Políticas

29/5/2003

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El “modelo Kirchner”

Dos grandes grupos capitalistas encabezan el pelotón de los adoradores del “hare-Kirchner”, según la ironía propalada por un programa radial. El primero es el de los gigantes petroleros. “Tenemos una buena relación con él”, declaró tempranamente el vicepresidente de Repsol – Rodolfo Blanco – , desestimando cualquier “inquietud” por el ataque del santacruceño a las “corporaciones”: “Conoce el sector y esto será muy positivo”, agregó (La Nación, 15/5). No es poco, viniendo de un capo de la mayor corporación capitalista del país. En la misma línea se ubicó Oscar Vicente, hombre de Perez Companc, “que comprada por Petrobrás, y con campos de hidrocarburos y negocios en el área minera de Santa Cruz (Cronista, 14/5).


Kirchner, puntualmente, ha vivido de las regalías de la petrocracia y de las privatizaciones. Pero la dependencia del petróleo es un pagaré con vencimiento fijo: “Cuando se termine el petróleo, la provincia va a ser una enorme Sierra Grande”, según el presidente de la cámara patronal del Comercio y la Industria, en alusión al derrumbe provocado por el cierre de la mina de hierro rionegrina en los años ‘90. El “modelo productivo” del ahijado de Duhalde es pura ficción.


 


Obra pública


No obstante, Kirchner se ha identificado como “keynesiano”, lo que la prensa ha asociado a la “prioridad” que le asignaría a la “obra pública”. Esto le granjeó el apoyo de un segundo lobby capitalista, el de la Cámara de la Construcción. La semana pasada, Lavagna concurrió a la sede de los patrones del ladrillo y se comprometió con el llamado “Plan Posible” presentado por la propia Cámara, que se apoya en fondos ya existentes en el presupuesto, en créditos otorgados y no desembolsados del BID y en recursos de las Afjp. Esto último está en veremos, pero en cualquier caso la nota de color es que en la formulación de este plan se destacó Carlos Melconián, el candidato de Menem al puesto de Lavagna. El plan, entonces, es keynesiano… menemista.


En realidad, el 75% de los fondos para obras públicas que figuran en el presupuesto nacional consisten en transferencias a las provincias, las cuales han sido autorizadas a desviar esos recursos a gastos corrientes. Algo parecido se plantea con los dólares del BID que ingresan nominalmente para alguna obra y se utilizan… para pagar la deuda externa. El famoso plan de obras no es más que una estafa.


 


Derrumbe


La cuestión de la obra pública es más que un “blooper”. En el 2002 la inversión nacional y provincial sólo fue un 10 por ciento de la necesaria para mantener el stock de equipamiento público. Según registra Julio Nudler en Página/12, este año, la inversión debería multiplicar por cinco lo presupuestado, simplemente para frenar el enorme deterioro del capital público “sino catástrofes como la de Santa Fe pueden ocurrir en cualquier momento” (17/5).


Pero el primer punto de la agenda de Kirchner es garantizar el “superávit fiscal” acordado con el FMI para pagar a los usureros por eso Lavagna planteó el recurso; a la inversión directa externa, algo que es una pura expresión de deseos.


Kirchner tiene en común con Lord Keynes la devaluación de la moneda, en el caso del inglés para defender a la decadente burguesía británica contra sus competidores yanquis, en lo cual fracasó.