20/12/2016

El penúltimo episodio de una crisis terminal

Editorial de Prensa Obrera del 8 de marzo de 2001


La renuncia de Machinea no es otra cosa que la manifestación del fracaso del blindaje y de toda la política diseñada por el FMI y el Tesoro norteamericano para hacer frente a la bancarrota argentina. Machinea se fue luego de haber aplicado a rajatablas el ajuste que le fue recomendado, no por haber sido remiso en ello. Sólo dos meses después de la firma del blindaje, la tasa de interés de la deuda externa argentina volvía al desaforado nivel del 14% anual; la producción industrial de enero caía otro 5%; el déficit fiscal se desbordaba, naturalmente, en más de 400 millones de dólares. El jueves 1, la Argentina se encontraba de nuevo en cesación de pagos. A nadie, sin embargo, se le ha ocurrido que es necesario acabar con la política del FMI; por el contrario, la designación de López Murphy es puro continuismo. El próximo estallido está, entonces, poco menos que cantado.


 


Lavadores a Economía


 


De cualquier manera, la imposición de López Murphy es también una respuesta a las denuncias de lavado de dólares por parte de los bancos y a las denuncias contra el Banco Central. López Murphy, que como presidente de la Fundación Fiel, es un hombre de la Asociación de Bancos; llega a Economía como garantía de que las investigaciones no van a poner en riesgo los capitales y pellejos de los banqueros. Precisamente cuando la "Lilita" Carrió aparecía más convencida que nunca de que el "Estado mafioso" sería barrido de la faz de estas tierras, su gobierno aliancista puso al frente a un custodio de esos intereses. López Murphy ha sido recompensado con este nuevo puesto a pesar de haber declarado que renunciaría a continuar en el gobierno si Pedro Pou era expulsado del Banco Central por complicidad con el lavado de dinero y otras operaciones ilegales en beneficio de bancos ligados al Citibank.


 


Es indudable también que el cambio ministerial tiene que ver con el peligro que las denuncias de lavado y la inminencia de una nueva cesación de pagos representaban para la convertibilidad.


 


Machinea dio a entender que había presentado la renuncia porque sabía que se estaba preparando una corrida contra el peso. En ese caso es probable que hubiera preferido la devaluación a la dolarización; con López Murphy ocurriría lo contrario. De todos modos, está claro que en la democracia que supimos conseguir, a los ministros los voltean y designan los bancos, ni siquiera lo hace el Presidente. La Argentina ha vuelto a vivir así su cuota regular de golpes de Estado. Con la yapa, en esta ocasión, de que la mayoría de los funcionarios designados ya revistaron como tales bajo el gobierno de Galtieri.


 


Ni gobierno de la Alianza, ni gobierno presidencial


 


Desde el punto de vista político, la designación de López Murphy significa la virtual liquidación de la Alianza como coalición de gobierno. A diferencia de Machinea, el nuevo ministro no piensa tener en cuenta lo que digan Alfonsín o Chacho Alvarez. Al revés, al menos por un tiempo serán éstos los que tendrán que acatar al primero. Pero López Murphy no es tampoco un ministro presidencial, en el sentido de que represente una concentración del poder en De la Rúa. El gobierno es ahora un amasijo incoherente, lo cual queda todavía más en evidencia con las tratativas para incorporar a Cavallo. El gobierno que fue votado en octubre del ‘99 es una virtual ruina; la perspectiva de recomponerlo a la luz de los resultados de las próximas elecciones parlamentarias depende del ritmo con que se agudice la crisis. Desde la tropa de Cavallo se está hablando de un gobierno de "unión nacional", o sea de una coalición entre la Alianza y el PJ encabezada por Cavallo. Esta variante ayudaría por supuesto a clarificar las cosas, porque metería a todos los falsos opositores definitivamente en el mismo barco. Este tipo de alternativas demuestra que estamos ante el colapso del régimen político y de la política económica de toda la última década.


 


La mano de los yanquis


 


Dentro de la confusión muy natural de todos estos acontecimientos no debe dejarse de lado el hecho de que López Murphy ha sido visto por la diplomacia internacional como un representante de los sectores patronales que privilegian un acuerdo de libre comercio con el gobierno de Bush, aun si esto significara el fin del Mercosur. No es casual que la UIA y las automotrices europeas no se hayan mostrado entusiasmadas con el nuevo ministro. Mientras López Murphy insiste en la paridad del peso con el dólar, los secuaces de Cavallo han reflotado el propósito de atar el peso a una canasta de monedas, entre las que entraría el real brasileño. Esto implicaría una devaluación.


 


Es claro, a partir de estos datos, que el gobierno está partido también por una crisis de alcance internacional.


 


La crisis de gobierno se ha llevado consigo también al tándem del grupo Techint, o sea Machinea-Tizado, lo cual replanteará la lucha entablada entre la siderurgia y la industria automotriz.


 


Una cuestión de poder


 


Todos los sectores patronales intervienen en la crisis de gobierno con completo desparpajo, asumiendo con toda naturalidad el derecho que les da ser la clase dominante y explotadora. Pero los que sufriremos las consecuencias de la crisis seremos, por sobre todo, los explotados. Cuando se presenta una crisis política de fondo, no es posible continuar luchando por las reivindicaciones sin tener en cuenta esta crisis, es decir sin establecer una posición política frente a ella. Ignorar la crisis es pelear en el vacío. La crisis política no disminuye o atenúa la dependencia del gobierno de la Alianza respecto a los explotadores; la acentúa.


 


Esta situación reactualiza, entonces, con mayor fuerza el planteo del Partido Obrero: que se vaya  De la Rúa y se convoque a una Asamblea Constituyente libre y soberana. El régimen político está en plena descomposición, no tiene capacidad de gobierno; la podredumbre institucional es completa, desde el Senado al Banco Central. Ante esto, los trabajadores tenemos que abrirle una salida al resto de la sociedad, en oposición a los planes de recambio que tejen los capitalistas y aun el gobierno norteamericano. El gobierno votado en el ‘99 no existe más; la voluntad popular está burlada; López Murphy representa nuevas agresiones; el régimen como un todo no tiene capacidad de salida. El Partido Obrero plantea: fuera el gobierno incapaz, en descomposición, sin mandato y antiobrero; que se transfiera el poder a una Asamblea Constituyente.


 


Esta perspectiva le daría un carácter concreto a las luchas: contra la reforma laboral, por un salario mínimo de 600 pesos, por el subsidio de 500 pesos a los desocupados, por la ruptura con el FMI.


 


Le daría un carácter concreto a un paro general y a una huelga general indefinida para imponer las reivindicaciones.


 


Este régimen político y social se tomó más de una década para desarrollar una experiencia que concluye en el completo agotamiento.

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