14/08/2003 | 813

El movimiento de desocupados jaquea al «adolfismo»

Antes de que el «Adolfo» fuera nuevamente fotografiado, esta vez en una playa griega, y que la Iglesia enfrentada a la «familia» armara un incidente de esos que poco la molestan, la capital provincial había sido sacudida el viernes 27 de junio por una movilización impresionante del movimiento de desocupados. Casi dos mil compañeros marcharon desde la sede del Banex en el Club Juventud, hasta la Casa de Gobierno, en el centro de la ciudad. Reclamaban por sus cheques no girados por el gobierno en pago de su trabajo de «pasantes», y exigían que bajara el gobernador, el «hermano». La multitud quería ingresar a la Casa de Gobierno, y no faltaron los piedrazos. Minutos después, aparecieron el vocero gubernamental, Trombetta, y la ministra de Trabajo, Mobellano. Un grupo de representantes electos allí reclamó el pago inmediato. Así, los funcionarios tuvieron que «marchar» junto a los desocupados las 20 cuadras hasta la sede bancaria y esperar la llegada del camión recaudador. Sólo cuando comenzó el pago fueron «liberados».

 

Una semana antes, en la conmemoración del 20 de junio, el «hermano» tuvo que bancarse el griterío de cientos de compañeros que le espetaban: «Si el trabajo es por 8 horas, el salario debe ser de 450 pesos, el salario mínimo, vital y móvil provincial» (no los 300 pesos que se les paga). Días después, las pasantías (25.000) fueron reducidas a 7 horas.

 

En la actualidad, se está poniendo en pie un cuerpo de delegados en cada una de las cuadrillas que limpian el lecho del Río Seco a lo largo de la ciudad. La situación de los desocupados es explosiva: con bajas temperaturas, sin ropa de trabajo ni herramientas adecuadas, son obligados a trabajar bajo un régimen inhumano, desmalezando y levantando con sus manos residuos que hace añares se encuentran depositados. Quien falta o llega tarde es amenazado con quedarse sin su «pasantía»; las compañeras embarazadas son obligadas a trabajar bajo un régimen idéntico al anterior, hasta 45 días antes del parto. No existen baños ni comedores, las necesidades se hacen en letrinas improvisadas bajo un plástico, y cada uno debe llevarse su vianda para sobrevivir.

 

Las pasantías gozan de una remuneración doble que el plan nacional, más ART y Obra Social; y el gobierno pretende transformarlas en un régimen permanente de subsidio a la contratación de personal en la actividad privada. Pero, aunque el empleo nuevo sería subsidiado en dos terceras partes por el Estado, los «inversores» no aparecen. Por esto, el gobierno ahora se ha lanzado al reemplazo de los contratados del Estado (despedidos en su inmensa mayoría) para transformar a una parte en «vigías» al estilo Roussellot, dotados de una linterna, un machete y un silbato. Es decir que es un plan dirigido a un abaratamiento generalizado del salario medio provincial y al «disciplinamiento» de los explotados. Por otro lado, la pasantía es un subsidio directo a una serie de pulpos provinciales: se cobra mediante «cheques» de uso exclusivo en ciertas cadenas y es distribuido a través del Banex, un banco cuasi-oficial, del que los Saá son accionistas, tras «privatizar» el ex-Banco de San Luis. Las pasantías benefician por igual a cualquier desocupado, sin importar si tiene familiares cobrando o hijos.

 

El clan de los Saá tiene el propósito de quebrar una creciente oposición legislativa y de la Intendencia de la ciudad capital, escindida del PJ. Esa oposición, sin embargo, se ha cuidado muy bien de vincularse a la movilización piquetera de los desocupados. A lo sumo levanta la voz contra el proyecto de los «vigías».

 

Mientras la oposición trucha cree que llega su hora, el «adolfismo» vinculado ahora al menemismo moribundo, se ha lanzado a una demagogia sin precedentes para birlarle la Intendencia al opositor Ponce en las próximas elecciones. El movimiento en desarrollo entre los pasantes se alimenta también en la desconfianza y el temor de que después de octubre el plan provincial «privilegiado» sea desmantelado.

 

El movimiento de desocupados ha madurado mucho desde su surgimiento un año atrás. Cuando un sector minoritario opuesto a identificarse con la ANT insinuó llevar al Mtd detrás de la oposición trucha, una mayoría orientada por militantes del Polo Obrero se opuso. El Mtd ha pasado a ser ahora el Polo.

 

Ahora, apoyándose en el Polo Obrero, el Partido Obrero provincial intenta contra reloj alcanzar su personería e intervenir en las próximas elecciones, transformándose en la oposición política consecuente que reclama la clase obrera ocupada y desocupada de San Luis.