13/06/2002 | 758

El partido que importa se juega en la Argentina

Apenas una decena de horas antes del partido con Suecia, centenares de trabajadores, incluidos numerosos niños y mujeres, eran desalojados brutalmente del asentamiento Soledad, en Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora. Las topadoras arrasaron no solamente con el chaperío sino también con viviendas de ladrillos esforzadamente construidas.


Como ocurre cada vez con mayor frecuencia, los activistas del Polo Obrero estaban codo a codo con los desalojados. Los abogados del Polo fueron a parar a la cárcel.


Esta represión ocurría en un país cuyas autoridades reconocen que más de la mitad de sus habitantes revisten en la categoría de «pobres»; catorce millones de personas están incluso por debajo de este nivel.


No era necesaria, entonces, una derrota en el Mundial para disipar el artificial clima de unidad nacional que se esforzaron en crear el gobierno, los «sponsors» de la Selección, el capital de los medios y el populismo pequeño burgués.


La Argentina no es una sino por lo menos dos. Ellos o nosotros. El partido fundamental se juega aquí. Es aquí donde importa ganar. El director técnico para esta victoria debe ser la fuerza organizada independiente de los explotados. Debe ser el desarrollo del movimiento piquetero como movimiento de la clase obrera; debe ser la multiplicación y masificación de las Asambleas Populares; debe ser la unidad de los piquetes y cacerolas bajo la dirección política de la clase obrera.


La victoria se ha convertido para los trabajadores en una necesidad estratégica. Si el colapso capitalista de Argentina, que se va extendiendo sin prisa y sin pausa a toda América Latina, no tiene una salida obrera, lo que quiere decir revolucionaria, retrocederemos varios escalones en el nivel de vida y de civilización.


La proliferación de propuestas para que se renueven todos los mandatos gubernamentales, no es una prueba de la generosidad de los políticos acabados que representan los intereses capitalistas. Es un síntoma de que las ratas quieren despegarse del podrido régimen actual, para reciclarse en una versión diferente e incluso peor. Es una maniobra para evitar una rebelión popular, que prevé, si fracasa, dejarle el paso a un golpe antiobrero.


La crisis es hoy infinitamente más grave que el 19 y 20 de diciembre pasado.


Se agotan las reservas cambiarias, quiere decir que se acerca la hiperinflación.


Por su lado, el FMI no da tregua, exige un gobierno que imponga 400.000 despidos para bajar el gasto público y asegurar el dinero necesario para pagar la deuda externa. No le importa que la industria y el comercio ya hayan producido 300.000 cesantías desde principios de año.


El «contagio» argentino se extiende, lo que desembocará en crisis políticas y situaciones revolucionarias en varios países. No estamos solos; los que se están quedando solos son ellos.


Por eso es necesario preparar una nueva rebelión popular para que una Asamblea Constituyente gobierne en todos los niveles del país.


Participando del hospitalazo del próximo miércoles 19.


Participando del cacerolazo del próximo viernes 21.


Participando de la Asamblea convocada por el Bloque Piquetero, el Mijp y los sindicatos clasistas, el 22 y 23 de junio.


Participando del plan de lucha que decidirá la Asamblea.


Apoyando a las fábricas ocupadas, la expropiación de los patrones vaciadores y el control y la gestión obrera de la producción. Organizando una red única de fábricas que han pasado a manos de los trabajadores.


Es necesario un nuevo Argentinazo. El nacional-populismo que pretendió desdolarizar al país y gobernar por medio de Duhalde, se ha hundido sin remedio. La clase obrera tiene planteada la cuestión del poder.


Se está planteando ante nuestros ojos, como nunca antes en la historia, la perspectiva de una Federación de Estados Socialistas de América Latina.

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