30/03/2000 | 660

El peronismo con el enemigo Nº 1 de los trabajadores

Con el anuncio, por parte de Menem, de que el PJ apoyará a Cavallo en la segunda vuelta electoral, se completa el masivo apoyo de la cúpula peronista al principal enemigo de los trabajadores de la última década. Los Duhalde, Ruckauf y Reutemann ya habían resuelto antes apoyarlo de entrada, sin más vueltas. Pero existen incluso indicios de que el propio Menem decidiría en poco tiempo más el apoyo a Cavallo en el primer turno.


La mayoría de los comentaristas reduce la explicación de este apoyo a una maniobra política, que tendría por objetivo disimular la crisis del peronismo de la Capital y su seguro desastre electoral. Pero es mucho más que esto; se trata de un reconocimiento extremo de la completa extinción de la vigencia del peronismo como movimiento nacional. Los trabajadores que no acepten votar a este verdugo harán más que adoptar una correcta decisión electoral: estarán reconociendo la necesidad de poner en pie un movimiento popular que supere al peronismo, o sea la necesidad de una dirección política de la clase obrera.


A partir de 1989, el peronismo justificó la política de entrega del menemismo como un recurso extremo, es decir temporario, para evitar la disolución nacional que, decía, amenazaba con provocar la hiperinflación alfonsinista. Detrás de Menem se alineó toda la burguesía nacional, que también justificó como un recurso extremo y temporario para su propia salvación, aceptar la extranjerización de los principales resortes económicos. Una gran parte de las masas fue arrastrada por este condicionamiento, como consecuencia de la capacidad del menemismo para articular su salida. Diez años más tarde, sin embargo, el peronismo no retorna a su llamado programa histórico. Al igual que la propia burguesía nacional, está más sometido que nunca a la política entreguista. Nada lo demuestra mejor que Duhalde, que en menos de un año pasó de proponer el no pago de la deuda externa a defender fanáticamente el apoyo a Cavallo. Pero oscilaciones políticas como las de Duhalde expresan además la crisis en que se encuentra toda la política capitalista después de diez años de menemismo.


Para suplementar el apoyo del peronismo, Cavallo recurre a la demagogia social, como cuando habla de bajar los impuestos, hacer desarrollismo económico y establecer un gobierno fuerte que asegure la seguridad policial. Entre el apoyo de los punteros peronistas, el auxilio del clero que está con Beliz y la demagogia descarada, Cavallo busca lograr atraer una gran parte del voto tradicional al peronismo. Lo ayuda en esto la marcada ineptitud del binomio aliancista y la política anti-popular de De la Rúa.


El Partido Obrero se ha dado como un eje la denuncia del cavallo-peronismo y la tarea de desbaratar cada uno de sus planteos demagógicos. La denuncia de Cavallo como enemigo de los trabajadores apunta a mucho más que a la conquista del voto obrero; apunta a luchar por ese voto en términos clasistas. Sólo la conciencia de que existe un abismo infranqueable entre las reivindicaciones de las masas y la política de los candidatos capitalistas puede abrir un camino de organización y de lucha, que es el único verdadero cimiento de la victoria. 

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