos, y celebrando la “recuperación económica” lograda por Alberto Fernández como un “milagro”, bajo el actual contexto internacional.

Stiglitz, el propagandista

Para este propósito, Stiglitz destaca el crecimiento del 11,9% del PBI, tomado el tercer trimestre del 2021 contra igual período del 2020, y la estimación de un crecimiento del 10% para todo el 2021, llegando a afirmar que incluso se trataría del doble que lo logrado por los Estados Unidos.

Se trata de una operación de corto alcance. El crecimiento del PBI 2021 solo refleja el rebote tras la caída de idénticas proporciones del PBI en 2020 (9,9%), bajo efecto de la pandemia: se trata de una medición relativa. La comparación con EE.UU carece de sentido, porque en dicho caso la caída por la pandemia representó una contracción del 3,5% de su PBI, poco más de un tercio del desplome del dúo Fernández.

A su vez, el economista hace otra afirmación no corroborada, que “el empleo y la inversión se han recuperado a niveles superiores a los de cuando Fernández asumió el cargo”. Según datos oficiales del Indec, en términos absolutos, para el cuarto trimestre del 2019 había un total de 8.886.887 asalariados (Trabajo e Ingresos EPH), mientras que para el tercer trimestre de 2021 había unos 8.900.000 (Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos EPH). Las cifras, a veces, no mienten.

Un milagro patronal

La comparación que omite Stiglitz es la correspondiente a la situación prepandemia y la actualidad. La actividad económica supo recuperarse al calor de las medidas oficiales (flexibilizaciones prematuras, subsidios e incentivos a las patronales), sin embargo el empleo lo hizo más acotadamente, alcanzando solo un 75% en relación a febrero del 2020.

Esto quiere decir que las patronales recompusieron gran parte de sus negocios pero con menos personal, lo cual solo puede entenderse por medio de una mayor explotación del trabajo y empleo más precarizado. Esto también puede observarse en las cifras oficiales, con un derrumbe de casi 10 puntos de la participación de los salarios en el valor agregado del producto bruto nacional. Y también en el crecimiento del monotributo y el trabajo precarizado en la composición interna del empleo “generado”.

En lo que sí acierta Stiglitz es en el ingreso de dólares por vía de las exportaciones, pero no por una “promoción” de las exportaciones con valor agregado, sino, justamente, por un salto en los precios internacionales en los productos primarios (soja, trigo, maíz, etc.).

Un ajuste es un ajuste

La alusión a la implementación de “tasas impositivas más elevadas y progresivas sobre la riqueza y la renta de las empresas” parece un disparate, cuando justamente el Aporte Solidario del gobierno exceptuaba a estas últimas y significó una redistribución parcial, de los magros ingresos recaudados, a los capitalistas. Ni hablar de la continuidad del Impuesto al Salario o del regresivo IVA.

La mención favorable a la deuda reestructurada por Fernández es parte del relato encubierto. El gobierno lleva pagados US$ 692 millones por esa deuda y el propio Fernández amplio de deuda pública en US$ 40.215 millones. Es decir que estamos más endeudados, pagamos cada vez más y aún resta por verse bajo qué condiciones se paga lo que falta negociar. No parece una película con un final feliz.

El hecho es que todo el alegato de Stiglitz redunda en llamar a la reflexión al FMI para que no se impongan “recetas ortodoxas de ajuste”, pero el gobierno es un ajustador serial, claro, por medios heterodoxos: acá, el fin justifica cualquier medio. Aunque el economista ya advierte que no alcanzan 4,5 años ni los 10 años presentados por Guzmán para salirse de esta, por lo que se infiere que además reclama indulgencia.

La invocación del economista a las fluctuaciones del PBI no hace más que denotar una debilidad de toda la estructura económica argentina: la volatilidad de todo el sistema. Con las patronales reclamando un paquete de medidas antiobreras y confiscatorias (devaluación, lineración de tarifas y precios, reforma laboral, desmantelamiento del sistema jubilatorio, etc.) que no harán más que agravar más la crisis social actual.

La salida a esta crisis no demanda el patrocinio de un “ajustador progresista”, sino del rechazo al acuerdo con el FMI y el no pago de la deuda externa, como principio para discutir un plan económico sobre nuevas bases sociales.

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