Políticas

31/3/2011|1170

El “modelo productivo” es un vientre de alquiler

Los bancos lograron mantener el invicto y, como viene siendo una constante de los últimos tiempos, cerraron 2010 liderando el ranking de sectores económicos con mayores ganancias”. Es lo que revela La Nación (28/3), a partir de las informaciones de la Bolsa de Comercio. Nada mal para un ‘modelo productivo’ y para un gobierno que remachaca su reivindicación de la ‘economía real’, real, real. “Los bancos siguen siendo el sector estrella”, se enorgulleció un ‘manager’ de Banco Puente.

Los bancos, de todos modos, podrían cumplir un papel ‘productivo’ si financiaran las inversiones que necesita la industria; en este caso, se apropiarían de una parte de la plusvalía que deriva de la producción capitalista. Pero uno de los factores más importantes que explica estas ganancias ha sido la valorización de los títulos públicos, donde los banqueros invirtieron la mayor parte de lo que han recaudado por distintos conceptos. Se trata de una ganancia netamente parasitaria, que resulta de la ‘inversión’ en valores ficticios -ya que la deuda del Estado no es un capital ni tampoco la representación de un capital, que el Estado no posee. El patrimonio público es negativo; el valor de los títulos descuenta de los ingresos futuros del Estado.

El otro rubro que generó ganancias para los bancos fueron los “préstamos personales, prendarios y la financiación con tarjeta”, o sea los que gravan, con deuda, los salarios y los ingresos futuros de los consumidores. Las tasas de interés de estos préstamos son francamente usurarias, más allá de los sobreprecios que carga la cadena comercial. Los bancos revenden estas carteras de préstamos en el mercado de capitales, lo cual acelera el giro de su capacidad prestable y sus beneficios. Como el salario no produce plusvalor (lo hace la fuerza de trabajo y lo acapara el capitalista), la deuda que contrae el consumidor opera como una confiscación de sus ingresos futuros. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, cuando el ahorro de los trabajadores para gastos futuros formaba parte de la cuantía del salario, la deuda no es recuperada en la actualidad, porque el poder adquisitivo del salario disminuye, al menos de un modo general. El dinero de estos beneficios acaba engrosando las cuentas de los bancos o de sus accionistas en el exterior, para disponer de una variedad de posibilidades especulativas.

Los otros grandes ganadores han sido las empresas de alimentos, pero en especial aquellas que exportan y las que producen biocombustibles, que también son exportados. En este caso, el alimento es convertido en combustible, lo cual encarece los alimentos; además son subsidiados por el Estado, o sea que lo pagan los consumidores que deben pagar el IVA, el impuesto de mayor recaudación.

El ‘modelo productivo’ es, entonces, una de las principales estafas ideológicas del kirchnerismo, cuya característica principal -que heredó del gobierno de Duhalde- ha sido rescatar el régimen de privatizaciones menemistas de la bancarrota de 2001, a fuerza de subsidios. El agotamiento de este recurso explica la reciente liberación de los precios de la nafta y la coincidencia con la oposición en la necesidad de aumentar “en forma gradual” las tarifas de servicios. Hay que advertir, sin embargo, que el aumento del precio de la nafta implica un aumento considerable de la recaudación del impuesto a los combustibles.

Mirado de conjunto, el régimen económico nacional es lo contrario de lo productivo, porque en lo esencial se trata de un sistema de armado de componentes que son producidos en el exterior. Hay un progresivo vaciamiento tecnológico relativo. La industria automotriz, la de mejor performance bajo los K, no tiene ningún diseño nacional y las partes internas no pasan del 20% del producto final. Algo similar ocurre en la agroindustria: Argentina pone la tierra y la fuerza de trabajo: los agroquímicos, los transgénicos, los tractores, cosechadoras, etc., son en su mayoría productos de importación, en tanto que los capitales aplicados al agro están formados por fideicomisos cuyo capital es reunido en los mercados financieros.

Este cuadro económico resume el colosal fracaso de la burguesía nativa y su gobierno nacionalista para industrializar al país.