20/05/1994 | 419

El “obrerazo” vino para quedarse

El “obrerazo” de los trabajadores mecánicos de la semana pasada inaugura una nueva etapa en el movimiento obrero, pues responde a una crisis de fondo de las relaciones económicas y laborales inauguradas con el plan Cavallo.


Desde abril de 1991 la situación de los obreros de la industria automotriz estuvo enteramente subordinada a la aplicación del llamado “régi­men» de esa industria. Como es conocido, las patronales automotrices recibieron del gobierno el beneficio de una elevada protección aduanera contra la competencia extranjera y una excepcio­nal rebaja de impuestos, que fue lo que dio lugar al notable “boom” de la producción de automoto­res, A cambio de la firma de este ‘’régimen”, la burocracia del Smata renunció a los convenios colectivos de trabajo y aceptó el llamado “acuer­do tripartito”, que fijaba metas de producción y un reducido y acotado aumento salarial, pero que, por sobre todas las cosas, otorgaba a las patrona­les la posibilidad de incrementar los ritmos de producción y contratar a trabajadores tempora­rios. Los obreros mecánicos pasaron así a traba­jar jornadas de doce horas y a sufrir la competen­cia del personal precario. El sobre de la quincena se engrosaba, en consecuencia, por el esfuerzo agotador que realizaba la fuerza de trabajo. Las patronales, en cambio, se quedaron con los más altos beneficios industriales en muchísimo tiempo.


Esta situación ha entrado ahora en crisis, y Cavallo ha mandado a mejor vida el régimen de los acuerdos tripartitos y, posiblemente, a todo el ‘^régimen » automotor. Las razones para ello es que la industria no ha compensado, ni piensa hacerlo, las importaciones que realizó hasta aho­ra con las exportaciones a las que estaba obligada. Por otro lado, una fuerte presión capitalista está exigiendo que los Macri (Sevel) y los Antelo (Renault) abran sus capitales accionarios a la espe­culación bursátil, so pena de enfrentarse a una severa reducción de la protección aduanera y a una inundación de importaciones. Sin una profundización del intercambio con Brasil, la pers­pectiva comercial del Mercosur queda virtual­mente anulada.


Durante los tres años de «vacas gordas” la burocracia del Smata aceptó migajas en concepto de salarios y, principalmente, la superexplota­ción de los obreros. Ahora se enfrenta con el hecho de que ese período se ha agotado, lo que significa la posibilidad de despidos masivos y el establecimiento del sistema de “reforma laboral” que se encuentra a discusión en el Congreso y que Rodríguez acaba de suscribir para los trabajadores de la futura planta de Generall Motors, La reducción de “horas extras» ya se ha hecho sentir en Sevel, lo que detonó el explosivo paro y la semiocupación de hace diez días.


La burocracia de Rodríguez está encarando la situación desde el punto de vista de “la defensa de la industria nacional”, es decir que preten­de el retomo al acuerdo tripartito, o sea a los superbeneficios para la patronal y el mantenimiento del régimen de superexplota­ción obrera. El problema es que no existe posibilidad de retomo. Por este motivo, estamos en presencia de una crisis de fondo, de la que el “obrerazo99 es un primer síntoma, apenas. Se ave­cina un período de despidos, de sustitu­ción de permanentes por contratados y de intento de imponer la “reforma laboral99 por la vía de los hechos.


La burocracia del Smata ha respon­dido al fin del acuerdo tripartito con el reclamo de una negociación del conve­nio y de los salarios por empresa, lo cual significa atomizar al gTemio y adaptar­se al planteo de discutir “cada caso por separado», no sólo por empresa sino incluso dentro de ellas. La burocra­cia no ha definido tampoco cuál es la reivindicación salarial, ni mucho me­nos ha consultado a los trabajadores a este respecto. Va derecho, entonces, a un callejón sin salida. En la manga, se guarda la posibilidad de ofrecer a las patronales el mismo régimen que acaba de pactar con General Motors a cambio de salarios que oscilan entre los 400 y 800 pesos.


Vamos, por lo tanto, a un gran en­frentamiento industrial; nadie puede engañarse con relación a esto. La lucha que se avecina hay que librarla en con­junto, no por empresa; Sevel, que es de la UOM, tiene que participar de un plan de lucha único. El camino para esto es la asamblea general y el petitorio único. Lo esencial de este petitorio es rechazar la “reforma laboral99, incorporar a los contratados al plantel permanente y plantear un salario que, como mínimo, debe ser igual al costo de la canasta familiar.


Pero más allá de esto, está la cues­tión de la “reforma laboral” que está a votación en el Congreso, a la espera del acuerdo con la burocracia de la CGT o de un decretazo de Menem. José Ro­dríguez “amenazó” con un paro gene­ral si era aprobada, pero, en principio, esto no es más que una bravuconada, ya que si se quiere parar la ley, el paro general debe ser ahora, para que el proyecto sea retirado del parlamento.


El repudio masivo a la “jubilación privada” ofrece una gran oportunidad para el éxito de un paro general. Lo mismo ocurre con la marcha federal que se está organizando.

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