29/06/2006 | 952

«El mundo no empezó en el 4004 antes de Cristo», de Pablo Rieznik

Marx, Darwin y la ciencia moderna
Por F.K.

El vínculo entre Karl Marx y Charles Darwin, marxismo y darwinismo, ciencias sociales y ciencias naturales, excede con creces las coincidencias de vida —triviales y no tanto— de estos dos monstruos intelectuales: ambos tuvieron una gran prole (Marx siete hijos; Darwin, diez) y ambos sufrieron acuciantes dolores físicos (Marx vivió con problemas en los pulmones, vómitos y molestos forúnculos; y Darwin, vómitos, insomnio y palpitaciones). La estrechez de su relación fue más allá, atravesó su contemporaneidad y se plasmó también en una (nueva) forma de indagar el mundo. Como resalta Pablo Rieznik (profesor de Economía de la UBA e investigador del Instituto Gino Germani de esa universidad) en El mundo no empezó en el 4004 antes de Cristo (Editorial Biblos, 2006), ambos vieron con nuevos ojos el mundo (y lo entendieron) para luego revolucionarlo: Darwin marcó a fuego las ciencias naturales; Marx, la historia social.


 


Así planteados, los cruces entre ambos intelectuales (no tanto en cercanía física sino más bien intersecciones de respeto mutuo: Marx incluso consideró al biólogo “el fundamento histórico natural” de sus propias ideas) son demasiado ricos e interesantes como para escapar a un análisis profundo como el que presenta Rieznik, quien aprovecha acertadamente la ocasión para pensar el presente escarbando en el pasado y, de paso, martillar la supuesta muralla que se levanta entre las ciencias sociales y las ciencias naturales.


 


Tomando como punto de partida el seminario “Marxismo y ciencia: un vínculo indisoluble”, que tuvo lugar en las facultades de Ciencias Sociales y Filosofía y Letras de la UBA, Rieznik traza con astucia —muy al estilo del filósofo australiano Peter Singer en Una izquierda darwiniana— un recorrido de lectura en el que se acoplan aceitadamente ideas clave en el pensamiento moderno occidental como evolución, relaciones de producción, revolución, fuerzas productivas y ciencia laica.


 


Y no se queda ahí. Además de especificar y explicar las conexiones históricas entre darwinismo y marxismo, Rieznik hace un salto al presente e inspecciona los vínculos que gobiernan la dinámica ciencia, desarrollo y políticas científicas, sin antes dejar escapar la ocasión para inspeccionar con ojo clínico las bases económicas sobre las que se levanta el Proyecto Genoma Humano, iniciativa que abunda en loas y carece de filosas críticas constructivas.