14/06/2007 | 996

El MST, disolución vergonzante

En las recientes elecciones de Capital, el MST ha apelado una vez más a una vieja práctica de aquellas corrientes políticas que se hallan en su etapa de definición final de disolución.


Todos los esfuerzos por alcanzar una "revitalización" pública (ante las sucesivas crisis que arrastra desde su nacimiento), fracasados todos los intentos de componenda oportunista con el PC, encontró en las figuras de los "extrapartidarios" (en verdad, personas ajenas a toda construcción revolucionaria) la manera oportuna de presentarse frente al electorado de manera “seductora”. El MST prefiere ignorar que los partidos que no renuncian a su programa y su estrategia no seducen a las masas, sino que las conquistan para su política y su construcción histórica como herramienta para alcanzar el poder. Como sea, y aclarando bien que no soy militante del Partido Obrero, hemos asistido, una vez más, y la más clara de todas, al modo más patético con que una corriente política que presume de revolucionaria se esconde detrás de personajes “potables” y marcha detrás de ellos para subsistir en un escenario político para el cual confiesa no tener luchadores capaces y afirmados por la historia de la lucha de clases para exibir como opción ante la política burguesa y los luchadores.


Se avergüenza de sí mismo, se esconde de las masas, se pavonea de ese rol, se ha disuelto en su propia impotencia y se asume vergonzante.

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